Miércoles 22 de septiembre, 20:00 horas.
Auditorio de Oviedo: retransmisión en directo de
L'incoronazione di Poppea (Claudio Monteverdi), desde el
Teatro Campoamor,
LXIII temporada de la Ópera de Oviedo. Cuarta y última función del primer título de este ciclo.
No son horas de ponerse a escribir y menos cuando hay que madrugar al día siguiente, pero me gusta escribir "en caliente y lo visto-escuchado en pantalla gigante no puedo dejarlo para mañana.
Quiero comenzar repitiendo mi idea primordial:
la música puede con todo. De esta función se ha escrito mucho y bien ya desde antes del estreno, evidentemente con opiniones de todo tipo (algunas las suscribo casi al 100%) y que dejaré para el final de la entrada por si álguien desea leerlas, puesto que refleja la importancia de la ópera en Oviedo y todo lo que ella mueve.
Este miércoles me acerqué hasta el Auditorio (nuestro
presidente asturiano asistió a la tercera función en el Teatro) sabiendo que iba a una ópera televisada, lo que también condiciona todo el comentario, y preparado para casi cuatro horas de
música barroca.

Es un orgullo contar con una parte musical equilibrada y que supo estar a la altura de una obra tan enrevesada como
la de Monteverdi, basada además en hechos históricos.
Forma Antiqva en formación especial para esta ocasión y dirigida por
Kenneth Weiss aportó una parte instrumental cuyo "orgánico" dejaba claro
Aarón Zapico en el excelente programa de mano. La utilización de instrumentos copias de los originales y con un diapasón-afinación a 440Hz. (
como explicaba el mayor de los Zapico a Aurelio M. Seco en "Codalario") así como una sabia elección del elenco vocal tenían que conseguir el pleno, destacando la
Popea de una
Sabina Puértolas excelente (en todos los sentidos),
Ottavia de
Christianne Stotijn y la
Drusila de
Elena de la Merced por encima del
Séneca de
Felipe Bou, la
Aralta del gran
José Manuel Zapata o el
Ottone de
Xabier Sábata o el
Nerone de
Max Emanuel Cencic, repitiendo que las voces estuvieron en conjunto bien todas, sin olvidarme a la asturiana
Maria José Suárez como
Fortuna,
Venus y
Palas. Como apuntó algún crítico, funcionó el bloque, pero personalmente sólo el musical, pues la escena da para largo y muchos de los críticos lo han reflejado: ...
falta de identidad entre lo que cuenta la historia original y la manera que tuvo de plasmarse resultaron incompatibles... (
Aurelio M. Seco), ...
resulta inapropiada para una escenografía barroca en la que se busca sorpresas, reflejos y contrastes ... (
Ramón G. Avello) y más que pueden leer en los enlaces del final.

Quiero comenzar destacando mi admiración por las
obras de
nuestra arquitecto y
diseñadora ovetense, afincada en
Milán,
Patricia Urquiola, que debutaba como escenógrafa de la mano de otro carbayón de larga trayectoria,
Emilio Sagi en la dirección de escena y el vestuario de
Pepa Ojanguren. Todos ellos por separado son artistas de categoría, de hecho el mobiliario que se puso sobre el escenario es digno de cualquier museo
danés de diseño (otras obras suyas ya lo están), pero unidos en una acción
situada en la Roma del año 55 con personajes históricos me hacía perderme continuamente: ropa impactante para las damas (en especial
Sabina Poppea), recuerdos pop con toques de
"Pasarela Cibeles", unido al
disfraz de
Paco Martínez Soria en "La Tía de Carlos" (que rememoraba uno de los críticos) del bueno de
Zapata,
toquilla y vestido "abuela años 50", más cierto
look homo para los caballeros (rasurados en cabeza tres de ellos) con predominio de chalecos y guante en mano derecha muy "duro", todo ello para ¿intentar actualizar a nuestro tiempo? la acción escrita por
Giovanni Francesco Busenello basada en los
Anales de Tácito y musicada por
Don Claudio.
Pero
Robert Carsen sólo hay uno (también con
"su visión actual" de
esta ópera) y lo que finalmente resultó me quedó como si tuviese excelentes ingredientes para una crema de calabacín, unos mejillones en escabeche y un tocinillo de cielo, separado todo muy rico pero todo mezclado en la
Termomix© forma una
"deconstrucción" que servida en poca cantidad sobre plato grande, cuadrado y a ser posible negro conuna cereza confitada en aromas de sidra "coronando" nos da una mala imitación de
Ferrán Adrià por muchos nombres que le pongamos, tal cual
"DEconSTRUCCIÓN de POP-pea". Si además lo vemos en pantalla gigante con una iluminación no prevista para primeros planos, una realización deficiente que ni evitaba brazos tapando caras ni objetos colgantes que daban sombras no deseadas, así como planos americanos que dejaban fuera de escena la visión global del escenario, sumado a los micrófonos recogiendo amplificados (y a veces desvirtuados los planos sonoros) ruidos no previstos como tirar los zapatos, taconear, crujir de asientos... el resultado GLOBAL resultó
GRATIS y con hambre, aunque la gente comentaba "¡qué guapo!" independientemente de que se enterasen del argumento (mejor los subtítulos en la pantalla que encima del escenario del Campoamor), supongo que cenarían al llegar a sus casas o hicieron merienda copiosa antes de las 8 de la tarde.
Buscar la atemporalidad y además original, para una obra es tarea dura. Hay mucho cine futurista y cada uno se lo puede imaginar como quiera, y por pedir, el argumento de
Romeo y Julieta será eterno pero con
distintas músicas, tipo
"West Side Story", pero a nadie se le ocurriría (aunque nunca se sabe) ambientarlo en
"El Imperio Contraataca" por decir algo con mucho triunfo amoroso, intrigas yedai y excelente música de
John Williams.
Y como lo importante para mí sigue siendo
LA MÚSICA, se puede utilizar la de Monteverdi con cualquier imagen pero de fondo que las subraye y no al revés. Vamos que
la Emperatriz de la Roma del siglo XXI ¡NO EXISTE! y por divagar, sólo faltaría convertirla en
Belén Esteban transmutada en Princesa del Pueblo con
Berlusconi de Nerón y emitido por
Tele5. ¡qué horror!
En fín, mejor cerrar los ojos y abrirlos en momentos puntuales como ese final donde "la tele" me permitió descubrir la estructura de corona-jaula a base de sogas rojas (como las usadas en montañismo o espeleología) y no madera como pudiera parecer.
Aquí dejo una larga relación de algunas críticas y reseñas aparecidas en la prensa sobre esta representación: