21 de diciembre de 2013

El Mesías renacido

Viernes 20 de diciembre, 20:00 horas: Catedral de Oviedo, Concierto Extraordinario "Europa canta a la Navidad": El Mesías (G. F. Haendel). Ana Quintans (soprano), José Hernández-Pastor (contratenor), Andrew Tortise (tenor), Andreas Wolf (bajo barítono), Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (José Esteban García Miranda, maestro de coro), OSPA, Aarón Zapico (director).
"El Mesías de la Catedral de Oviedo" es una cita ineludible desde hace muchos años para los aficionados y público variopinto que siempre llena hasta los pasillos para arrancar musicalmente las vacaciones de Navidad. Pese a llegar con hora y cuarto de antelación mi ubicación hubo de ser lateral puesto que la nave central estaba reservada casi hasta la mitad para los invitados y autoridades habituales, lo que no me impediría disfrutar con otro "Mesías" siempre distinto cada año con dos protagonistas fijos, coro y orquesta (lógicamente con la plantilla adecuada para la obra), siendo solistas y director los que marcan diferencias.
Volvía el director asturiano Aarón Zapico al frente de la OSPA para hacer de este oratorio de Händel una nueva versión y visión fresca, luminosa, viva desde el conocimiento que de la música barroca tiene con su Forma Antiqva, haciendo del proyecto "mesiánico" una nueva formación incorporada a su ya larga lista de programas, donde no faltó el concertino Jorge Jiménez o sus hermanos Daniel (tiorba) y Pablo (archilaud) que se sumaron al continuo junto a la clavecinista y organista Silvia Márquez.
Los detalles marcan diferencias y la apuesta era arriesgada, incluso criticada por algunos que preferirían un Zapikov para encumbrarlo como referente de los "mesías catedralicios". El concepto barroco va unido al contraste en su amplia acepción, y así lo entendió el director asturiano: contrastes bien marcados en los tiempos, casi diría que extremos, en las dinámicas cercanas a los reguladores aún no datados pero sutiles para remarcar dramatismos casi teatrales, en las articulaciones (algunas de cosecha propia en el continuo) y especialmente en los silencios tan protagonistas y preparatorios de los compases siguientes, sin olvidar unos puntuales pizzicati que subrayaron protagonismo vocal.
Excelentes el bajo barítono alemán en cada aria y la soprano portuguesa con intervenciones solventes, seguras y siempre de una musicalidad única con un colorido vocal perfecto para estas obras, más allá del conocido Rejoice graetly o el dúo con el concertino en medio del pasillo del aria I know that my Redeemer... El tenor inglés no desentonó y cumplió sobradamente sus difíciles partes, con unos recitativos de auténtica escuela británica y arias bien sentidas. No puedo decir lo mismo del contratenor valenciano, que no parece estar en su mejor momento, opaco, sin apenas proyección, soso y desafinando por momentos, aunque con la soprano empastase bien, pero engullido por el acompañamiento... lástima que bajase tanto un muy buen nivel de solistas y me hiciese añorar al gran Carlos Mena del año pasado.
El coro tiene tan interiorizada esta obra que cada año se pliega a las exigencias de los distintos directores con auténtica profesionalidad y versatilidad. En la versión de Zapico optando por tiempos siempre ajustados y opuestos, los pasajes rápidos sonaron contundentes (a pesar de la siempre molesta reverberación de la catedral) con agilidades cómodas, frente a los lentos maduros de emisión perfecta y bien equilibrada con los instrumentos; sobresalientes los matices tan diferenciados, los pianísimos de recogimiento y los fortísimos potentes sin escandalizar, desde la contención siempre necesaria. A muchos sorprendió el conocido Hallelujahh (bisado al final y los solistas sumados al coro) en esta línea distinta y contrastante dinámicamente, y sobre todo el Amen que sonó dual, espiritual el primero y explosión final para una perfecta conclusión.
La orquesta reducida para estas ocasiones, con el  continuo y el comentado concertino habitual cuando Aarón Zapico dirige, un auténtico placer sonoro y técnico en cada sección, con unos timbales recogidos que nunca enturbiaron el ambiente sereno de sus intervenciones, la madera fundida con el continuo o doblando voces siempre en un plano de perfecto empaste y presencia, la cuerda con fraseos y ataques ideales para el barroco, al que siempre se debe volver, y la trompeta solista que nunca sonó tan perfecta no sólo de musicalidad sino de presencia en la catedral, todo llevado con la pasión y dominio del Maestro Zapico que con El Mesías ha realizado un auténtico doctorado en casa, auténtico renacer de una obra señera en la historia de la música.
Esperamos que en 2014 esta cita pase al Auditorio, incluso cobrando una pequeña entrada que evite públicos curiosos, a menudo maleducados, abandonando sin pudor ni rubor el recinto en medio de momentos casi espirituales rotos por taconeos o comentarios. Aunque creo que la Catedral volverá a recibir un Elías de Mendelssohn que también puede hacer historia en Asturias, pero eso será en las siguientes vacaciones, ahora tocan las navideñas.
FELICES FIESTAS
P. D.: Críticas en El Comercio y La Nueva España del sábado 21.

19 de diciembre de 2013

En trío gusta lo español

Miércoles 18 de diciembre, 19:45 horas. Teatro Filarmónica, Sociedad Filarmónica de Oviedo concierto 17 del año (Año 107, 1.899 de la sociedad). Trío Vipiace: Jorge Álvarez Lorduy (cello), Mariano Miguel Sánchez (piano), Sara Cuéllar Sarmiento (violín). Obras de Shostakovich, Turina y Fernández Arbós.
Bien entrado el siglo XXI todavía hay autores que al público ovetense, y no sólo el de cierta edad, les cuesta digerir pese a su cercanía cronológica, algo que se nota hasta por el tiempo que permanece sonando un móvil, decantándose por la llamada vena nacionalista, a veces demasiado folklórica, ciertamente agradecida pero nada que ver con el peso (también esfuerzo e interés en la escucha) de la obra que abría concierto o de la impresionante propina final que puso la música en su sitio tras una buena velada de un trío joven pero bien preparado.
Los tres solistas tienen ya una buena trayectoria por separado y unirse en trío, fórmula que siempre suele dar auténticas joyas, ya desde "su casa" del CONSMUPA, está dándoles buenos resultados y logrando además de premios una complicidad y buen hacer siempre necesario para hacer música juntos.
El Trío Vipiace interpretó en la primera parte el Trío nº 2 en mi menor, Op. 67 de Shostakovich, obra de 1944, con pasión, fervor, sentimiento, seriedad, entendimiento para cada uno de los cuatro movimientos que lo conforman, auténtica montaña rusa en estilos, referencias, dinámicas, cambios de ritmo, "Dimitri el maldito" rompedor desde la maestría compositiva que los músicos llevaron siempre a buen término. Llamado trío "elegíaco" en la más pura tradición pero con sonoridades inhabituales en el inicio del Andante con armónicos en el cello o el violín en octava grave para un tema difícil de seguir que evoluciona en el Moderato. El caleidoscopio siguió en el Allegro con brio de referencias a Beethoven desde la propia visión de Shostakovich que también tamiza el ritual litúrgico ortodoxo durante el Largo para alcanzar el Allegretto final en mi mayor más elaborado y "entendible" instrumentalmente cual danza macabra en una pugna de los tres instrumentistas para "defender" cada intervención virtuosa a solo, duo o concertando hasta la coda en Adagio que supone la reconciliación instrumental en un coral majestuoso. Partitura difícil bien interpretada y poco agradecida para la mayoría.
Lo español siempre tira en Oviedo, y si hay un lema "Sevilla tiene un color especial" hecho sintonía, la música seria la pone necesariamente Joaquín Turina. Solo compuso tres tríos, uno en 1904 fuera de catálogo, el primero que fue Premio Nacional de Música en 1926 con muchas referencias andalucistas, y este Trío nº 2 en si menor, op. 76, estrenado en 1933, auténtica banda sonora que casi transmite el olor del azahar o el calor del Parque María Luisa. Los tres músicos disfrutaron y contagiaron con esta obra de mucho oficio, clásica en estructura y con el "lenguaje turinesco" o andalucista de otras obras con este aroma personal, casi cinematográfico. Primer tiempo en forma sonata que abre Lento a modo de introducción antes de que las cuerdas y pronto el piano ataquen el Allegro molto moderato, aún sin andalucismos y más bien brahmsiano. Desarrollo ortodoxo como en el Molto vivace central, en compás de 5/8 sin acentuarse como zortzico, ya usado en otras obras por Turina, melodías cantadas en terceras por violín y chelo perfectamente empastados, más un piano siempre seguro. Cierra la obra un último tiempo sucesión de secciones: Lento-Andante mosso-Allegretto que recicla los materiales anteriores para un final realmente esperado. No es una obra maestra sino netamente académica pero el Trío Vipiace lo interpretaron con pulcritud, bien trabajada cada intervención para conseguir sonoridades ensambladas que sólo con muchos ensayos puede alcanzarse. Enhorabuena.
Y las "Tres piezas originales en estilo español" op. 1, escritas hacia 1884 por el excelente director de orquesta además de compositor Enrique Fernández Arbós no escondían nada, bien emparentadas con la obra anterior, frescas como el sonido del trío afincado en Asturias de procedencias geográficas nada "sospechosas" (Jorge pamplonica, Mariano palentino y Sara gigonesa) pero que entendieron perfectamente el sentido español de esta segunda parte, el andaluz de Turina y este tríptico del madrileño muerto en Donostia: Bolero, Habanera y Seguidillas gitanas. Otra obra que esconde oficio juvenil, primeriza pero con conocimiento del trío (hay pasajes exigentes técnicamente en la cuerda, abundando dobles y triples cuerdas), nivel más allá del llamado costumbrismo y dominio de los ritmos más reconocibles en melodías agradables de escuchar e interpretar, sobre todo el Bolero que se toca a menudo separado, casi un dulce para los jóvenes del Vipiace y éxito asegurado a mi alrededor ("Qué guapo" y expresiones similares).
Pero supongo que los gustos del respetable y los artistas no siempre son coincidentes, y la más cercana en el tiempo no pareció agradar, supongo que por lenguajes exigentes. Para mí las obras de cámara digamos serias, tienen más enjundia y el trío lo supo, regalándonos un Schubert serio, hondo, genialmente escrito y trabajado por el vienés, el Andante del Trío opus 100 acallando dudas para paladares auditivos más exquisitos, incluso cinematográficos y sin segundas intenciones. No puedo negar emoción tras el ambiente festivo central y auténtica profesionalidad en el Trío Vipiace que "mi piace" enormemente. Sabia elección de obras sin olvidarse la propina.

18 de diciembre de 2013

Laura Mota Pello: un regalo al piano

Martes 17 de diciembre, 19:30 horas. Salón de Actos "Casa de la Música", Mieres. Laura Mota Pello, piano. Obras de Soler, Mozart, Chopin, Albéniz y Moszkowski.
El directo es inigualable, único, irrepetible. La pianista ovetense Laura Mota es toda un figura con premios nacionales, conciertos y apariciones televisivas.
Volvía a Mieres con un programa de quitar el hipo, memorizado y trabajado a conciencia, con las sabias orientaciones del maestro Jaime Pantín, capaz de transmitir todo su saber y plantar musicalidad en una pianista increíble, de técnica impresionante y seguridad pasmosa, absorviendo cada detalle, cada fraseo, cada ataque, con la facilidad e inocencia que a todos nos maravilló.
Arrancaba nada menos que con tres sonatas del Padre Soler, las R 87 en do menor, R 84 en sol mayor y R 90 en fa sostenido mayor, mismo lenguaje pero distintos caracteres que Laura Mota desgranó como perlas pianísticas, unidad buscada por la intérprete y rotas por un público que no daba crédito (como los bancos) ante este portento, perfecto preámbulo para la Sonata KV 333 en si bemol mayor de Mozart. Llevo un buen rato en casa y todavía no me he recuperado del "shock": como si el espíritu de Wolfie se hubiese infiltrado en la pianista carbayona, el Allegro abrió la luz de una interpretación única, fresca como si el aire musical entrase por la ventana del arte, caldeando sensaciones y calmando ánimos en un Andante cantabile capaz de emocionar y conmocionar, sintiendo la envidia sana cual Salieri de Milos Forman en "Amadeus", lo más cercano del genio saliendo de aquellas pequeñas manos, grandes en profundidad, para finalizar con el torbellino Allegretto gracioso de nuevo celestial, vital, jovial, descaradamente eterno.
Me quedé petrificado en la silla, sin palabras, deteniendo la mente buscando parecidos emocionales no encontrados.
Sin resuello comenzaba a sonar Chopin, el romántico y profundo, pianismo en estado puro con dos Valses póstumos, en la menor y la bemol mayor, música de salón acallando al público que abarrotó asientos, manantial de arpegios claros y pedales siempre perfectos, para seguir con Tres estudios, nuevos el nº1 en fa menor nº 3 en la bemol mayor más el Op. 25 número 1 en la bemol mayor, la humildad del trabajo hecho arte, piezas de concierto arrebatadoras desde el intimismo, el juego del rubato natural, sin afectación, concepto claro en la escucha.
Del polaco en Francia al Albéniz catalán de Aragón (de la "Suite Española") como nueva sorpresa de una pianista políglota en la música, todo el sabor de la tierra maña en el piano más internacional del nacionalismo español, fraseos increíbles, sonido único, fuerza impensable, casi sobrenatural para una interpretación natural, directa y sin complejos.
Para seguir boquiabierto, otro virtuoso del piano como Moszkowski y "Tres estudios op. 72" en la línea chopiniana pero todavía más complejos, virtuosísticos, sencillez en la escucha y ejecución con aplomo, nº 5 en do mayor, nº 6 en fa mayor y nº 11 en la bemol mayor, la evolución tímbrica desde la tonalidad, cascadas sonoras que trajeron otro destello de madurez desde la aparente y engañosa facilidad interpretativa de Laura Mota. Transformación delante del piano, espontánea naturalidad en los saludos, apabullante desparpajo de principio a fin, atronadores aplausos para despertar del sueño hecho realidad y vuelta con regalos navideños adelantados:
Bach, el padre de la música con hilo directo desde la eternidad sonando en el piano, más aplausos y bravos, ¡otra vez la España más internacional! con Granados (qué Danza Oriental) y cual estrella final coronando este retablo maravilloso, la Danza de la gitana de Ernesto Halffter, honda, sentida, limpia como la inocencia y profunda como lo ignoto del ser humano.
No lo había dicho aunque las fotos daban una pista: Laura Mota Pello sólo tiene 10 años... un regalo al piano. Enhorabuena a sus padres y familia. Gracias por permitirnos disfrutar emociones olvidadas.

15 de diciembre de 2013

Opera(ndo) Zapico desde dentro

Domingo 15 de diciembre, 12:00 horas. Museo de Bellas Artes de Asturias, Oviedo, Palacio de VelardeForma Antiqva: presentación de su nuevo disco "Ópera Zapico". Entrada libre.
Preciosa y original "matiné" de los Hermanos Zapico, en casa y como en ella, Forma Antiqva en su formación primigenia y sin extras, presentando su último trabajo en el mejor entorno posible, el patio del Palacio de Velarde con amigos y familia arropando, tocando para nosotros...
Del disco, otra exquisitez del sello Winter&Winter, disco excepcional para la revista Scherzo y de nuevo nominado a los Premios ICMA 2014 (en la categoría "Barroco instrumental" como en 2012), críticas más que merecidas, música que de antigua solo tiene el nombre porque con los Zapico suena más que nunca como actual, asombrado desde el primer día que lo escuché, esta vez sin los invitados de lujo para poder sentir todo el proceso hasta la elección del repertorio. Búsqueda de sonoridades cordófonas en combinaciones de clave, trioba y guitarra barroca alternada con el archilaúd para equilibrar melodías y armonías de las arias que les (nos) gustan y vuelven a recrear haciéndolas suyas.
Imposible desgranar cada una de ellas, escuchadas casi en medio del trío, sintiéndome uno más entre ellos, vibraciones a flor de piel en el estricto sentido, desde "il mandolino" hecho clave por Aarón para la "canzonetta" del Don Giovanni mozartiano, el dúo de los gemelos Pablo y Daniel de José de Nebra resonando eterno en un entorno propicio, sin olvidarme la Obertura de Artaserse de J. C. Bach auténtica delicia tímbrica donde el trío sonó a orquesta de cámara, si se me permite, orquesta palaciega en "El Velarde". Siempre un gusto escuchar tan cerca las virtuosísticas ornamentaciones del clave, los potentes bajos de la tiorba luego transmutados a punteos o los ritmos de la guitarra que vuela en las melodías o contrapuntean al archilaúd. Técnica al servicio de la música que siempre subrayo, y auténtico concierto de "concertar": acordar, pactar, decidir conjuntamente.
Intervenciones también en palabras de cada uno de ellos, en los momentos justos, colocadas inteligentemente para tantos agradecimientos e historias de la "cocina" antes de deleitarnos con el producto en el plato, que tiene por delante mucho recorrido. Händel poniendo emociones íntimas en el "Lascia ch'io pianga" de Rinaldo protagonizado por los tres, y palabras musicales con "el tesoro" de Rodelinda, las gracias con Purcell repartidas entre Dido y Eneas y la chacona mágica de las hadas, hasta rematar la fiesta como si del "Concerto Zapico 2" (que aún esperamos) se tratase, la esencia fresca de Las Indias galantes (Rameau) y el jolgorio de las Folías que los hermanos trabajan desde las "Diferencias" que unen.
Si este disco es una joya de coleccionista para enamorar a públicos de todos los gustos, los directos de Forma Antiqva son regalos que hacen festivo cada concierto suyo.

14 de diciembre de 2013

Inspiradora Italia

Viernes 13 de diciembre, 20:00 horas. Conciertos del Auditorio, Oviedo: Jesús Rodolfo Rodríguez (viola), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Hector Berlioz y Richard Strauss.
Italia siempre fuente de inspiración, esta vez con dos grandes orquestadores desde obras de juventud coincidentes hasta en número de opus, con muchas coincidencias que Ramón Avello hace saber en las notas al programa.
Se abría la velada con una obra poco escuchada del gran Berlioz: su Harold en Italia, op. 16 (1834), curiosa por no ser propiamente sinfonía ni poema sinfónico o concierto para viola, aunque sea la protagonista. El solista un asturiano, Jesús Rodríguez, al que descubrí en 2008escuché hace tres años cuando ganó recién finalizados los estudios en el CONSMUPA su Premio "Ángel Muñiz Toca", compartiendo escena y también formación en la GMJO con mi admirada María Ovín (hoy de violín segundo en la OSPA), impactándome entonces su frescura interpretativa en solitario con obras muy exigentes. Ahora con orquesta y más "hecho" como solista y la siempre excelente concertación del italiano Conti nos deleitaron con "el Harold" muy desigual en emociones y sonoridades, difícil técnicamente para Jesús Rodolfo que solventó con madurez aunque volumen siempre discreto en un instrumento de por sí opaco, aunque el maestro de la orquestación francés escribiese esta obra por encargo de Paganini para su recién adquirida viola Stradivarius, cuidando y mimando siempre esos planos variados en tutti, solos y concertantes. El asturiano, hoy afincado en Nueva York, toca una viola moderna italiana "Ferruccio Varagnolo" (1910) de bello color en los registros agudos y medios pero tapada por momentos que no impidieron reconocer su evolución en una partitura donde la viola es la comentarista musical de "Las peregrinaciones de Childe Harold" de Lord Byron en las que se inspira el compositor francés y maestro de la instrumentación.
Los títulos de los cuatro movimientos sirven para buscar los paralelismos músico-literarios: "Harold en las montañas" que comienza en un sombrío Adagio antes de la entrada de la viola acompañada por arpa y madera antes del Allegro rico en sonoridades por parte de solista y orquesta, magisterio de orquestación bien trabajada con las intervenciones puntuales de la viola en un movimiento largo y denso; "Marcha de peregrinos cantando la plegaria del atardecer", Allegretto muy lírico que resultó íntimo en sensaciones con unas trompas bien empastadas y la cuerda rítmica en pizzicati siempre ayudando a realzar el protagonismo del solista; "Serenata de un montañés de los Abruzos a su amante" hizo recordar el folklore italiano que tan bien entiende Conti, en complicidad con Jesús, Allegro assai, auténtico scherzo y serenata que permitieron lucirse a la madera, en especial el corno inglés; "Orgía de bandidos" es el Berlioz desenfrenado como el propio tempo Allegro frenético, aunque contenido pese a que el compositor lo describiese como "furibundo, ebrio, ... una estampa en la que se golpea, rompe, mata y viola". Interpretación sobria pero sin emociones profundas como la propina de una personal versión breve del conocido Over the Rainbow de "El Mago de Oz".
Más explosivo y dramático resultó el R. Strauss de Aus Italien, "Fantasía sinfónica", Op. 16 (1886) que el titular florentino llevó con la pasión mediterránea que los germanos envidian. La Oviedo Filarmonía está afrontando con el director italiano repertorios sin complejos y convenciendo de las posibilidades de esta formación ya madura y con personalidad sonora. Cuatro movimientos también titulados indicando la fuente de inspiración del alemán que pasó de la partitura a la interpretación: "En el campo", Andante molto tranquilo para paladear una cuerda con poso, "En las ruinas de Roma" para las trompetas realmente straussianas de este Allegro molto con las pinceladas de oboe y clarinete en virtuosa pugna, "En la playa de Sorrento" de orquestación potente desde el Andantino con ritmo de siciliana y precuelas (palabra de moda) impresionistas con protagonismo de madera, antes de la "Calle popular de Nápoles" y el director florentino como en casa, ese Allegro molto que Strauss convierte en auténtica lección compositiva variando el conocido "Funiculì, funiculà" que pensase popular (realmente mejora el original de Luigi Denza) para ir elaborando la paleta orquestal cual muestrario a utilizar posteriormente en sus poemas sinfónicos. Placer sonoro y Vesuvio de color con la Italia siempre evocadora e inspiradora, esta vez de primera mano en la interpretación de la OFil con Marzio Conti: "Grazie mille" maestro.

13 de diciembre de 2013

Para psicoainadamar

Jueves 12 de diciembre, 20:00 horas. Teatro Campoamor, LXVI Temporada de la Ópera de Oviedo: Ainadamar (Osvaldo Golijov, 1960), tercera representación. Localidad última hora: 15€. Todas las fotos de esta entrada, datadas ©foto-Alonso para ÓperaOviedo.
Principales intérpretes: María Hinojosa (Margarita Xirgu), Marina Pardo (Federico García Lorca), Elena Sancho-Pereg (Nuria), Alfredo Tejada (Ruiz Alonso).
Compañía Antonio Gades. Coro de la Ópera de Oviedo (maestro repetidor: Patxi Aizpiri); Orquesta Sinfónica del Principado de Asturias (OSPA); Corrado Rovaris (dirección musical).
Luis Tavira (dirección de escena), Philippe Amand (diseño de escenografía y vestuario).
Músicos invitados: Adam del Monte (primera guitarra), Jesús Prieto (segunda guitarra), Gonzalo Grau (cajón, congas y djembé), Fernando Arias (realización de efectos sonoros y sampler).
Con muchas ganas entré y muchos interrogantes salí de esta nueva coproducción de la ópera carbayona junto al Festival Internacional de Música y Danza de Granada más el Festival Internacional de Santander, apostando como si del Teatro Real se tratase por títulos nuevos que hacen caer etiquetas, una de ellas la propia de "ópera", siendo más apropiado hablar a estas alturas de espectáculo musical sin más, agradable al público en general, con una partitura más bien irregular -pienso que supervalorada-, de argumento para psicoanalizar, catálogo de buenas intenciones y muy del gusto yanqui con la visión que desde allí tienen de España, de nuestra historia y folklore, en este caso el Flamenco.
De seguir la política de nuevas partituras, las hay muchas mejores que la del argentino Golijov (que ya conocía por la grabación discográfica); no me importaría ver y escuchar, por poner dos ejemplos a Philip Glass (Einstein on the Beach) o La dama del alba "casoniana" de nuestro Luis Vázquez del Fresno que sigue durmiendo en el limbo a la espera de su estreno.
Decir que lo mejor fue la escenografía, realmente muy lograda con pocos medios, es ya para preocupar, precisamente cuando siempre he criticado hacer hincapié o poner siempre en primer lugar este apartado, criticado cuando no aporta nada a la obra, incluso sacándola de contexto, pero esta vez superó a la música para la que fue diseñada.
Como era de esperar desde su aparición en Madrid y el estreno dominical ovetense ya hubo críticas de todo tipo en las que las interpretaciones tamizadas por la cultura, vagaje e incluso ideología del público son poliédricas y todas ellas respetables, freudianas, marxistas, fundamentalistas, republicanas, machadianas, dalinianas o "mediopensionistas".
 
Impresionante el cuerpo de baile heredero de su fundador que da auténtica vida a este musical algo plano donde los cuadros flamencos son realmente fotogramas llenos de vida, muy en la línea cinematográfica de nuestro Carlos Saura, escenas muy plásticas, fotografías pictóricas, juegos de teatro dentro del teatro realmente conseguidos, sin olvidarme la iluminación acertadísima, incluso en las linternas - fusiles tras matar a Lorca.
En la parte vocal el alma con duende, pellizco y elemento dramático en todas sus intervenciones fue el cantaor malagueño Alfredo Tejada, llenando con su arte escena y argumento. De las voces líricas felicitarlas por el enorme trabajo previo para estudiar una partitura que no parece pensada para ser cantada por estos profesionales, más cómodos en otros repertorios: registros extremos poco agradecidos, por momentos inaudibles, vocalizaciones difíciles e ininteligibles en muchos pasajes, destacando Marina Pardo en un rol (tra)vestido de Federico, debiendo cantar incluso al fondo del escenario, pero con seguridad en todos los registros, algunos endiablados en el grave aunque la orquesta en piano ayudase, con saltos interválicos que no aportaban más allá de un dramatismo algo forzado argumentalmente, y la Nuria de Elena Sancho-Pereg, voz fresca con buena proyección y registro más agradecido que sus compañeros de escena. Actoralmente "la Xirgu" de María Hinojosa impecable aunque vocalmente desigual, pienso que por una concepción del canto ajena a lo que entendemos como lírica. Bien la breve intervención del bajo Francisco Crespo como José Tripaldi y correcto el resto del elenco.
Esta vez el coro femenino no estuvo a la altura de otras representaciones pese a limitarse a cantar, pero situado a un lado de la orquesta quedó tapado, sonó poco empastado y opaco.
De la OSPA añadir la profesionalidad más que reconocida de todas sus secciones con pasajes auténticamente somníferos de notas tenidas, y otros doblando voces; la madera en la línea de excelencia tímbrica para unos pentagramas más bien planos y dificultades similares a las voces (la flauta solista arrancó notas graves dificilísimas), las trompas y sobre todo trompetas dentro y fuera del foso de lo más jazzísticas con sordina, interviniendo con armonizaciones que me recordaron al mejor Gil Evans, junto a la percusión compleja que me despertaba de la modorra, tanto la titular asturiana como los invitados, destacando la parte electrónica que redondea ese ambiente de musical americano contrapuesto a las guitarras flamencas lo suficientemente amplificadas para protagonizar los mejores momentos de este espectáculo que me hizo derramar metafóricamente cataratas (más que fuente) de lágrimas.
La dirección musical del maestro Rovaris no pudo sacar de la obra lo que no tiene, pero mostrando la misma seguridad que cuando estuvo al frente de Peter Grimes hace casi dos años.
La temporada acabará con Don Giovanni al que espero en el reparto joven ya en enero de 2014. Mientras tanto aún quedan música interesante antes de despedir el 13.

7 de diciembre de 2013

Un planetario musical con aires vieneses... ¡y la Pires!

Viernes 6 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Jornadas de Piano "Luis G. Iberni": Wiener Symphoniker (Orquesta Sinfónica de Viena), Maria João Pires (piano), Ádám Fischer (director). Obras de Haydn, Beethoven y Mozart.
Oviedo volvía a ser como la capital austríaca en cuanto a su actividad musical de primera, y dentro de una gira por Zaragoza, Madrid y Barcelona (sin pasar por San Sebastián) última parada española en el Auditorio, con unos intérpretes de primera y programa de los que aseguran éxito, público hasta la bandera, muchas toses y el móvil ó celular de turno reincidente siempre en los momentos de más intensidad emotiva, nunca coincidente con la dinámica desde el escenario, cual otra de las Leyes de Murphy.
Con todo, nuevo hito musical que al título mozartiano de su última sinfonía me sumo haciendo paralelismos de planetas y dioses para los comentarios de esta noche, pues hubo una alineación cósmica dentro de nuestro sistema solar por la calidad de los artífices en este viernes festivo en toda España (Día de la Constitución).
El verdadero "hacedor" de una auténtica armonía de las esferas cual mago Merlín fue el director húngaro Ádám Fischer, Maestro con mayúscula que demostró cómo llevar un repertorio que domina a la perfección, gestos precisos, sin grandilocuencia (sólo la música lo es), siempre exacto, pulcro, atento, animado, contagiando ilusiones, adelantándose lo necesario para avanzar el inmediato presente y sacar a una orquesta como la "pequeña vienesa" el auténtico sabor del clasicismo vienés, de tamaño idóneo para ello, lo mucho que estas partituras elegidas esconden.
A Haydn podría equipararle con el planeta Mercurio y el mensajero de los dioses, precisamente los compañeros de viaje musical del concierto hoy comentado, y viajero a Londres donde compuso su Sinfonía nº 101 en re mayor, Hob. 1:101 "El reloj" que desde el ataque del Adagio-Presto la Wiener Symphoniker hizo sonar cósmica, limpia, equilibrada, llena de matices bien sacados por el maestro Fischer. El Andante resultó Chronos por el ritmo vital del tiempo que todo lo puede, maquinaria de precisión y buen gusto. Un Menuetto para disfrute no ya de la cuerda con efectos de vihuela sino de la madera con la disonancia de la flauta que tanto dió que hablar y las trompas "adelantadas", secciones todas en perfecto ensamblaje. El Vivace final es puro virtuosismo revestido de contrapunto, forma rondó-sonata perfecta en ejecución, sin olvidarme del silencio con calderón que realza el "fugato" final de la cuerda sola en un "pianissimo" posible en formaciones de otra galaxia, y la vienesa es una de ellas, hasta el retrono progresivo del viento (colocación vienesa ligeramente variada, con los timbales a la izquierda, también trompetas, y contrabajos a la derecha, con las trompas).
Beethoven joven, aún cercano, dios Marte muy clásico y alumno de "papá Haydn" escribe su Concierto para piano y orquesta nº 2 en si bemol mayor, Op. 19, su debut en esta forma (primera y publicada después), siendo el solista el propio alemán ya afincado en Viena. Sólo una diosa Venus, otrora planeta, puede afrontar una interpretación con el cielo estrellado capaz de permitirnos apreciar la inmensidad eterna desde nuestro perecedero disfrute. Maria João Pires nunca nos deja indiferentes, elige el instrumento (Yamaha CFX), su afinador (Sr. Kazuto Osato) y estamos preparados para despegar con ella a bordo de esta nave que pilota como diosa accesible y terrenal hacia un viaje breve pero eterno, sin sobresaltos, sólo emociones desbordantes en cada momento: Allegro con brio en el primer trayecto, cristalino, equilibrado, delineado con brillos dorados, antes de la "cadenza" maestra avisando fin de etapa y antes del Adagio segunda etapa placentera que nos permitió el vuelo sin motor, degustando emociones, reverberaciones increíbles desde los pedales, y la vuelta a tierra con el Rondo. Molto allegro de piloto de guerra sin combate, acrobacias sin mareos con el dominio de la nave musical y el plan de vuelo bien diseñado por el joven y viajero Ludwig, esta vez de Lisboa a Brasil pasando por Viena antes de la llegada a la Tierra en Oviedo a bordo de este "Voyager" musical donde el espacio aéreo lo puso la sinfónica vienesa y el controlador Fischer que nos recordó cómo se concerta no ya en un simulador (grabación) sino en la realidad (directo).
En solitario la Venus pianista siguió brillando a plena luz con un Schubert (Impromptu Op. 142 nº 2) como sólo "La Pires" es capaz de deleitarnos.
Poco tiempo de espera, cigarrillo sin café y último vuelo vienés de auténtico peso, Sinfonía nº 41 en do mayor, KV 551 "Júpiter", Mozart revivido y la mejor experiencia en vivo que haya podido disfrutar, "carácter majestuoso y triunfal" que apuntaba Lorena Jiménez Alonso en las notas al programa. Magisterio total de Ádám Fischer, placer directorial en cada movimiento y cada gesto que la formación habitual del foso operístico vienés acató con la confianza que da la veteranía, como si en ella viviese el auténtico Clasicismo atemporal del que son sus máximos guardianes. Allegro vivace decidido, Andante cantabile lírica pura, Menuetto: Allegretto que supo cual "Sachertorte", y Molto allegro todos a uno, escuchando cada nota, cada matiz, cada ataque, todo lo que el genio de Salzburgo disfrutaba en Viena libre de ataduras, descubridor del contrapunto bachiano y marcando la aparición de otra galaxia, la Romántica. Maravilloso comprobar cómo se escuchan unos a otros para hacer Música.
No importaba la hora en la inmensidad del universo, Ovetus planeta operístico para recibir la obertura de Las bodas de Fígaro, otra lección maestra de clasicismo vienés ya con clarinetes para completar tripulación, Mozart puro y maduro, antes de volver a Viena preparando el fin de año con la Pizzicato Polka (J. Strauss II), disfrute de la cuerda vienesa colofón de un auténtico planetario musical donde "la Pires" fue una invitada de lujo.

2 de diciembre de 2013

Krem de la Kremer ata

Domingo 1 de diciembre, 19:00 horas. Oviedo, Conciertos del Auditorio: Kremerata Baltica, Gidon Kremer (director y violín). Obras de Vivaldi, Verdi, Weinberg y Beethoven.
Cuatro años ya desde la anterior visita de Kremer pero siempre un espectáculo de música, sonido en estado puro para una formación de cuerda (esta vez con percusionista) que es única en cuanto a calidad con potencia equivalente a una gran orquesta pero capaz de sonar como un cuarteto, con dinámicas amplísimas, convencimiento y dominio de las obras impactante.
El percusionista de la camerata Andrei Pushkarev con el vibráfono nos dejaba un arreglo suyo del Concierto nº 2 en sol menor, op. 8, RV 315 "El verano" de Las Cuatro estaciones (Vivaldi) que demuestra cómo la genialidad puede aportar novedades a obras inmortales. Si la cuerda es estratosférica, galáctica, con ataques impactantes o rubati impensables bajo la atenta dirección del concertino Dzeraldas Bidva, un solista capaz de lo que le pongan delante, las intervenciones del vibráfono con guiños al jazz como no podía ser menos en un instrumento que bebe de esta fuente, crearon ese ambiente cálido, de bochorno estival pero con la brisa del norte. Allegro ma non molto realmente indescriptible, Adagio pesante para disfrute del timbre envolvente de las placas, y Presto de auténtico virtuoso con cuatro baquetas que alcanzaban las notas imposibles del violín desde un empaste con la cuerda para soñar.
El Cuarteto de cuerda en mi menor (Verdi), obra de 1873, sonó camerístico total pese a tratarse de una versión orquestal, única obra instrumental del de Busseto y perfecto homenaje al bicentenario donde el genio lírico aparece en los cuatro "hermanos de cuerda frotada" tratados cual cuarteto operístico con recuerdos a las fugas del Requiem o Falstaff, anunciando Otello, sin olvidarme del Trovatore cual fuerza del destino musical capaz de hacer cantar la cuerda o el delicado cuarteto "bella hija del amor" de Rigoletto.
El Allegro en mi menor impecable, elegante y sensible con el primer tema "sotto voce" y unos graves potentes, avanzando el tema y desarrollo casi faraónicos con reminiscencias de Aida, con unos staccatti que llegaban a lo más hondo. El Andantino en do mayor y compás ternario de profundidad y elegancia, dulce como indica la partitura ("dolcissimo, con eleganza). El Prestissimo también ternario y en mi menor lleno de luz y contrastes dinámicos admirables, trinos limpios en todas las cuerdas, arpegios celestiales en chelo y viola, el trío en la mayor belcantístico a no poder ser con el tenor en la concertino Giedre Dirvanauskaite que confirma ser el instrumento más parecido a nuestra voz, y una serenata capaz de recrear la guitarra. El Scherzo fuga es un "Allegro assai mosso" en el tono original auténtico "placer de escribir" que diría Tranchefort sobre este cuarteto verdiano, hoy orquestal, "alegría de vivir completamente latina" venida del norte de Europa con una formación donde cada músico es un solista y los concertinos dan el salto al frente en cualquier momento. Catálogo de colores en todas las intensidades y pureza de líneas en diálogos y conjuntos emocionantes hasta ese final creciendo al unísono en fortísimo orquestalmente puro, cadenas de trinos y la coda que cierra con luminosidad esta joya de Verdi. Como escribe Juan Manuel Viana en las notas al concierto, el compositor afirmaría que "no sé si mi cuarteto es bueno o malo, pero sé lo que es un cuarteto" y la Kremerata Baltica también.
M. Weinberg puso lo novedoso en el programa, excelente músico judío al que nazismo y estalinismo castigaron para una amplia producción que comienza a despertar en nuestros días, con influencias recíprocas de su amigo y confidente Shostakovich. De él escucharíamos dos obras, la Sinfonietta nº 2, op. 74 para orquesta de cuerda y timbales, éstos con el solista sumado a la formación, hermosísima obra en cuatro movimientos con ritmos bien claros subrayados por los parches en los extremos (Allegro y Andantino), más austeridad hecha música enorme en el Adagio antes de los ensueños nostálgicos en el Andantino final.
Aparecía Gidon Kremer (recién llegado de tocar con Marta Argerich) para contagiarnos su alegría musical en el pianístico Rondo a capriccio, op. 129 (Beethoven) en arreglo de Victor Kissine, auténtica broma desde una partitura desenfrenada que en la versión "Krem de la Krem" jugó con diálogos y concertantes llenos de sabor vienés.
El Concertino para violín y cuerdas, op. 42 de 1948, devolvía el protagonismo a la obra del ruso en una versión de "Kremer + ata" que estuvo plagada de melancolías, magisterio de madurez y nuevamente una sonoridad única a cargo de los músicos capaces de llenar la sala y hacerla callar en los momentos más delicos. Viana recuerda el "efusivo lirismo melódico" del húngaro Miklós Rózsa ya afincado en Hollywood, en parte por nuestra educación musical desde el cine que ha dado grandes partituras. El Allegretto cantabile pletórico, la Candeza. Lento-Adagio un auténtico disfrute y lección solística a cargo del virtuoso letón para enlazar sin pausa con el Allegro moderato poco rubato, efusividad, concentración, entendimiento y fortaleza desde la complicidad y buen hacer de todos ellos.
Aún quedó tiempo para regalarnos ese Oblivion de Piazzolla con el que Gidon Kremer logra siempre emocionarnos arropado por la delicadeza de sus cuerdas, las suyas y las de la Kremerata, para poner el brindis final con "una copita de ojén" de una marcha popular creo que arreglada por Peter Heidrich.
Para los despistados que llegaron al descanso por el horario dominical, una lástima que se perdieran la mitad, aunque en estos casos un poco siempre es mucho, y los Conciertos del Auditorio y Jornadas de Piano están poniendo el listón altísimo.

ARSinNOVA pero con todos los premios

Gran Premio Nacional de Canto Coral, Gijón 2013. Teatro Jovellanos, sábado 30 de noviembre, 19:00 horas y domingo 1 de diciembre, 11:00 horas. Entrada: 5€.
El 75 aniversario del RGCC cerraba sus celebraciones nada menos que trayendo a la capital de la Costa Verde la decimoquinta edición el premio de premios corales, llenando en dos sesiones el coliseo gijonés. Y es que además de la conocida trayectoria coral local y regional, tener cuatro coros premiados en los respectivos concursos del "circuito" para disputar la gran final en polifonía y folklore era razón más que suficiente para acudir a las dos sesiones.
ARSinNova
El auténtico triunfador fue el Coro ARSinNOVA de Barcelona, coro de cámara dirigido por Pere Lluis Biosca Soler que se alzó con el Primer premio de Polifonía y Primer premio de Folclore, así como el Ganador del Gran Premio Nacional, siendo la segunda mayor puntuación y representante en el próximo Gran Premio Nacional del mes de abril del próximo 2014, el Coro de Cámara Alterum Cor de Valladolid que dirige Valentín Benavides García.
Los otros dos coros participantes fueron VokalArs de Madrid con Nuria Fernández Herranz en la dirección, y la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria con Raúl Suárez García.
En el orden citado estos cuatro coros fueron los ganadores del Certamen Coral de Ejea de los Caballeros (Zaragoza), Certamen de la Canción Marinera de San Vicente de la Barquera (Cantabria), Certamen Coral de La Antigua de Zumarraga (Gipuzkoa) y Gran Premio de Canto Coral "Santander 2012", por tanto y como bien remarcó Patxi Poncela, presentador del Gran Premio 2013, "concurso de concursos" que acogía a estos ganadores para optar al máximo galardón. Estuvimos ante cuatro coros que dieron lo mejor de sí en dos sesiones (polifonía y folklore) con programas que dejo enlazados y sin crónica detallada porque ocuparía espacio para los dos días, incluso para los invitados fuera de concurso, aunque no dejaré de incluir algún comentario puntual.
Alterum Cor
Mis favoritos estaban ahí, de acuerdo con el de polifonía para los catalanes y para folklore con dudas pero apostando por los vallisoletanos, siendo los otros dos en el orden en que aparecen citados aquí, con pequeños detalles que "restaron puntos" (frase hecha) a las otras dos formaciones. El jurado sí puntuó con baremo riguroso, como es de esperar viendo su composición y experiencia: Esteban Sanz Vélez (Santander), Jordi Casas Bayer (Barcelona), Jesús Eguiguren Etxebarría (Durango, Bozkaia), Eva Ugalde Álvarez (San Sebastián, Gipuzkoa) y Marco Antonio García de Paz (Luanco, Asturias).
De los ganadores bien dentro de polifonía, destacando Heaven Heaven (Britten) de voces blancas excelentes y graves de menos a más, y Agnus Dei (Penderecki), con partitura donde las dinámicas fueron muy agradecidas. En folklore, sin necesidad de escenificar y primando la música me quedo con una potente sardana Les Neus que es fonen (Morera) que además repitieron para cerrar el concurso, donde el único pero sería "limar" cierto sonido metálico en los fortissimi, que supongo la sesión matutina, nunca óptima para cantar, forzó más de lo deseado. Demostraron la calidad de un coro de cámara bien trabajado, desenvolviéndose bien con repertorios más cercanos en el tiempo, en su folklore (El Cant dels ocells en armonización de Bernat Vivancos fue casi instrumental por el excelente color vocal), con enorme musicalidad y una línea de canto solvente.
VokalArs
Alterum Cor trajeron un excelente programa de polifonía para una formación muy homogénea y bien empasatada, siendo excelente Le chant des oisseaux (Janequin) sin exagerar las onomatopeyas, los Deux Choeurs, Op. 68 (Saint-Saëns) delicados y el tema Cómo quieres que te dé de "Dos cantos castellanos" compuesto por su director, obra popular de difíciles armonías y escucha para el gran público. Simpáticas y sobrias sus dos escenificaciones finales.
Camerata Coral de la Universidad de Cantabria
Siguiendo con los coros de cámara, el VokalArs de voces blancas (con un contratenor) que dirige Nuria Fernández Herranz afrontó las dos jornadas sin partituras y pareció adolecer del siempre necesario contrapeso de graves, aunque la elección de las obras siempre busca paliar y compensar un color vocal al que no estamos acostumbrados. Destacaron en polifonía Ave Maria (Alice Tegnér) con "r" muy marcadas pero lo mejor, impactante el Ave Regina Coelorum (Ko Matshusita) y pleno Salve Regina (Miklos Kocsár). En folklore bajó un poco el nivel pese a los detalles coreográficos, el Geantraí (McGlynn) con una virtuosa del bodhran o cantar sin dirección y abanicos rojos para Las Amarillas (Stephan Hatfield).
Finalmente la Camerata Coral de la Universidad de Cantabria, numeroso frente a los anteriores de cámara pero un peldaño por debajo, puede que afectado por actuar en primer lugar. En polifonía las obras elegidas resultaron demasiado complejas para una formación que estuvo más cómoda en folklore, especialmente con el Libertango (Piazzolla) que estuvo acompañado por tres acordeones, pero pese a la "hinchada" o cariño del público por la cercanía geográfica, el nivel estaba inalcanzable.
El León de Oro
Como ganador en dos ocasiones del Gran Premio, y escapando del jurado, Marco A. García de Paz nos trajo su "coro espejo" que dice el Doctor Busto, El León de Oro con un miniconcierto en la línea de excelencia a la que nos tiene acostumbrados y tantos triunfos les ha dado, obras de ahora y de siempre como sus voces: Lay a Garland (Pearsall), Beati quorum via (Standford), Nunc dimittis (Holst) y Trébole (Domínguez) con coreografía incluida, manteniendo esa búsqueda de la perfección coral para disfrute de todos.
Buen fin de semana coral.