23 de enero de 2017

Cocinando de cine con la banda

Domingo 22 de enero, 19:00 horas. Auditorio de Oviedo: Banda de Música "Ciudad de Oviedo", Christian Brandhofer (trombón), David Colado Coronas (director). Obras de Rossini, J. de Meij, M. Lauridsen y A. Boublil-C. M. Schönberg. Entrada libre.
Buena tarde dominical con música de banda, algunas transcripciones que son otra forma de hacer llegar el repertorio sinfónico y coral, pero sobre todo la escrita específicamente para estas formaciones, que en el caso de la banda ovetense sin llegar a sinfónica dio mucho juego con el programa elegido. A falta de notas en el programa, en cada partes, sin descanso, fueron leídas por una de las clarinetes, que sirvieron para conocer un poco más las obras.
La obertura de La Gazza Ladra (Rossini) es conocida por su utilización tanto en publicidad como en el cine, especialmente en "El honor de los Prizzi" por un grande como el italiano que también se dedicaría a la cocina, un poco el ambiente dominical. Aunque no se tratase de la interpretación sinfónica, este arreglo para banda de música nos​ acerca fidedignamente los solos de oboe y clarinete para lucimiento de los primeros atriles, disfrutando igualmente de la pareja de cajas y especialmente de los cambios de tiempo bien marcados por un David Colado curtido en todo tipo de formaciones instrumentales que tomaba la batuta en este primer concierto del año, con la intención y sonido tan rossiniano que logró sacar una versión más que correcta.
La obra estrella de la noche fue el T-Bone Concerto de Johan de Meij (Voorburg, 1953), que tiene tanto versión con piano, para brass-band y lógicamente para banda, un concierto para trombón con el solista de la OSPA Christian Brandhofer, organizado tanto en el título como en sus tres movimientos con un juego de palabras curioso, trombone y T-Bone cual formas de preparar este manjar para los carnívoros y melómanos: el primero Rare (Poco hecho), amplio de sonoridades con juegos entre las secciones más un rítmico piano, incluyendo además alguna intervención solista con sordina buscando texturas al oído cual paladar y con unos fraseos realmente hermosos. El Medium (En su punto) es el movimiento central de ritmo ternario muy majestuoso y con un grupo de cámara dentro del tutti para la parte B más rápida antes de volver a la A casi triunfal pero "apianando y ritardando" para un perfecto diálogo bien "cantado" entre solista y banda. El último Well done (Muy hecho) resultó juguetón, movido, equilibrado además de perfectamente ejecutada esta partitura llena de complicidades y complicaciones (el compositor es además de director, trombonista, como David Colado, y bombardino), con una percusión casi siempre subrayando toda la melodía con placas varias (xilófono, glockenspiel...) donde tampoco faltaron las campanas, también variando los tempi a lo largo del segundo tema retomando el vivo en una fiesta multicolor tras este T-bon bien cocinado por un Brandhofer en su salsa. Un placer paladear música compuesta para banda por un músico como el holandés afincado en los EE.UU. (esperemos que Trump no le eche) que domina la tímbrica como nadie y tiene partituras realmente excelentes.
La propina cual postre americano e internacional en un momento feliz del trombonista equiparable al del compositor, Elegy for Mippy II de L. Bernstein.
La segunda parte comenzaría con O magnum Mysterium (Morten Lauridsen, 1943) que mi admirado coro El León de Oro canta como nadie, esta vez arreglado cual coral sin letra ni batuta para realzar esa polifonía tan del maestro de ascendencia danesa subrayada puntualmente por timbales, bombo o platillos que "magnifican el misterio" aún más terminando, en un pianísimo muy logrado tras unos reguladores de lo más trabajados y como si de un coro a boca cerrada se tratase (especialmente los metales). Difícil transcripción la de H. Robert Reynolds pese a ser especialista y conocedor de la música de banda, que de no conocer el original da mucho juego aunque nada puede compararse con la voz humana.
Y otro tanto sucede con el musical Los Miserables (A. Boublil / Claude Michel Schönberg) en arreglo de Marcel Peeters, selección de cinco temas para cerrar concierto con todos los efectivos al mando de Colado que sacó siempre a primer plano las conocidas melodías de este musical veterano de los años 80 llevado también al cine en 2012, para lucimiento de cada sección, especialmente saxos y bombardinos no siempre reconocidos ni tan protagonistas como el resto. Buen sonido e interpretación idónea para los números elegidos bien contrastados que nos transportaron a la gran pantalla.
Bisaron el final de "La Gazza" un poco más movida que al inicio, para no perder el ambiente cinematográfico y gastronómico para una sala que presentó una entrada de comensales que ya quisiéramos para otros eventos.
Volverán más domingos de febrero (12 y 16) y marzo (12 y 16) para completar un trimestre que sigue apostando por la Banda de Música en Oviedo, tocando madera para que no sigan recortando a la ciudad una tradición que es parte de su propia historia.

21 de enero de 2017

Creciendo con Beethoven

Viernes 20 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 5 "Orígenes II", OSPA, Leon McCawley (piano), Manuel López-Gómez (director). Obras de Beethoven.
Más de cincuenta años creciendo con la música de Beethoven y nunca me ha fallado, desde las sonatas pianísticas, solas o con violín, los cuartetos, los conciertos para piano donde el "Emperador" sigue reinando pero sobre todo sus sinfonías que he ido ampliando en todos los formatos disponibles (a excepción del Blu Ray tras el fiasco del Laser Disc). Crecimiento vital y formación perpetua para intérpretes de todo tipo, sin olvidar a melómanos empedernidos e igualmente aficionados recién llegados. Con los años vamos descubriendo nuevos detalles, madurando, probando versiones de todo tipo, desde Karajan y su berlineses en vinilo (o cassete) antes de sus posteriores grabaciones, pasando por Bernstein hasta la integral de Harnoncourt en CD por citar tres de mis referentes en las nueve sinfonías al completo, pugnando por "tener que elegir"  una cuando todas las impares se imponen (aunque La Cuarta de Solti daría para una entrada propia), imprescindibles y dependiendo del momento emotivo.
Este frío viernes de enero retomaba mi "normalidad" con un monográfico del sordo genial donde un joven director venezolano de la misma cantera que otros más mediáticos (del que fue asistente), famosos o conocidos se ponía al frente de una OSPA reforzada en la cuerda por ocho jóvenes alumnos del CONSMUPA para interpretar "La séptima" como plato fuerte, un Coriolano para abrir boca y "el tercero de piano" con un inglés que regalaría a Rachmaninov tras una limpia ejecución a la que le faltó el ímpetu juvenil que brilló y dio calor. Beethoven para crecer y seguir manteniendo el espíritu juvenil, casi vampirismo musical de aficionado transmitido desde un escenario que rebosaba ganas e ilusión recompensado por un público agradecido que volvió a llenar unas butacas preocupantemente vacías en el ya fenecido 2016.
Entrando en detalle quiero comenzar por el Concierto para piano nº 3 en do menor, op. 37 (1800-1803) con Leon McCawley de solista (las notas al programa de Ramón Avello están enlazadas en el título de cada obra). De entrada la orquesta quedó "menguada" para ajustar sonoridades en esta pugna dinámica entre unos y otro, con un Manuel López-Gómez atento al detalle, buen concertador y controlando de principio a fin estilo, dinámicas y tempo que pareció contar con una pulsación algo distinta del británico, siempre un instante adelantado en el Allegro con brio plenamente mozartiano, con algún sobresalto en un pedal que pareció buscar precisamente la bruma que se iría disipando a lo largo de los dos movimientos siguientes y tras unos solos donde pudo recrearse. El bellísimo Largo resultó pulcro desde ese solo inicial, con un trabajo sonoro en las notas sueltas cinceladas con una independencia inusitada y una orquesta etérea vistiendo el cristalino devenir pianístico, la transición del Clasicismo al Romanticismo que Beethoven parece conjugar en este tercero estallando en el Rondó: Allegro de firma propia, perfectamente encajado y dialogado, equilibrios sonoros y entendimiento de todos los intérpretes, en un concierto que fue de menos a más aunque no llegó a emocionarme. Se hizo algo de rogar McCawley antes de regalarnos "un Rachmaninov" donde pudo demostrar su sonido y técnica limpia en uno de los últimos románticos del siglo XX.
Pero el Beethoven sinfónico resultó lo mejor porque parece que el dicho "no hay quinto malo" también se aplicó en este abono que sigue rindiendo culto a los orígenes. Coriolano, obertura, op. 62 (1807) presentó una plantilla ideal de cuerda, con los jóvenes refuerzos y algunos que "descansaron" en este programa (aunque también hay maestros que se van  jubilando dejando paso a la savia nueva) dando un paso al frente los principales como solistas" para conseguir esa sonoridad completa y una "disposición vienesa" más apropiada que nunca con los contrabajos detrás de los violines primeros, trompas (hoy excelentes) y trompetas (de llave) a pares flanqueando a clarinetes y fagotes, traverso de madera con los oboes más los timbales atrás a la derecha. El trabajo de Manuel López-Gómez (entrevistado en OSPATV) se notó desde el arranque, gesto claro, preciso, pulsión sin decaer en un Allegro con brio literal, explorador del sonido en todos y cada uno de los detalles y secciones con la ventaja de una partitura memorizada que le permitió volcar todo esfuerzo en la interpretación sin perderse ni una nota, ni una entrada, ni un matiz, incluso los silencios resultaron musicales. Ímpetu juvenil y dramatismo (en esa tonalidad tan "intrigante" como do menor) transmitido por una OSPA entregada.
Si la obertura puso las cartas boca arriba de los recursos e ingredientes perfectos, era de esperar que la Sinfonía nº 7 en la mayor, op. 92 (1811-1812) resultase modélica por estilo, color, tiempos ajustados a la propia partitura, de la que afloraron notas a menudo oscurecidas pero que el equilibrio dinámico permitió degustar y disfrutar nuevamente desde la total concentración del director venezolano. Luminoso Poco sostenuto - Vivace con pulsión y matices amplios, protagonismos compartidos, tímbricas deslumbrantes y esa rotundidad de los graves más presentes que nunca (por ubicación, cantidad y calidad) con la limpieza de cada nota en el tiempo más movido. Emocionante el Allegretto, romanticismo sinfónico sin edulcorar, una cuerda que sonó y protagonizó uno de los momentos cumbres de la noche, violas, segundos, cellos y contrabajos hasta los primeros en un crescendo que desemboca en un tutti desgarrador sin perder nunca presencia los dos temas. Y unir el Presto con el Allegro con brio ayudó a una coherencia interpretativa por parte del maestro López-Gómez que fue secundada en todo momento por una OSPA madura, confiada, entregada, dejándonos una expléndida séptima, coloridamente cristalina y sin concesiones a la galería, el empuje que no decae, empuje jovial y juvenil, plenitud orquestal que transmite esta joya sinfónica, musicoterapia que sube los ánimos de intérpretes y el público, y así lo entendió el respetable que disfrutó agradeciendo con largos aplausos obligando al venezolano a salir varias veces.
Esperamos repita visita y tomemos nota de esta batuta porque está llamada a una larga carrera de éxitos.

8 de enero de 2017

Auténtico sabor vienés

Lunes 2 de enero de 2017, 19:00 horas. Teatro Cervantes, Málaga: Concierto Extraordinario de Año Nuevo. Alba Chantar (soprano), Pablo García-López (tenor), Orquesta Filarmónica de Málaga, Manuel Hernández Silva (director). Entrada segundo piso: 27 €. Obras de J. Strauss hijo, R. Leoncavallo, F. von Suppé, J. Offenbach, F. Lehár, R. Chapí, G. Giménez, R. Soutullo / J. Vert y J. Strauss padre.
Un director venezolano con la Orquesta Filarmónica de Viena no, con la de Málaga de la que es titular y a la que está exprimiendo musicalmente, haciendo sonar cada vez mejor, con un programa de autores que ha mamado en sus estudios en la capital austríaca y van tomando poso como los buenos vinos con el tiempo, nada que ver con el otro venezolano más mediático que se "desinfló" en el concierto más visto de cada año, al que se le han dedicado montones de críticas, incluso musicales, no todas coincidentes con mi opinión de cierto "miedo escénico" y un desigual concierto que no le quita el mérito a mi admirado Gustavo Dudamel de haber llegado ahí con tan solo 35 años, el más joven de la historia (y lo que todavía le queda por delante) del más famoso y televisivo evento musical en esta semana que se llevó con 92 primaveras al francés Georges Prêtre, el más longevo en dirigirlo (con 85 años) y probablemente el mejor que muchos recordamos de los últimos años estrenando año nuevo. Esta vez no haré crítica aunque mis tuits en vivo (madrugando desde Aguadulce) están ahí para ver la evolución del mismo, y que tristemente en Venezuela solo pudieron disfrutarlo como "regalo de Reyes".
Si amanecer el primero de año con los vieneses es obligado para todo melómano, esta vez cambié fecha y ubicación para disfrutar en directo con Manuel Hernández Silva y "su" filarmónica, que además buscó dos voces para enriquecer esa sangre vienesa y mestiza de los compositores elegidos, la rondeña Alba Chantar y el cordobés Pablo García-López, programa que dejo a continuación y del que quiero resaltar algunas cosas en este concierto que volvía a la sede de la que nunca debió marcharse, con entradas agotadas y asistiendo un público entregado desde las primeras notas de la conocida obertura de El murciélago de J. Strauss hijo.
Si las obras instrumentales fueron sacando de la orquesta malagueña matices impensables, con una cuerda algo corta en número pero rica en dinámicas y sonoridad (siempre destacable la concertino Andrea Sestakova), el acompañamiento de las voces tanto en las intervenciones solistas como en los dúos son una delicia, unido a un buen empaste de dos voces con distinto recorrido, el cordobés con una Mattinata vespertina y la malagueña arrancando con el "aria de los pájaros" (la de la muñeca) de Offenbach demasiado exigente para su edad y algo atrevido comenzar con ella por unas agilidades que en frío no lucieron como debería aunque mejoró en el dueto de Sangre vienesa equilibrado y sentido por ambas voces tras haber "calentado" la orquesta con el vals Voces de primavera y la polka rápida Larga vida al magiar donde el magisterio del director venezolano fue más que evidente. Es un placer verle trabajar el "rubato" con la elegancia acostumbrada y contemplar la orquesta aguantar la batuta en esa tercera parte del compás que parece no terminar, con una entrega que evidenció la mejoría que el tiempo logra con su titular desde 2014. Es difícil transmitir tanto a una formación que va "in crescendo" en cada concierto que la escucho, pocos por la distancia, con una disciplina alcanzada con esfuerzo y mano izquierda, implicación total de un titular con la agenda apretada pero que no olvida sus obligaciones con "sus" malagueños. En estos tiempos que corren deberán agradecer este esfuerzo y amor por la música bien hecha.
La segunda parte mantuvo el tipo tanto con oberturas y polkas como en un Léhar a cargo de los solistas, una entregada "Canción de Vilja" por parte de la soprano, rojo pasión esta vez, y especialmente el tenor cordobés con "Dein is mein..." de El país de las sonrisas cantado en un alemán perfecto, con gusto, pasión y una orquesta aterciopelada que nos permitió degustar cada detalle de este aria hermosísima del llamado rey de la opereta vienesa a cargo de Pablo García-López que se incorporaba al día siguiente como el Borsa del Rigoletto que cerrará temporada carbayona.
Comentaba en una de las pausas el maestro Hernández Silva, algo griposo como la mayoría de los presentes, el mestizaje de la Viena de los grandes donde nuestros Chapí o Giménez no desentonarían puesto que la zarzuela es realmente opereta española, más aún, zarzuela vienesa porque todos beben de fuentes populares que elevan al mayor rango sinfónico, como se pudo comprobar con el preludio de La Revoltosa o el intermedio de La boda de Luis Alonso, dos joyas que compartieron programa junto a "La primorosa" Alba Chantar, "Bella enamorada" de El último romántico Pablo García-López, opereta española antes de las dos propinas de sangre vienesa con sabor andaluz a cargo de los Johannes Strauss hijo y padre que volvieron a llevarnos al día primero de este 2017 pero en Málaga el segundo: El bello Danubio azul como me gustaría hubiese sonado (pese al abismo de ambas filarmónicas) y la Marcha Radetzky matizada y con el humor que faltó en su famoso compatriota, porque calidad y calidez deben ir unidas, respeto a la música desde el disfrute compartido.

20 de diciembre de 2016

Navidad universitaria

Lunes 19 de diciembre, 20:00 horas. Iglesia de Santa María La Real de La Corte, Oviedo. "Concierto de Navidad": Coro de la Universidad de Oviedo y Orquesta, Ana Mª Peinado (soprano), Maite de la Cal (soprano), Laura Rodríguez Armas (mezzo - contralto), Joaquín Valdeón (director). Obras de Corelli y Vivaldi.
La música siempre ha estado presente en mi Universidad de Oviedo, hace años con una orquesta capitaneada por Alfonso Ordieres Rivero que vuelve a resurgir con su hijo Pedro en apenas mes y medio, y un coro verdadera leyenda y embajador, siempre con los altibajos "obligados" por los cambios generacionales, aunque cual Ave Fénix siempre resurgiendo, mezclando veteranía y savia nueva, con la Navidad como buena disculpa en buen momento, llenando la iglesia de la Plaza de Feijóo con Joaquín Valdeón ejerciendo de factotum tras haber sido también alumno de "Don Alfonso" (el apellido Ordieres es sinónimo de violinista y Maestro).
Abriendo boca Corelli, poniendo a prueba a una cuerda algo destemplada pero que tiene mucho futuro, con unos primeros atriles que ya apuntan maneras para el Concerto grosso en Sol menor, Op. 6 nº 8, Concierto para la Navidad, tiempos al límite con una reverberación que no ayuda pero apostando por el riesgo. Pasados los primeros nervios todo fue calentando y la batuta clara de Valdeón pareció ponerlo todo en el sitio deseado.
El Coro Universitario tiene el "Gloria de Vivaldi" en su historia, guardando como oro en paño la grabación en Nueva York con Max Bragado que se digitalizó dentro de un doble CD para mantener esos archivos en nuestra memoria. Luis Gutiérrez Arias marcó a una generación coral que incluso le siguió cual "coro de peregrinos", pero el poso permanece y no debe faltar el repertorio a capella junto al sinfónico, esta vez con orquesta "hermana" pero algo desequilibrado tanto en plantilla (el doble de mujeres que hombres) como en edad, lo que siempre merma el conjunto.
Del trío solista apunta maneras Laura Rodríguez, una mezzo que terminará en contralto, pues los años irán haciéndola ganar en volumen y registro pues materia prima la hay. Buen empaste de las sopranos, con Ana Peinado ya conocida por su solvencia y profesionalidad junto a su compañera Maite de la Cal a la que tengo que seguir más de cerca, un trío femenino que lleva muchas óperas en su coro con todo lo que ello supone de "aprendizaje en la sombra" y que Joaquín Valdeón conoce de primera mano.
De nuevo el maestro Valdeón, siempre mimando las voces en cuanto a dinámicas con la orquesta, apostó por tiempos extremos, para mi gusto demasiado ligeros porque hacen perder claridad en las agilidades, tanto vocales como instrumentales (las trompetas sufrieron un poco), así como una acústica que no ayuda a una afinación correcta, si bien a lo largo de este Gloria en Re mayor, RV 589 de Vivaldi todo fue encajando según avanzaba. Los tiempos lentos permitieron disfrutar de solos de oboe y cello dignos de resaltar, con resultado global prometedor aunque la música siempre exija tiempo y muchos ensayos, difícil para los estudiantes y casi milagroso en los veteranos, pero somos conscientes de ello, por lo que sigue siendo un placer recuperar esta navidad universitaria.

18 de diciembre de 2016

Carta a SS. MM.

Como todavía me queda algo de inocencia (serán los años), lo único que les pido a Los Magos (lo de reyes sigo sin llevarlo bien por esta tendencia mía a La República) tras los pasados "Años Mahler" sin lograrlo, es poder escuchar en Asturias la Octava Sinfonía "De los Mil"
con todas nuestras orquestas (OSPAOvFil, la Filarmónica de Asturias, la Universitaria, la OCAS, nuestros coros ("El León de Oro", grandes, chicas y peques, igual que el de la Fundación Príncipe y también la Escolanía San Salvador...) con nuestros solistas, que tenemos un montón y de primera (Beatriz DíazElena Pérez HerreroAna Nebot, Mª José SuárezLola CasariegoDavid MenéndezMiguel Ángel ZapaterJuan Noval-Moro...) en mi querida Asturias.
Mantengo mi ilusión en tener a Pablo González (que será padre en este 2017) como director de un acontecimiento que me copió Dudamel, al que le perdono todo... incluso que mi tocayu quisiese llevarlo hasta Barcelona...
Pablo González y Mahler .
Es la ilusión infantil en este día aunque tampoco quiero olvidarme de Forma Antiqva, para quienes vuelvo a pedir un Grammy clásico (se lo merecen, sobre todo los hermanos Zapico, que en el recién acabado 2016 siguieron "a tope" y haciendo historia siempre desde casa con nuevo disco).
También sigo recordando a mis queridos pianistas con Carmen Yepes a la cabeza (trabajado duramente desde Madrid) o Diego Fernández Magdaleno. Mantengo ilusión y pido más composiciones de Rubén DíezJorge Méndez y del siempre "redescubierto" Guillermo Martínez, esperanzado de que los llamados gestores culturales se olviden de esta crisis que parece no acabar, y les den mucho trabajo... ¡No más recortes por favor!,
No sé si ya les han escrito pidiendo para mis violinista favoritos Ignacio Rodríguez y María Ovín (hoy en la OSPA), para traerles mucho éxito en suss estudios fuera de Asturias y trabajo en casa, aunque yo me sumo a esos deseos, y de lo pedido en años pasados faltaron muchas cosas (supongo que por pedigüeño) pero a mi edad no tengo freno, parece que me hizo la boca un diputado.
De mi adorada Beatriz Díaz ya les escribiré otra carta porque se merece todo lo que traigan y más, sé que Vds. lo saben por ser Magos, aunque 2016 haya sido bueno en lo personal con un Luca que apunta maneras musicales...
Para la Ópera necesitaría otra carta de adulto, pero mis papás dicen que ya está bien de pedir... al menos mantener ópera y zarzuela, aunque suprimir la gala de los Premios Líricos Campoamor no me haya gustado mucho...
A todos mis amigos músicos repartidos por el mundo les mando siempre "MUCHO CUCHO®" antes de cada actuación, normalmente de vaca asturiana, y podría escribir una carta más detallada para tantos amigos músicos que tengo repartidos por el mundo (para que luego digan de la "maldición" ENTRE MÚSICOS TE VEAS).
Mientras tanto espero que la palabra corrupción vaya apareciendo menos en nuestra cotidianidad y que la crisis se olvide de la MÚSICA y de toda la CULTURA en general, donde "tijeretazo" se escuche menos que "hoja de ruta" ¡lo qué ya es decir!, para este año 17 que acaba de nacer, aunque nuevamente parezcan estar "duros de oreja" (supongo que con los recortes sanitarios no tendrán ni para un sonotone y la edad no perdone). A propósito, si pudieran parar definitivamente la Ley Wert donde la música en la educación es algo ínfimo y optativo, entonces tiraría fuegos artificiales... pero ya ven que no está entre las peticiones musicales.
Gracias a Los Magos (de donde vengan y utilizando el transporte que tengan) por seguir llenándonos de esperanza e ilusiones.
Pablito, 12 años.

17 de diciembre de 2016

La OSPA Grande con Bayl

Viernes 16 de diciembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Abono 4 "Orígenes I": OSPA, Andreas Weisgerber (clarinete), Benjamin Bayl (director). Obras de Schubert y Mozart.
Cada visita del maestro australiano, afincado en Berlín, Benjamin Bayl (1978), es un placer para mí. Una delicia verle trabajar y cómo hace sonar a nuestra OSPA, desde sus óperas en el foso del Campoamor (Agripina o Bodas) hasta conciertos memorables como el de noviembre de 2011 o marzo de 2013, pero especialmente el de abril de 2014 que como este cuarto de abono de nuevo unía muerte y vida. Obras de dos grandes que murieron jóvenes y compusieron al final de sus cortas vidas joyas musicales en una Viena que respiraba música por todas partes aunque no siempre fuese agradecida con los genios.
Franz Schubert (1797-1828) marcaría la calidad de este cuarto de abono, comenzando con la poco escuchada obertura del "singspielDie Verschworenen oder der häusliche Krieg, D. 787 para una formación ideal en número, especialmente si desde el podio se mantiene el equilibrio ideal de dinámicas y planos sonoros sin sacrificar un ápice el discurrir musical. Joaquín Valdeón, autor de las notas al programa que dejo enlazadas también en los autores, analiza a la perfección esta partitura de "Los conjurados o la guerra doméstica" compuesta entre 1822 y 1823 aunque como casi toda su producción, estrenada tras su muerte nada menos que 33 años después en Frankfurt, y de la que el pintor Von Swchwind dijo tras escucharla "¡Qué profusión de talento e instinto dramático". Digna de abrir programa Bayl la afrontó de memoria y preparando a la orquesta para un concierto emotivo que sacaría de ella todas las virtudes que no siempre apreciamos: entendimiento, sonoridad plena, riqueza de matices, balances, presencias y estilo propio para un Schubert al que todavía le seguimos redescubriendo.
Pero la excelencia vendría en la segunda parte con su Sinfonía nº 9 en do mayor, D. 944 "La Grande", tres años componiéndola y descubierta entre pilas de partituras inéditas por Schumann, estrenada parcialmente en Leipzig por Mendelssohn en 1839 y ya completa en 1850 en Viena. De nuevo Valdeón escribe la génesis e historia de esta novena que en sus clásicos cuatro movimientos supone una verdadera piedra angular del sinfonismo para todas las secciones orquestales. Bayl en busca del "sonido vienés" puro por la tímbrica, no solo por la elección de los instrumentos (trompetas de llaves, flautas de madera o timbales de cobre) sino por la propia disposición (contrabajos tras los violines, violas y chelos permutados, trombones detrás de las trompas), trabajando cada movimiento independiente a la vez que unificador en empuje, tensiones y contrastes. Una maravilla ver esa batuta dibujando las entradas, aplacando con la izquierda cualquier mínimo destello fuera de lugar, dividiendo la cuerda para equilibrar dinámicas y descansar dedos preparando la máxima tensión que permitió escuchar cada sección como una sola. Limpieza en los pasajes, fraseos conjuntados, matices extremos con una tensión única frente al terciopelo deseado. El Andante-Allegro ma non troppo dejó claras las ideas esbozadas en la obertura de la primera parte, con el solo de trompa limpio y "cantabile" antes del desarrollo del primer movimiento tejido cual encaje de bolillos, colorista y vigoroso; el Andante con moto brindó momentos de empaste ideal, pianos con ritmo de marcha y emotividad del oboe bien contestado por toda la madera, pinceladas de timbales broncíneos siempre en su sitio y la cuerda sedosa; el Scherzo: Allegro vivace toda una lección instrumental del mejor sinfonismo equiparable al Beethoven idolatrado e inalcanzable del "pobre Franz", el empuje ternario, las acentuaciones, los crescendos apreciando cada nota, los cambios de aire claramente marcados, y sobre todo el Allegro vivace que derrochó valentía, buen gusto y musicalidad por doquier, heroismo y tributo a los maestros en escritura y ejecución. Es un placer comprobar la calidad y la calidez de la OSPA cuando el maestro Bayl se pone al frente, detallista, enérgicamente sutil y enamorado de la música.
De la maestría de nuestros músicos es buena prueba el papel que se les da como solistas, esta vez el clarinete Andreas Weisgerber que nos deleitó con el Concierto para clarinete en la mayor, K. 622 de Mozart, estrenado el año de su muerte y un testamento equiparable a su trilogía sinfónica final o las últimas óperas. Bayl concerta como nadie, la plantilla resultó ideal para que Weisgerber luciese presencia en la amplia gama dinámica de esta joya, el mismo idioma motívico del Allegro inicial, la ternura casi lírica del conocidísimo Adagio que volvió a ponerme un nudo en la garganta (de la cascada de toses mejor no hablar) más la cascada virtuosamente limpia y plena de musicalidad del Rondó: Allegro, el paso al frente del solista siempre querido e inspirado arropado por sus compañeros, remando en la misma dirección para dejarnos ese clasicismo único del genio de Salzburgo, que como su compañero de programa tendría que morir joven para ser reconocido. Los largos y merecidisímos aplausos a nuestro clarinete alemán desde la creación de la OSPA en 1991 premiaron esta labor de años y la posibilidad de abordar este concierto que no pasará de moda nunca.
La propina resultó un verdadero placer, sumándose a Andreas la trompa de Morató, el fagot de Falcone, la flauta de Myra Pears y el oboe de Ferriol para Requinta Maluca, tercer movimiento de "Belle Epoque in Sud-America", obra  del brasileño Julio Medaglia que recuerda los felices años 20 con ese aire festivo y por momentos cómico que el clarinete pinta en compañía de sus amigos en un quinteto colorido de lo más agradecido. Al menos la música supone la mejor terapia en momentos de dolor y la muerte triunfa como sonora obra eterna, siempre inspiradora y aún más cuando se unen calidad, excelencia... y amistad. Gracias por este concierto que pone fin a mi año sinfónico. El Mesías del viernes 23 me pillará en tierras malagueñas aunque estaré pensando en él con m querido José Esteban G. Miranda comandando todo el conjunto, también un paso al frente de quien más ha trabajado desde el Coro de la Fundación esta página navideña que no falta en Oviedo con una OSPA para la ocasión.

Recordando a Javi Muñoz (In Memoriam)

Mientras el jueves recordábamos a Carmen Díaz Castañón un montón de antiguos alumnos y compañeros del Instituto "Bernaldo de Quirós", contándonos historias de aquellos años felices de nuestra adolescencia, este viernes 16 de diciembre amanecía llorando por la pérdida de mi querido Javier Muñoz con apenas 59 años recién cumplidos.
Amigos desde críos, como nuestras familias, compartimos viajes en el Seat 1500 y después en un Dodge Dart de su padre Antonio Muñoz, el mayor empresario frutero de España y fundador del Polígono de Mieres donde los camiones cargados de fruta llegaban a diario para abastecernos como el slogan de sus tiendas: "Sólo de salud disfruta quien come mucha fruta". Su madre Nieves Álvarez (cuñada de Luis Noriega por su hermana Conchita), nos preparaba muchas meriendas y hasta soportó muchos conciertos en el piano de aquella casa de ensueño en la entonces calle Enrique Cangas, hoy Alfonso Camín, compartiendo profesores, primero Eladi y posteriormente en Oviedo con Mario G. Nuevo. El bachillerato nos separó entre la Academia Lastra y "el Bernaldo" pero volvimos a coincidir en clase a partir de 5º de Bachillerato donde yo era el veterano aunque Javi siempre fue mayor. Alumno brillante, ciencias puras en aquelllos últimos años de dictadura, alternando con la carrera de piano, Javi por el plan viejo, con el concierto de Chopin en 8º (aunque sin la orquesta), yo con el nuevo entre Debussy, Albéniz o las sonatas con violín de Beethoven en casa de Carlos Luzuriaga, de nuevo compartiendo mañanas de sábado. Y los fines de semana escapadas al Rancho, a Vegadotos, al Chorro si hacía buen tiempo, pero sobre todo el largo invierno trufado de guateques, porque en su casa había no solo tocadiscos con las novedades discográficas del momento (Barry White y el Sonido Filadelfia hacían estragos) sino un pedazo de salón con barra, amén de las antiguas cocheras donde jugábamos partidos de fútbol sala con las cámaras frigoríficas cual porterías. Chona, la siempre fiel "ama de llaves" más que muchacha de la familia, con el beneplácito de Antonio y Nieves, preparaba el pincheo para acompañar los refrescos, que ya nos encargábamos nosotros de darle el "toque prohibido" así como los cigarrillos, unos Sombra o Ducados, otros como Javier, siempre un sibarita, John Player Special cuando no unos Piper mentolados. Su hermano Tony ya estaba por Madrid, estudiando para Ingeniero Agrónomo.
El final del verano de 1975 finalizábamos nuestra carrera de piano, para afrontar aquel COU de Física, Química y Matemáticas, "libres" de la carga musical, que nunca lo fue para nosotros. Lo recuerdo como si fuese ayer: Javier en primera fila con su tocayo Recuero, detrás Julín y Luismi Campomanes (figura del hockey en el Patín Kiber), y en la tercera fila servidor, con Dimas Llaneza que además era zurdo y daba mucho juego en aquellos pupitres donde  hacíamos palanca en la barra delantera para elevar la silla del que teníamos delante...
Los recreos nos juntábamos "la pandilla", ciencias y letras ya recién tirado el muro que separaba chicos y chicas, aunque las escaleras seguían diferenciadas. Javier Antuña, Luis Fernando el de la Relojería Dimas, Eduardo Saracho, Alejandro Cuartas, Pepe "el mi chero" desde los seis años, Gil, "Cachito", Carlos, Isaías, Vaquero, Julio Pas, Felipe, Paco... Progres y peras porque ya empezaban a etiquetar por la forma de vestir (Jerseys de lana y botas de Segarra "frente" a Fred Perry, Pulligan y Sebagos, trenkas y loden) más que por las ideas, efervescentes pero aún difusas, siempre con la música y los chistes además de los primeros "amores", no siempre reconocidos.
Franco moriría aquel noviembre de COU y el curso 1975-76 marcaría el fin de una etapa que vivimos en primera persona, Viaje de Estudios por Barcelona, Valencia y Madrid incluido. La universidad nos esperaba a casi todos, Oviedo pero también León según la elección (Forestales o Veterinaria). Medicina esperaba a muchos, Derecho a otros, Minas para los pocos elegidos, Peritos para los que seguían tradición... Javi se fue para Químicas y yo "tirando la toalla" tras mi fracaso en junio decidí hacer Magisterio por Humanidades pese a superarlas en septiembre así como la Selectividad (luego de "la mili" tendría tiempo para cursar Historia del Arte).
Al menos los fines de semana seguíamos juntándonos, la pandilla como tal se había roto con los noviazgos que habían surgido, unos más largos que otros, pero sobre todo que nos hacíamos mayores porque éramos universitarios. La apertura del "42 Piano Bar" en la conocida calle del vicio fue un oasis para Javi y para mí porque era donde manteníamos los esperados encuentros alternando aquel piano de pared (una temporada incluso llevaron uno de cola pero ocupaba mucho) que Isauro y después Tonín y Sabino "Gelín" mantuvieron tanto tiempo, con Adriano "Chele" de barman y cantante ocasional. No faltaban las incursiones a cuatro manos como en nuestros años jóvenes, incluso en 1985 con motivo de la celebración de unas jornadas de la juventud que organizó el Casino de Mieres, nuestra "segunda casa" desde los 16 años, celebramos un concierto en el Salón de la Caja de Ahorros donde estuvo la Tuna (Javi también pasó por ella apenas un par de meses con la melódica, porque siempre fue muy responsable y estudioso, no como "el Corcheas"), un trío para la ocasión con Jami, Miguelón y quien suscribe (foto de abajo), pero por supuesto las cuatro manos repasando temas de los nuestros, El Pájaro Chogüí, Entre dos aguas y lo que se terciase, en la foto de arriba.
Los malos tiempos llegaron tristes, perdiendo lo impensable, crisis de todo tipo, y Javi comenzó a dar clases particulares de Matemáticas mientras intentaba finalizar Químicas con todo el esfuerzo extra que aquello suponía. La UNED, la Facultad de Valladolid, al fin la necesaria y deseada licenciatura. Sería reconocida su gran calidad como profesor y venían estudiantes universitarios de todas las ingenierías además de los bachilleres del Concejo. Cosas de la vida, del emporio de la fruta al poderío del conocimiento, pero sin el reconocimiento ni la suerte siempre esquiva.
Fue perdiendo a su madre, después a su padre, y ganando en alumnado, la vida aprieta, cada vez más horas de encierro y pocas de ocio.
En mi boda allá por 1991 creo que disfrutó con el encuentro de tantos amigos, se puso una pajarita que siempre le quedó bien, pero tantos años en Oviedo me hicieron perder el contacto que quedaba reducido a alguna escapada nocturna los sábados. Cierto que tenía noticias, su afición a la Coca Cola desde los tiempos de nuestra vecina Felita, que compraba por botellones, a las chuches, al tabaco en proporciones nada saludables.
Volví a vivir a Mieres va hacer ahora 19 años, pero Javi salía poco, cada vez menos. Había tenido un ictus y me lo encontraba muy desmejorado, sería el mes de mayo pasado. No volví a verle aunque las noticias seguían llegándome por amigos y compañeros, nada halagüeñas para alguien todavía joven. Ayer recordábamos los tiempos felices del Bernaldo, y hoy la vida me daba otra bofetada con la noticia de su muerte en casa, solo, creo que un infarto rápido, sin sufrimiento físico pero con la inmensa tristeza de la soledad. Me sentí triste, vacío, mal amigo por dejar la cita siempre para otro día, insistirle, llamarle, charlar y rejuvenecer con los recuerdos. "Las sevillanas del adiós" son perfectas para esta despedida:
Algo se muere en el alma cuando un amigo se va...
Javier Muñoz Álvarez, nuestro querido Javi, que "El Lago de Como" (C. Galos) que era tu melodía preferida e interpretabas como nadie con aquellas manos de largos dedos, siempre por mí envidiadas, sea el descanso merecido porque seguirás vivo en nuestro recuerdo. Este sábado a la una del mediodía te despediremos cristianamente en "nuestra iglesia" de San Juan.
DESCANSA EN PAZ amigo.
Foto cortesía de Pedro Martínez Cruz: