Haydn sonó en Oviedo el Viernes Santo

Viernes santo, 18 de abril, 20:00 horas. Parroquia de San Pablo, Oviedo: Joseph HaydnLas siete últimas palabras de Cristo en la Cruz, op. 50, para cuarteto de cuerdas y narrador. Masten Brich (violín), María Ovín (violín), Elizabeth Romero (viola), Luis Correa (cello), Juan Jurado (narrador). Entrada: aportación voluntaria para Cáritas.
Hace años que tengo organizada mi agenda musical para la Cuaresma y muy especialmente la Semana Santa y donde nunca falta esta joya ligada a España compuesta por Papá Haydn, cuya historia no tiene desperdicio.
No es la versión para cuarteto de lo más programado en vivo (siempre se intenta la llamada de oratorio) y menos aún en Viernes Santo, si además el canto lo sustituimos por la narración en castellano, a cargo de un actor profesional y asturiano, intercaladas según vamos escuchando las sonatas. Por tanto un acierto este concierto de cámara, que tenía fines benéficos.
Obra compleja para cuartetos muy rodados pero que pudimos disfrutar con una formación para la ocasión donde contábamos con dos violinistas de nuestra OSPA más la pareja viola y chelo de la Orquesta Sinfónica de Baleares con vínculos asturianos, cuatro grandes solistas que montaron una compleja obra llena de recovecos técnicos que no supusieron más dificultades que las de superar las del pentagrama que Haydn reflejó en una partitura larga en duración y honda para transmitir todas las emociones. Problemas de afinación puntuales pero siempre buen entendimiento que la talla profesional del cuarteto proporciona, claro que sin el plus de ser estables como formación, lo que supondría calidad máxima en la interpretación.
La IntroducciónMaestoso ed adagio y la Sonata I, Largo corresponde a las palabras "Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen", seguidos de la Sonata II, Grave e cantabile para "Así te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso". Desgranando combinaciones tímbricas e instrumentales donde más allá de melodías que pasan del primer violín al cello se crea un ambiente de recogimiento con matices siempre en su punto que el cuarteto siguió a rajatabla. La Sonata III, Grave, "Mujer, ahí tienes a tu hijo, y tú, ahí tienes a tu madre" mantienen el relato casi gregoriano llevado a una reinvención del cuarteto, siempre en tiempos lentos y contrastando agudos en violines con el grave del cello más el "comodín" de la viola capaz de cambiar de planos. Cada uno de los nueve movimientos son joyas independientes engarzadas en una obra de arte global. La Sonata IV, Largo supone la tensión máxima del "Dios mío, ¿por qué me has abandonad?" el Eli, Eli, lamma sabachtani! que todos los grandes compositores han usado para volcar la tensión y emoción del momento, en el caso de Haydn con un despliegue tímbrico sin perder nunca la contención, como la clave central del arco sin la cual la estructura se desmoronaría.
No hay interludio en este cuarteto instrumental como en el "cantabile" pero la Sonata V, Adagio resulta inicialmente menos dura que las palabras "Tengo sed", desnudez en el unísono roto por el pizzicato acompañando al primer violín antes del pasaje árido como si la música endulzase el avinagrado momento, contraponiendo graves y agudos cual luces y sombras. La Sonata VI, Lento supone el "Consumatum est" pero nunca final, el paso intermedio en un camino eterno, también y tan bien escrito en el pentagrama antes del "Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu" de la Sonata VII, Largo. El templo de La Argañosa parecía en su estilo brutalista el marco perfecto para recordar la pasión y muerte, y hasta la acústica ayudó a transmitir estas siete últimas palabras en textos creo recordar que franciscanos.
Todos sabemos el final de la historia, el cielo que ennegrece y se rasga, El terremoto, Presto e con tutta la forza, toda la tensión acumulada tras la meditación desde la música, auténtica adelantada de su época, casi romántica por el derroche sonoro, el mismo de los cuatro músicos cerrando este Viernes Santo donde más que nunca el padre del cuarteto como hoy lo entendemos (también de la sinfonía), rinde pleitesía desde su trabajo al Padre eterno. Música y palabra en el templo.
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