Mahler se impuso a Chopin

Domingo 31 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Jornadas de piano "Luis G. Iberni". Orquesta Sinfónica de Bamberg (Bamberg Symphonker), Dejan Lazic (piano), Jonathan Nott (director). Obras de Chopin y Mahler.
Muchos retoques desde el avance de programación para esta jornada dominical: nada de Orquesta Sinfónica de Estocolmo con Sakari Oramo de director, la crisis nos cambió una orquesta sueca por otra alemana, y al director finlandés por el británico. Tampoco al pianista cubano Horacio Gutiérrez, ingresado con una neumonía, sino al croata Dejan Lazic (1ue además compone e incluso hace transcripciones curiosas como la del Concierto para violín nº3 de Brahms), información puntualmente colocada en la web de mi querido Aurelio M. Seco.
Pero a la vista del programa, que sí se mantuvo, y los nuevos intérpretes contratados, el resultado no podía ser malo, coincidiendo además dos centenarios: Chopin (1810-1849) y Mahler (1860-1911), con una parte para cada uno.
Esta gran orquesta y su titular cumplirán pronto 10 años trabajando juntos, y han conseguido una perfecta compenetración, además de un sonido en cierto modo aterciopelado incluso en momentos de tensión, una paleta cromática (en el sentido del color) tan amplia y específica para cada sección, buscando cada una su identidad denetro de la homogeneidad y siempre atentos a las "peticiones" de los mandobles en la batuta que blande el británico, por lo que a la vista de sus trayectorias, más lo escuchado en Oviedo, hacen de Mahler su seña de identidad. Pese a algunos "gazapos", más por tensión exigida que por inexperiencia, en algunos vientos, realmente pueden afrontar con total seguridad otras obras, como la que abría esta jornada.
No quiero obviar la ubicación en nuestro auditorio de los músicos, una "colocación vienesa" algo variada, con los contrabajos detrás de los violines primeros, el arpa detrás de los segundos y delante de los timbales, con la percusión centrada atrás y las trompas a la izquierda, trombones y tuba a la derecha, más trompetas de llaves en vez de pistones (de nuevo el gusto vienés) en el centro. La sonoridad conseguida resultó mucho más equilibrada para la dinámica y texturas mostradas en la tarde dominical.
El Concierto nº 1 para piano y orquesta en Mi menor, Op. 11 del polaco, con el croata de solista, era buena forma de comenzar, y mi oído aventuró ya en los primeros acordes orquestales, corroborado en la entrada del piano, que este Chopin iba a resultar algo más "calmado" que en otras versiones no muy lejanas del auditorio.
Lazic tiene un sentido del rubato y de los propios tempi de este conocidísimo concierto más "reposados" que las nuevas hornadas orientales, por lo que el Allegro maestoso resultó como se indica en la partitura, majestuoso, pudiendo escuchar todas y cada una de las notas empleando el pedal con mucho tino permitiendo disfrutar de la sonoridad plena de esa joya que es "nuestro Steinway". Stefano Russomanno en sus notas al programa recuerda el "modelo de concierto biedermeier donde el protagonismo del piano era casi absoluto, el diálogo con la orquesta -rebajada a la condición de simple acompañante- se reducía a la mínima expresión y el elemento virtuosístico tenía un papel preponderante". También habla de las supuestas deficiencias históricas de los conciertos para piano de Chopin, así como las críticas sobre la pobreza de su escritura musical, pero realmente la orquesta magistralmente llevada por Mr. Nott hizo algo más que acompañar este larguísimo primer movimiento, fundiéndose su sonoridad con la del piano incluso en los pasajes donde más que virtuosismo lo que el croata brindó fue total lirismo. Ni que decir tiene que la Romanza (Larguetto) resultó conmovedora y que el Rondó. Vivace volvió a corroborar el perfecto acoplamiento entre todos los artistas, con un clima sonoro realmente impactante.
Y aunque pueda parecer que me ciega la pasión, por lo antes comentado sobre el marchamo mahleriano de director y orquesta, la Sinfonía nº 1 "Titán" en Re Mayor iba a ser realmente lo que quedaría en mi "consciente musical".
Ese inicio "Léntamente, arrastrándose" (Langsam, schleppend) parecía un índice de lo que vendría a continuación. Como apuntaba más arriba, creo que la colocación de los músicos resultó muy estudiada para lo mucho que debía tocarse. Los violines I y II tuvieron ese "protagonismo" tímbrico y de presencia mayor que con la colocación habitual, al menos con Mahler. La madera presentó sus credenciales en todos y cada uno de sus atriles. Los "bronces" no se amilanaron pero nunca llegaron a excesos sonoros. Las trompetas fuera de escena y sin ver al director, sonaron tan encajadas que me hicieron pensar en alguna cámara. Cuando volvieron simplemente ganamos color pero no necesariamente más volumen. Y la percusión avanzó la dualidad entre el subrayado y lo protagónico. Los comentarios del primer movimiento reflejan esa especie de índice que yo digo: "es como una caja de Pandora llena de sorpresas, desmesuras, incongruencias, cruces imposibles y mezclas sonoras nada convencionales". También comentaba que la orquesta ha modelado su propia sonoridad en cada una de sus secciones, consiguiendo transmitirnos el ámbito liederístico que flota en toda la sinfonía. Evidentemente el director, con la obra dominada y de memoria, tiene mucho que ver.
El länder del siguiente movimiento, "Poderoso, agitado" (Kräftig, beweget), resultó más de lo primero que de lo segundo, recordándome mucho la versión de Bernstein con los filarmónicos vieneses, que tengo cercana tras el visionado de su DVD "The little drummer boy" precisamente ensayando y comentando la Titán. Creo que la comparación (al menos el recuerdo) deja clara mi impresión de este segundo "round", tal vez menos rubato de lo esperado.
"Solemne y medido, sin retardarse" (Feierlich und gemessen, ohne zu schleppen) es lo que mejor define el tercer movimiento. Ese canon del Frère Jacques (Brother Peter, Lego Diego...) pasado a modo menor que arranca el contrabajo, ubicado además a nuestra izquierda, da paso al resto del "cortejo", y me pone la carne de gallina. Para mí estuvo "presente" mi añorado "Cuervito López" porque esta Titán la hubiese disfrutado como yo, y la "Marcha fúnebre a la manera de Callot" me evocó a este argentino que tanto escuchó y analizó la obra de Mahler. A raíz de ésto, quiero recordar el testigo recogido en el universo blogger por su amigo y colega Fernando G. Toledo desde su blog "Oído fino", que también adora, como sus colaboradores, al gran Gustav. Los cambios de tempo y el retorno de nuevo a esa paz liederística, funcionaron algo "cojos" pese a los deseos del británico, creo que iban "un poco por detrás" de sus indicaciones, pero se logró jugar con una tímbrica que remarcó el caracter deseado por el compositor bohemio.
El cuarto movimiento nos transporta como en una montaña rusa a velocidad de vértigo, "Atormentado, agitado" (Stürmich bewegt), de nuevo el desasosiego y la piel de gallina, las siete trompas en pie para mayor agitación también interior, dramatismo, tensiones, lucha, dolor y frustración pero con "final feliz", aún optimismo y triunfo que se tornarían totalmente opuestos en obras posteriores.
Una maravilla ver cómo Jonathan Nott condujo, y nunca mejor dicho, a su orquesta por estos caminos tan tortuosos, sin notar virajes forzados, sobresaltos en el piso o derrapes para el espectáculo. Sigo prefiriendo el anglicismo de conductor al de director, porque realmente conforman un engranaje que logra la unidad, y donde es necesaria una conducción clara para que el camino recorrido sea lo más preciso y sin sorpresas. La Sinfónica de Bamberg me ha dejado alguna joya por internet, y una es la Quinta dirigida por un jovencísimo Dudamel el 2 de mayo de 2.004 que se alzaría con el primer premio en la primera edición del concurso Mahler de dirección (Regnitz Preisträgerkonzert des Gustav Mahler-Dirigentenwettbewerb), aunque tengo que reconocer que el titular hoy, demostró quién manda...
P.D.1: Críticas de Aurelio M. Seco en Codalario y de JOAQUÍN VALDEÓN en LNE del martes 2 de febrero.
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