Bostezo de una noche de invierno

Miércoles 10 de febrero, 20:00 horas. "Los Conciertos del Auditorio", Oviedo. Orquesta de Cadaqués, José María Gallardo del Rey (guitarra), Elena Copons y Marta Mathéu (sopranos), Jordi Dauder (narrador), Coro Fundación Príncipe de Asturias. Sir Neville Marriner, director. Obras de Mendelssohn y Rodrigo.
Será el resfriado que arrastro desde el domingo o que los años me hacen un repugnante, pero de nuevo otra desilusión pese al cartel de una fría tarde de febrero.
Pude escuchar a la orquesta catalana el año pasado en Valladolid bajo la dirección del asturiano Pablo González, y mis impresiones se han corroborado con el tiempo, una formación más en el amplio panorama sinfónico español, con desajustes achacables probablemente a una falta de "implicación" mayor, pues se dieron en todas las obras interpretadas y no puntualmente, lo que sería más comprensible.
Orquesta de Cadaqués
Tampoco entiendo la elección de un programa con Mendelssohn escoltando a Joaquín Rodrigo ya finalizado el 2009 que sirvió de centenario de nacimiento del alemán y los diez años de la muerte del saguntino, aunque Arturo Reverter en las notas al programa titule "Tributo a la noche" comenzando con que "Bajo el signo o el manto de la sabia Naturaleza discurre esta amena sesión..." que sin entrar en celebraciones, tampoco puedo confirmar lo leído: ni amensa ni pleno disfrute pese a lo conocido del respertorio elegido.
Arrancaba el concierto con Las Hébridas (La gruta del Fingal), Obertura en Si m., op. 26 que la orquesta, excelentemente conducida por un Marriner por el que no pasan los años (nacido un 15 de abril de 1924 en Lincoln, Reino Undo), no fue capaz de seguir las precisas indicaciones del maestro, como un primer aviso que no merma una sonoridad cuidada y unos tempi correctos para poder disfrutar de esas melodías ya con sello propio del compositor hamburgués fallecido en Leipzig.
José María Gallardo del Rey
El archiconocido Concierto de Aranjuez nos traía de solista a un guitarrista sevillano más preocupado por "parecerse" al irrepetible Paco de Lucía que a Narciso Yepes, con una sencilla amplificación que sirvió precisamente para captar los "errores", unos dedos no "muy finos", con excesos de ornamentación en una partitura que tampoco los necesista, y de nuevo desajustes entre solista y orquesta -pese a ser deudora de la grabación en la versión que interpretó del mismo "el niño de Algeciras" con el propio Rodrigo presente en el escenario, con Edmon Colomer-. Aquí reconozco que las comparaciones son odiosas y más que interpretación fue "adaptar una versión" que no es propia... Pero siguió en "sus trece" al regalarnos la Danza del molinero de Falla desde la óptica flamenca del mentado Francisco Sánchez. Y para no olvidar que para el sevillano "lo clásico estaba de más", una composición propia, In Memoriam de Django Reinhardt pero con todos los dedos de la mano izquierda, más un título ya utilizado por otros jazzmen mucho más reputados que el compositor, director y guitarrista sevillano (del que las críticas hablan muy bien, al menos las que él pone en su web).
La segunda parte la ocuparía una versión poco habitual de El sueño de una noche de verano, Op. 21 (Obertura) / Op. 61 de Mendelssohn, con la excelente narración de una de las voces de terciopelo catalanas, y las breves pero correctísimas intervenciones de las dos sopranos,
Jordi Dauder
Elena CoponsMarta Mathéu
también catalanas, con las mujeres del Coro de la Fundación Príncipe de Asturias, lo mejor de la velada (y no por lo breves de las intervenciones), demostrando afinación, perfección y ajustes que no se lograron desde los atriles.
Un sencillo juego de luces ayudó a crear un ambiente que mi cabeza no hacía más que visionar la película homónima de Michael Hoffman (con Kevin Kleine de Fondón, la guapísima Michelle Pfeiffer como Titania y Rupert Everett de Oberón entre otros). Cierto que la música es la protagonista, pero en esta versión narrada conseguimos imaginar todo ese ambiente bucólico de cuento de elfos y hadas, versión más didáctica e infantil que sinfónica, que me provocó algún bostezo que otro.
Sir Neville Marriner ya tiene su placa en el Auditorio de Oviedo, al lado de grandes batutas que han pasado por la capital asturiana... Mientras, espero que mi nariz deje de pingar y mi caracter deje de ser tan refunfuón, porque ¡vaya dos conciertos esta semana!
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