Músicas de Pasión y Pascua en Valladolid

Martes 7 de abril. 20:00 horas. Auditorio de Valladolid (Centro Cultural Miguel Delibes). II edición "Músicas para la Pasión y la Pascua", Programa nº 3. No hubo lleno (difícil en un aforo tan amplio) pero puedo decir que una buena entrada.
Como reza el titular de "El norte de Castilla" "Ainhoa Arteta actúa esta noche en Valladolid con un 'ligero' cambio en su programa: El 'Exsultate Jubilate' de Mozart sustituirá a 'Las Iluminaciones' de Britten". Mi primer "mosqueo" nada más llegar al auditorio, un cambio que ya figuraba en el excelente programa completo que por 5 € traía "todo" sobre este ciclo pucelano (acabado de imprimir el 28 de marzo), corriendo las notas al programa del martes a cargo de la musicóloga navarra María Nagore Ferrer. Tras comprobar mi mala ubicación debida a errores en la compra de la entrada por internet (nada que ver mi ¡fila 1 lateral derecho, pegado a la puerta de salida! con la que "había pinchado en el plano" para adquirir la susodicha entrada, la fila "primera" de atrás y centrado) llega el segundo ó tercer mosqueo al avisar por megafonía que la soprano de Tolosa estaba algo indispuesta (creo entender que comentaron algo de resfriado, nada de faringitis, laringitis o cosas aún peores) pero que no renunciaba a cantar.
El concierto arrancaba, bajo el mando (que no batuta, porque no usa) de mi admirado tocayo Pablo González con la sección de cuerda de la Orquesta de Cadaqués para interpretar La oración del torero, Op. 34 (1926-27) de Joaquín Turina, originalmente para cuarteto de laúdes (1926) y posteriormente "recompuesta" para orquesta de cuerda. Con algún pequeño desafine inicial entre cellos y contrabajo, la versión que nos ofreció el director carbayón estuvo llena de delicadeza, realmente "pasión" del rezo de un torero (...tal vez el Escamillo de Bizet) en la capilla de la Plaza de Las Ventas "catedral del toreo", sutil, con unos pianissimi que pude percibir por mi cercanía al escenario, además de un público pucelano "muy sano" (¡no tose!) que permite escuchar hasta deslizar las yemas de los dedos por el mástil... Riqueza de tempi, dinámicas, planos y todo lo que queramos añadir con una orquesta que conoce como si fuese su titular (premio 2006 de su concurso de directores e invitado en esta temporada).
La aparición de la diva (en el buen sentido) fue digna de película, no voy a entrar en el "modelo de princesa con tules y diamantes", pero realmente irradia luz y su presencia sobre el escenario eclipsa todo. Mi ilusión por escuchar las Iluminaciones de Britten que no son nada habituales en concierto, no se frustró porque el Mozart del motete Exsultate, jubilate, K. 165 podía mostrarnos una Ainhoa Arteta distinta como apuntaba el propio director ovetense en la entrevista que Agustín Achúcarro le hizo en "El diario de Valladolid", edición para Castilla y León de El Mundo: "He de decir que no es el repertorio más típico de Arteta y por eso me parece muy bonito por su parte el acercarse a él con su voz, que sin ser de ligera, aporta a la obra otras cualidades que nos van a dar una versión diferente y por tanto muy positiva". Con no estar al cien por cien y realizar unas cadencias más de "cara a la galería" que "ceñidas" al estilo mozartiano (lo digo porque me tocó ensayarla muchas veces al piano con distintas versiones de esas dificilísimas cadencias), tengo que reconocer que la soprano me deleitó con esta maravilla compuesta originalmente para sopranista. Y el director, pendiente de las respiraciones y rubati de la cantante, sin forzar el volumen de esa orquesta de cámara donde los oboes y trompas estuvieron realmente bien, ayudó sobre todo en ese Allegro: Alleluja para que los aplausos obligaran a la tolosarra a salir varias veces.
Quedaba otra perla de la música religiosa, recientemente destrozada en Oviedo, como es el Requiem en Re m., Op. 48 de Fauré, en la reconstrucción del compositor John Rutter que Pablo González considera que "en ella no se pude explorar tanto la riqueza tímbrica orquestal, al no tener la plantilla completa, y por eso hay que recurrir al color y al peso del sonido, a diferenciar lo que sugieren luz y oscuridad. A mí es la versión que más me gusta, por su homogeneidad y coherencia", reconoció en la citada entrevista de Achúcarro. El Coro de la Comunidad de Madrid (que dirige Jordi Casas Bayer) y el barítono murciano José Antonio López completaron el elenco donde Arteta, ya con "menos que cantar" y liberada de la tensión del plato fuerte de la primera parte, nos brindó un Pie Jesu algo menos apasionado que otras versiones, buscando más el recogimiento que en Mozart. Buena la elección de armonio en vez de órgano (como en el Cantique de Jean Racine, Op. 11), por lo que de riqueza tímbrica que apuntaba mi tocayo, consigue esta reconstrucción, y muy bien la arpista. Excelente el coro en todas sus intervenciones, de gran riqueza sonora, tal vez algo "descompensadas" las voces blancas (¿por mi ubicación en la sala, más cerca de los hombres?), pero que cuando sólo cantaban ellas demostraron el porqué de su fama coral. Dejo para el final la intervención de hermoso timbre a cargo del barítono José Antonio López que nos brindó un Hostias pero sobre todo un Libera me pletórico, rotundo y apasionado, para finalizar "en el Paraíso" coral con la orquesta de cámara en perfecta simbiosis músico-vocal, sin olvidar de nuevo el excelente papel conductor del ovetense con una interpretación menos "tétrica" y más "esperanzadora" de este Requiem, "íntimo y pleno de recogimiento" que escribe María Nagore Ferrer.
Auditorio de Valladolid, Foto de Pablo Siana móvil
Sobre esta obra no quiero olvidar el expléndido libro del recordado vallisoletano Padre Federico Sopeña (1917-1991): "El "Requiem" de la música romántica" (Ed. Rialp, Madrid 1965) donde desde la página 122 hasta la 140 analiza la obra de Fauré. Así en el Capítulo VI "Fauré y su lejanía" dice sobre este requiem que comparándolo con los de Verdi, Berlioz y Brahms... "parece miniatura, algo así como una extraña música de cámara guarnecida contra vociferaciones y trompetería" para finalizar diciendo que "es música de culto de su tiempo y nada más". Pero sobre todo desde el Capítulo X íntegro al "Requiem", el XI "Encanto y austeridad" y el XII "Forma y expresión" no tienen desperdicio, y la interpretación escuchada en su tierra natal estoy seguro que la hubiese aprobado.
Auditorio de Valladolid. Foto de Pablo Siana móvil
Finalmente comentar que hoy repiten concierto en El Escorial esperando la recuperación de Ainhoa Arteta para que los que asistan a escucharla gocen de todo su talento en las obras cantadas ya en Valladolid.
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