2 de julio de 2011

Corroborando las buenas impresiones

Viernes 1 de julio, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Conciertos por Asturias del Coro de la Fundación Príncipe de Asturias, Dúo Wanderer, director: José Esteban García Miranda. Obras de J. Brahms, Javier Busto, Padre Prieto, Albert Alcaraz y F. Mendelssohn.
Tenía muchas ganas de volver a escuchar el "Coro de la Fundación" sin orquesta, primero en los valses de amor de Brahms una vez posados (y pasados) los años para después seguir a capella para corroborar mi última impresión, que fue también con Brahms en el Réquiem Alemán allá por el 15 de abril con la OSPA. Ciertamente no me decepcionaron pese a leves desajustes factibles de corrección y pequeñas indecisiones, más fruto del calor y la relajación de estas fechas vacacionales que de una calidad más que contrastada de la formación coral de cabecera en Asturias, siempre con el "permiso" de mis admirados Leones de Oro.
Con el matrimonio que forman el Dúo Wanderer (María Teresa Pérez Hernández y Francisco Jaime Pantín) el Coro de la Fundación ha trabajado muchas veces, lo que se nota en una compenetración más allá de la habitual en conciertos como el de este primer viernes de julio, y los Liebeslieder Walzer, Op. 52 (Brahms) los han interpretado varias veces, canciones llenas de color inspiradas en la música tradicional vienesa que van desde los alegres coqueteos hasta la desesperación de un corazón roto en un recorrido por todas las etapas del amor. Esta maravilla del repertorio vocal romántico es interpretada con el piano a cuatro manos que tiene tanta importancia como la parte vocal, siendo un goce escucharlos en muchos de los 18 números de que consta, con momentos realmente memorables interpretativamente hablando, de lo que me quedo con el nº 7 (Wohl schön bewandrt war es) preciso y empastado, el lirismo del nº 9 (Am Donaustrande) y sobre todo la conjunción del nº 14 (Sieh, wie ist die Welle klar), de dinámicas bien conseguidas entre todos y las dificultades perfectamente solventadas del nº 16 (Ein dunkeler Schacht ist Liebe). Cierto que no hubo en todos la necesaria precisión en las entradas de unos y otros, finales no siempre iguales o indecisiones puntuales, así como cierta falta de precisión en la afinación y "tirantez" de los tenores (nº 17, Nicht wandle, mein Licht) que no empañan en absoluto la lograda globalidad de esta obra tan romántica con la que el coro que dirige mi querido "Pepu" se encuentra tan a gusto.
Uno de mis compositores corales actuales es Javier Busto de quien interpretaron con corrección su Ave Maria y el O Quam Suavis, tal vez demasiado ajustados a la partitura sin interiorizar del todo la riqueza que ambas partituras esconden y toda la gama dinámica mayor de la escuchada. Siguiendo con la música religiosa del pasado siglo escuchamos del gran compositor jesuíta José Ignacio Prieto (1900-1980), para los asturianos el Padre Prieto, su responsorio Aestimatus Sum, contenido, empastado y bien afinado, comprobando porqué está considerado uno de los grandes compositores corales del siglo XX, para continuar con otro de los jóvenes músicos actuales que más están innovando el repertorio coral a nivel incluso internacional, el alicantino Albert J. Alcaraz (1978) y su Ecce quomodo moritur justus, obra difícil pero agradecida, bien solventada en una interpretación ajustada en la que no faltó el buen gusto ni la necesaria compenetración entre todas las voces.
Y para cerrar la hora de concierto otro habitual del coro, Félix Mendelssohn y sus Seis Motetes, Sprüche o Anthems Op. 79 para doble coro, muy navideños para este inicio veraniego, de los que cantaron los tres primeros: Weinachten (Allegro moderato) muy homófono y sin desequilibrios entre las voces (a pesar de haberlo numéricamente) gracias a una sabia dirección que jugó con los planos sonoros, Am Neujahrstage (Andante) con voces agudas perfectas de emisión y pronunciación bien complementadas por las graves, finalizando con Am Himmelsfahrtstage (Allegro maestoso e moderato), vivo y solemne, empastado, sin forzar ninguna voz para buscar una sonoridad redonda que desemboca en el Aleluya que ponía punto y final a estos tres primeros himnos (me quedé con las ganas de escuchar los seis).
Los muchos y merecidos aplausos obligaron a una propina realmente festiva como es el tema uruguayo Candombe de San Baltasar (también conocido como Candombe del seis de enero) de la pareja "platense" Abel Montenegro y Yabor (1950) perfecta y sabiamente armonizado por la argentina Liliana Cangiano (1951-1997), tristemente desaparecida a la que el mundo coral tanto debe por la renovación de su repertorio, acompañamiento de claves incluído (más acertado que las palmas), con el que disfrutamos todos, coralistas y público, perfecto colofón antes de las bien merecidas vacaciones.
Animarles a continuar en esta línea de conciertos corales que son la piedra de toque de cualquier agrupación, más allá del repertorio sinfónico-coral en el que parecen tener un monopolio bien asentado con los años.
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