31 de octubre de 2011

No es igual

Sábado 29 de octubre, 20:30 horas. Música en la Catedral de Valladolid. Gran Concierto de Otoño a luz de vela: Pilar Cabrera (órgano). Obras de Buxtehude, Bach, Saint-Säens y Reger.
Tenía ganas de escuchar el gran órgano Allen de la catedral pucelana con mi admirada Pilar interpretando un repertorio muy apropiado, y con la invitación me dirigí a la ciudad del Pisuerga para comprobar in situ cómo sonaba.
El aforo casi al completo con gente llegada de distintos puntos de España como bien nos contó Michael Reckling, "alma mater" de estos conciertos, que también se encargó de presentar e ilustrar cada obra y autor así como anunciar la venta de los CDs que se graban en cada uno de estos conciertos (para mí con recuerdos de Les Luthiers).
La decepción surgió con la primera nota del Preludio y Fuga en Sol m, BuxWV 149 de Buxtehude, no por la interpretación, estricta, rigurosa y ceñida a registros, estilos y demás, sino por la sonoridad falsa y engañosa de un instrumento con volumen excesivo y efectos antinaturales. Otro tanto me pasó con Komm heiliger Geist, Herre Gott BuxWV 199, el Coral "Ven, Espíritu Santo, Señor Dios", en la línea del anterior y que no llena como el auténtico soplo de los tubos pese a una interpretación que ganaría en un instrumento acústico.
De "Meine Gott" y admirador de Dietrich pudimos escuchar dos pequeñas joyas: el Coral Gott der Herr ist Sonn und Schild ("Demos Gracias a Dios") de la Cantata 79 (parece que en la transcripción de Virgil Fox) y el Trío sobre el Coral Herr Jesu Christ, dich zu uns wend, BWV 655 ("Señor Jesucristo, vuélvete a nosotros"). Cómo hubiera sonado en un órgano barroco de los muchos que tiene esta tierra, pues la electrónica no rinde honores a tan magnas obras. Cierto que el mantenimiento es nulo, que esta música suena siempre bien indepentientemente de estos "detalles" (mea culpa para álguien que en los años 70 tocaba un Hammond litúrgico en Candás), pero el coste seguramente hubiese alcanzado para un instrumento nuevo como el de Santo Tomás en Avilés o el encargado para la Catedral de León que se estrenará, Dios mediante, en 2013, con todo lo que suponen tuberías en vez de altavoces.
No me convenció escuchar el "Cantabile" de la Sinfonía 3 de Saint-Saëns desnudado de la orquesta, aunque siga siendo un punto y aparte con las cuatro obras anterior para afrontar el grueso del programa. Y desconozco la razón de incluir El Canto del Cuco (1974) interpretado por su compositor, el propio Reckling, cierto que efectista en su escucha estereofónica aunque algo fuera de lugar entre obras de los Grandes del Órgano, pues el remate sería nada menos que Reger y la Fantasía Ein feste Burg ist unser Got, Op. 27 (Fantasía sobre el coral "Un alcázar fuerte es nuestro Dios"), donde el "Allen" no ayudó al disfrute de esta dificilísima obra que causó algún quebradero a la intérprete en la búsqueda y elección de registros (con toda la tecnología puesta precisamente al servicio del organista).
Al menos quité el gusanillo de comprobar sonoridades (de Pilar Cabrera y su magisterio no tenía dudas) pero en estas cuestiones estoy "chapado a la antigua" y sin buscar criterios historicistas, por mucha propaganda del "gran órgano Allen de la Catedral", creo que la grandeza de la música no estuvo al mismo nivel que el instrumento.

29 de octubre de 2011

Catando voces Haragei


Viernes 28 de octubre, 20:00 horas. Sala de Cámara del Auditorio de Oviedo. Concierto Lírico, presentación en Oviedo de la Escuela de Canto y Piano Acompañante Haragei. Patricia Rodríguez, Sonia Martínez, Mª Isabel Segarra (sopranos), Miguel Ángel Arias Caballero (bajo), Manuel Burgueras (piano).
Creo que hay paralelismos claros entre un vino y la voz, así que comparar Haragei con una buena bodega viene como anillo al dedo. El trabajo en ambos casos es complicado, no hay dos cepas iguales, las circunstancias no pueden controlarse, los enólogos / profesores dependen de la materia prima siempre diferente, pero cuando se cree en el producto, se mima, hay sacrificios de todo tipo y el tiempo acaba por rematar todo el esfuerzo previo, lógico resulta que los caldos (blancos, tintos, cavas y demás variantes) acaben por triunfar en un mercado no sólo para especialistas sino también para el público en general que finalmente decide lo que le gusta y no.
El proyecto emprendido hace años por Manuel Burgueras y Elena Pérez Herrero, dos excelentes profesionales perfectamente ensamblados, puede equipararse a dos enamorados de la lírica que apostaron por crear una denominación de origen asturiana para unas bodegas con voces jóvenes llegadas de todo España que el tiempo va convirtiendo en crianza, reserva y gran reserva, asegurando que todavía darán mucha más calidad ante una materia prima de primera.
La Asociación Lírica Asturiana Alfredo Kraus no sólo recuerda a "El Tenor" sino que como todo sibarita sabe invertir en el futuro apostando por nuevas voces y de la tierra, y la "Bodega Haragei" es ya denominación de orígen. Entre ambas, con la colaboración del Ayuntamiento de Oviedo, presentaron en la capital operística asturiana una selección de sus "productos": tres sopranos y un bajo con la necesaria puesta en escena del pianista acompañante lírico número uno, Manuel Burgueras, que además de llevar de la mano y dar confianza a sus voces, listas para la degustación por parte de Elena Pérez Herrero, tuvo que amoldarse a un instrumento no ajustado como sería de esperar en un Steinway (¡hay que mantenerlos!), aunque sólo un Maestro es capaz de domar y recrear páginas orquestales en el teclado. Para ambos la primera felicitación y mi sincero reconocimiento.
El programa elegido para esta muestra abarcó zarzuela, opereta, música religiosa y mucha ópera, muy exigente para todo el plantel vocal sin buscar la comodidad sino la excelencia, "compitiendo" en dificultades cual salto de altura donde cada listón superado añadía centímetros al siguiente tal y como lo definía mi querido Gabriel Rayón al finalizar el concierto. Siguiendo con el símil enológico tengo en mi haber visitar los viñedos durante el año y comprobar la evolución de los caldos en diferentes catas, pudiendo gozar de la progresión del producto.
Sonia Martínez Palomino la podría catalogar como vino joven, paladeando ese ruiseñor de Doña Francisquita, muy intenso en oído por su color y agilidades en el Et incarnatus y muy valiente para una Sonámbula (el aria ¡al completo!) exigente incluso en las llamadas divas.
Patricia Rodríguez es casi un reserva, con cuerpo y poso como Vilja, excelente sabor para Offenbach y su Lucia capaz de recrear haciendo suya una de las partituras más exigentes para su tesitura con la frescura de un crianza ya maduro.

Mª Isabel Segarra es la apuesta sobre seguro, color vocal hermosísimo, buena presencia, dominio en todos los terrenos desde un Magenti sereno, una Lauretta distinta pero convincente y sobre todo una Adriana Lecouvreur que parecía la copa perfecta para una sorpresa agradable que puede dar muchas alegrías a "la bodega" sin necesidad de concursos.

Y el descubrimiento de Miguel Ángel Arias como un blanco joven de sabor maduro, un bajo hecho que tiene recorrido incalculable en cuanto le demos tiempo. Arrancar con Oh tu Palermo no está al alcance de muchos y para despejar dudas cerró también con Verdi y un Filippo que podría firmar cualquier nombre de primera (con el piano de Don Manuel tal parecía un lied), sin olvidar ese Gremin que me inmpactó en el verano y ahora ha madurado con el otoño.
Fue como una cata de voces de esta bodega que comienza a tener tanto renombre que cualquier variedad de uva acabará dándonos un caldo de calidad. La confluencia de buena materia prima y maestría en el tratamiento conforman auténticos prodigios para todos los paladares.

28 de octubre de 2011

Leipzig en el ambiente

Entrada original del día 28 de octubre de 2011 a la 01:19 horas, y suprimida (censurada) por Blogger tras "denuncia" yanqui (de la DMCA, Digital Millennium Copyright Act). Quitados unos pocos links de la llamada "tierra de la libertad", la dejo como estaba ¡y SIN FOTOS! (el programa es público):
Jueves 27 de octubre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, "Jornadas de Piano Luis G. Iberni". Iván Martín (piano), Oviedo Filarmonía, Marzio Conti (director). Obras de Sibelius, Grieg y Mendelssohn.Como si un viento otoñal del norte me revolviese recuerdos, esta tarde Leipzig flotaba en el ambiente y parecía unir las obras programadas en esta vigésima temporada de las jornadas de piano ovetenses que llevan el nombre de su siempre recordado y añorado creador.
Sibelius y su poema sinfónico Finlandia, Op. 26 ponían el aperitivo con una orquesta que está madurando poco a poco de la mano del actual titular Marzio Conti, capaz de lograr maravillas con lo que tiene, transmitiendo su saber y conocimiento de las obras que elige y dirige, donde los metales sonaron realmente potentes y "redondos" con el protagonismo siempre necesario bien secundados por el resto aunque tal vez con "poca pegada" en la cuerda grave.
De las nuevas generaciones de pianistas españoles destaca el grancanario, afincado en Valladolid, Iván Martín que afrontaba el Concierto para piano en La m, Op. 16 (Grieg), otro nórdico pero formado en esa ciudad alemana que haría de nudo gordiano musical, aunque ligado a Copenhague por el estreno de su único concierto para piano, corroborando que a los daneses les llamen "latinos del norte" por la luminosidad y caracter que emana esta obra de la que tan buenas versiones he escuchado en vivo (no puedo más que recordar a Carmen Yepes con la OSPA y Ari Rasilainen ¡hace 8 años!, donde también se programó otro Sibelius y su Tercera).
La visión digamos que "pactada" entre solista español y director italiano apostó por su versión, la del solista: tranquila, reposada en el  Allegro moderato con cierta tendencia a frenar el vigor latente desde el piano, y unas cadencias cristalinas, para lograr mejor entendimiento en el Adagio que resultó plenamente lírico, recreándose todos y paladeando todas y cada una de las notas. Bien el maestro concertando con detalle cada pasaje afrontando el Allegro molto moderato e marcato nuevamente en "pugna" de tempos que evitó una versión más integrada aunque no por ello muy digna donde el pianista canario acabó imponiendo su visión más intimista, echando de menos los ritmos folclóricos más vivos y una pulsión más homogénea e integradora del concierto.
La propina volvió a Leipzig al tocar, sin "su Proyecto Bach" el Adagio del Concierto nº 5 para clave BWV 1056, sonoridades casi sinfónicas nada evocadoras del instrumento original pero con una personalísima interpretación por parte del docente y pianista grancanario que me gustó, tal vez por esta "Pasión Bach" mía que me hace disfrutar con cualquier versión que tenga calidad, y la de Iván Martín la tuvo.
Y del descubridor del Kantor que fue Mendelssohn disfrutamos de su Sinfonía nº 3 en La m., op. 56, "Escocesa" que llenó la segunda parte, nunca mejor dicho, desde una dirección clara, precisa, comunicadora al máximo para tejer con los mimbres de la orquesta ovetense una versión diáfana y muy personal, destacando nuevamente la sección de viento bien arropada por una cuerda que intentó no quedarse atrás ante los muchos requerimientos del director italiano que apostó por dibujar con trazo fino esta obra que analiza a la perfección Ramón Sobrino en las notas al programa.
Como arranque de las jornadas el pianista brilló con luz propia.
P. D.: Comentario de Javier Neira en LNE y reseña de LVA del viernes 28.

27 de octubre de 2011

El León de Oro encantará en Tolosa

Miércoles 26 de octubre, 19:45 horas. Sociedad Filarmónica de Oviedo (Teatro Filarmónica): Concierto 12 del año 2011 (1861 de la Sociedad). Coro "El León de Oro", director: Marco Antonio García de Paz. Obras de Molfino, Rachmaninov, Josep Vila, Victoria, Brahms, Michael Ostrzyga, Xabier Sarasola, Javier Busto, Julio Domínguez y Josu Elberdin.A estas alturas creo que mis seguidores del blog saben que me declaré un "leónigan" y siempre que puedo acudo a disfrutar de este coro que nos da tantas alegrías. Esta vez se presentaban en la "escuela de melómanos" de la Sociedad Filarmónica de Oviedo que tanto ha hecho por la música en Asturias y sigue apostando por ella en tiempos difíciles para la cultura. El repertorio elegido alternaba obras muy trabajadas con estrenos, y la vista puesta en una semana realmente ajetreada que les llevará hasta el prestigioso y famoso Certamen Internacional de Masas Corales de Tolosa (Gipuzkoa), donde acudirán a esta 43 edición con "Los Peques", cantera siempre necesaria para toda institución que se precie (y los coros no son menos que los equipos deportivos), para una auténtica final de la "Champions League" coral donde nuestro coro asturiano lleva años compitiendo con los mejores coros mundiales.
La entrada en la sala por los tres pasillos fue con O Sacrum Convivium (Mofino) que actuó como auténtico bálsamo curativo de toses y ruidos, tal fue el impacto para los socios e invitados del coro, entre los que me incluyo (¡Gracias!).
Ya situados en el escenario ese "Ave María" ruso de Rachmaninov Bogoroditse Devo que es una de las aportaciones interpretativas de este coro.
El primer bloque de polifonía comenzaría con una de las obras obligadas en Tolosa, Sanctus-Benedictus de Josep Vila i Casañas (1966), bien en conjunto tras el "calentamiento" de las dos primeras obras en una obra de dificultades varias y bien solventadas. El doctor Busto ya escribió de ellos que "… el ENTUSIASMO QUE IRRADIA EL CORO, tocará los corazones de los jurados y audiencia" antes de su fenomenal concurso en Maribor, y como especialista y maestro coral creo que es la mejor explicación para comprender lo especial de "los leones" y entender su palmarés en los diez años de andanza por estos mundos. A él se deben también las palabras que aparecen en la presentación de la nueva y renovada Web del coro: "... El trabajo, la tenacidad y, sobre todo, la fortaleza del grupo son los responsables del éxito".
No podía faltar el homenaje a Victoria con Vidi speciosam, perfecto en todos los aspectos y asombrando, como una de las señas de identidad, con su gama dinámica sin olvidarnos de la fidelidad a la obra, polifonía de oro para estos leones.
Dominando todo el repertorio que les pongan delante, otra de sus trabajadas partituras, Warum ist das Licht gegeben dem Mühseligen (Brahms), delicia sonora llena de matices increíbles y romanticismo a rebosar, claroscuros musicales y meditaciones en este motete deudor de los bachianos que llenó de hondura el teatro.
El punto álgido de la primera parte fue Iuppiter de Michael Ostrzyga (1975), estratosférica y durísima que "han hecho suya" tras el duro trabajo del montaje para Maribor, asombrando nuevamente con un repertorio que pocos coros españoles no profesionales pueden afrontar y que los gozoniegos son capaces de emocionar desde las dificultades que escuchándoles no parece haber.
Un breve descanso nos abrió la parte folclórica con obras vascas y un estreno absoluto que siempre es de agradecer por lo que supone de ampliar repertorio coral de calidad.
Xabier Sarasola (1960) es autor habitual del coro y con Zuk Zure Ama, también obligada en Tolosa, un soplo de frescura inundó la sala, y Neskatx' ederra que resultó de un lirismo embriagador desde un euskera que nunca suena duro cuando está bien cantado, al contrario, todo un clásico continuador de la gran cosecha de compositores vascos con el Padre Donostia a la cabeza, y en medio nada menos que Javier Busto y su Bidasoa y Cantábrico común hecho música, otra demostración de buen hacer por parte de todos, trabajo bien comandado por Marco García que saca de ellos siempre lo mejor.
Del gallego Julio Domínguez (1965) escuchábamos en primicia Trébole (puesta en escena incluída con "madreñes y guiá" -el palo de los pastores-), excelente composición coral con "sello de autor" a partir de tres temas asturianos muy bien hilvanados (Que me oscurez, una de las joyas de nuestro folklore autóctono, Pastor que estás en el monte y Sal a bailar buena moza) por un "primo" que conoce muy bien nuestra música y al coro destinatario de su obra, armonías actuales y utilización de ritmos a partir de ese "utillaje" que los luanquinos dominan y resultan la mejor publicidad para Asturias, como podrán apreciar en Tolosa.
Para finalizar el duro concierto Segalariak de Josu Elberdin (1976), nueva vuelta de tuerca en el repertorio vasco igualmente querido y cercano para los asturianos cuyas dificultades técnicas no hacen más que crecerlos: lujo de vocalización, empaste, rítmica y afinación envidiable. Un auténtico placer comprobar que llegarán al concurso guipuzcoano en el punto álgido de su temporada.
Y con "poderío" todavía nos regalaron el Rosas Pandán (G. Hernández) que volvió a rebosar contagiosa alegría entre todos más el bis del estreno para evitar comentarios del tipo "habrá que esperar una segunda escucha para profundizar en la obra".
La técnica al servicio de la música, la calidad en la interpretación y el abrumador dominio de cualquier repertorio hacen que "El León de Oro" gane a pasos agigantados no ya el fervor del público sino la pasión. Los "leónigans" aumentan y (en)cantarán en Tolosa. Ya les mando "MUCHO CUCHO®".
P. D. 1: Reseña pobre en LNE del jueves 27 que parece escrita sin acabar el concierto.
P. D. 2: Crítica de Cosme Marina en LNE del viernes 28.

23 de octubre de 2011

Victoria 16 por 17

 
Viernes 21 de octubre, 20:00 horas. Catedral de Palencia: Conmemoración del 400 aniversario de la muerte de Tomás Luis de Victoria (1548-1611). Conciertos en las catedrales: The Sixteen, director: Eamonn Dougan. Entrada gratuita.
No importa que el gran Harry Christophers tuviese que marchar urgentemente por una dolencia muscular, nada grave, que le impedía tomar el mando, The Sixteen podríamos decir que funcionan solos, aunque su joven asistente estuvo a la altura como no podía ser menos al estar en el grupo desde su fundación. El lleno en la catedral palentina fue casi total, con aficionados que el día anterior habían estado en Valladolid y como "coral peregrinaje" victoriano ("A Choral Pilgrimage" hispano) se desplazaron hasta Palencia e incluso proseguirían hasta León para finalizar el camino, donde poner broche de oro a su XXVIII Festival Internacional de Órgano Catedral de León. Las palabras de Samuel Rubio antes del concierto, al igual que sus excelentes notas al programa, específico para esta gira catedralicia castellanoleonesa del gran coro inglés, nos recordaban que el gran Victoria "acaba de morir hace solo 400 años" y cómo para muchos sigue siendo un gran desconocido. También la originalidad del programa elegido por temática exclusivamente mariana y lo gratificante que resulta escuchar un programa dedicado a la Virgen que no es de lo más popular que escribió el abulense, aunque con la calidad de obras e intérpretes sumados a los comentarios escritos de las obras, hicieron a los presentes "fundirse alma y cuerpo a consecuencia de un orden ya no sólo espiritual y litúrgico sino también estilístico y musical". Hasta los tapices de fondo eran de inspiración mariana, no sé si feliz coincidencia o búsqueda a propósito, pero todo resultó perfecto.
De las 17 voces para la ocasión contaron con 6 voces blancas que son un lujo, emisión perfecta, agudos nunca punzantes, empaste envidiable y además "reforzadas" puntualmente por cuatro contratenores (2 sopranos y 2 contraltos) también increíbles doblando por igual a las graves en otras obras y consiguiendo un colorido tímbrico como sólo los coros ingleses son capaces -en Asturias El León de Oro "está en ello"-, desde una formación casi camerística pero que dominan todos los detalles no ya de la partitura sino hasta la acústica de los templos donde se compusieron e interpretaron estas obras que recrearon desde la exquisitez y el dominio.
Pude incluso asistir a la prueba de sonido anterior y aquéllo era gloria sonora. El concierto toda una levitación agnóstica desde el más profundo respeto mariano. Los enlaces que dejo en las obras son orientativos, a algunas partituras y vídeos pero no todos interpretados por The Sixteen ¡qué más quisiéramos! ¿eh?.
Comenzaron con la Salve Regina (a 5) y prosiguieron con el Kyrie y Gloria de la "Missa Alma Redemptoris Mater" (recién grabada por ellos mismos), perfecto contraste dinámico del lento al vivo donde la música siempre está al servicio del texto latino, con un colorido vocal extremecedor.
Un bloque de cuatro vendría a continuación: Alma Redemptoris Mater (a 5), Himno - Ave Maris Stella donde las campanadas de "la media" pusieron el colorido, Gaude Maria Virgo y Alma Redemptoris Mater (a 8). Destellos de luz en la sombra, empaste perfecto, afinación increíble, con un sentido del tactus renacentista que nos dejaron boquiabiertos, y el gozo de lo bien hecho.
 No se quedó atrás el Magnificat Octavi toni, donde los versos gregorianos sonaron a "gloria" contrastando la polifonía más perfecta para un texto que "proclama mi alma a la grandeza del Señor".
Otro bloque de tres, roto tras el primero ante los aplausos de un público enfervorizado desde el recogimiento que produce escuchar estas voces casi inmateriales: Congratulamini mihi, tal vez interrumpido por cantar "Felicitadme todos los que amáis al Señor" y finaliza con el "Aleluya" capaz de levantar el ánimo al más triste; Sancta Maria, esta vez en "socorro de los miserables y ayuda a los pusilánimes" y Ne timeas Maria, sin temor ninguno, masticando cada final de frase, cada consonante flotando en el ambiente, colorido vocal y textura polifónica desde el envidiable dominio total que ha hecho de esta formación inglesa referencia mundial incluso para nuestro Victoria.
Tras escuchar los cuatro cuartos con sus correspondientes nueve campanadas llegábamos a la recta final, donde la antes comentada disposición de los contratenores consiguió nuevas dimensiones sonoras, volviendo a la Misa de la "Madre Santa del Redentor": el Sanctus que parte del gregoriano tan explícito, presente pero difuminado (como bien lo describe Rubio) y el policoralismo que después "patentarían" los barrocos venecianos seguramente conocedores del magisterio de Victoria más que el de Palestrina, para que no lo olvidemos.
Finalizaría este concierto mariano de la mejor forma posible con las Litaniae Beatae Mariae, música y texto "causa de nuestra alegría... Paraíso de gozo...", nunca tan a propósito ante el despliegue sonoro y magistral interpretación de "El XVI cantado por 17".
Era el esperado cierre a mi "Semana Musical" ante la imposibilidad de estar en León para despedir un Festival que ha puesto el listón muy alto en plena crisis. Enhorabuena y mi gratitud por traernos estas joyas amén del siempre necesario Victoria que nunca muere y menos cuando se interpreta así.
P.D.: Crítica en El Norte de Castilla del día siguiente, aunque no se enterase que el director fue Eamonn Dougan...

21 de octubre de 2011

Réquiem borbónico

Jueves 20 de octubre, 20:00 horas, Auditorio de Oviedo. Concierto de Clausura de la XX Semana de Música CajAstur: Orquesta Juvenil Luigi Cherubini, Coro de la Fundación Príncipe de Asturias (maestro de coro: José Esteban García Miranda); director: Riccardo Muti, Premio Príncipe de Asturias de las Artes 2011. Réquiem en Do menor (L. Cherubini).
Da gusto tener amigos que me consiguen entradas para estos eventos restringidos donde mucho público no es el habitual de los conciertos, incluso ni saben quién actúa o la obra que escucharíamos. Eso sí, tosen como "profesionales" a 60 por minuto, alternando caramelos y comentarios variados que ni se dan por aludidos ante una mirada enfadada del Maestro.
Pero claro, asisten los Príncipes y no importa estar 30 minutos sentado en la butaca por protocolo, ni siquiera hacer esperar cinco al director antes de arrancar con un "Himno de España" que en la joven orquesta fundada por Don Riccardo sonó muy italiano como no podía ser menos.
La obra elegida no es habitual y tampoco muy agradecida, pero hay que reconocer que los duros ensayos del coro lograron una versión más que digna, sumando otra gran batuta a su currículo.
De las notas al programa del académico Antonio Gallego tituladas "Armonía, consenso, universalidad, los valores que nos salvan" casi diría que fueron premonitorias en un 20-O histórico en que comimos con la noticia que Gadafi había muerto para proseguir con ETA anunciando su final (!). El título de la entrada no es lo que parece (anunciaríamos La Tercera) sino por el origen e historia de esta obra para coro y orquesta bien analizada por el académico zamorano, que Muti ya grabase hace años junto al de Verdi (además del Réquiem para voces masculinas) y que era lógico trajese a Oviedo con "su orquesta" que lleva el nombre del compositor, teniendo además un coro asturiano que en estos momentos puede con lo que le echen siendo capaz de amoldarse a todos los repertorios y directores, lo que es un mérito enorme. De este Réquiem escribe Gallego en las notas que "al margen de sus habilidades músicas, que fueron abundantes, también tuvo la de mantenerse en el poder con regímenes tan distintos como la República revolucionaria, el Imperio y los nuevos Borbones, un buen ejemplo de lo que hoy podríamos denominar consenso".
De la dirección todo un lujo, y más conociendo cómo logró transmitir a orquesta y coro lo que la partitura esconde. Los jóvenes instrumentistas lograron una versión casi impecable con unas dinámicas formidables solamente rotas en los pianísimos por las toses que no cesan nunca ¿hasta cuándo? y un sonido compacto que además empastó a la perfección con el coro.
Las voces asturianas tuvieron que afrontar pasajes muy difíciles, sforzandos, ataques precisos y claros para recoger hasta lo imperceptible, crescendos y decrescendos muy logrados y sobre todo esas notas en el registro de paso tenidas, muy largas que les dieron más guerra de la cuenta a algunas cuerdas pero compensadas por la igual riqueza de matices que la orquesta, destacando para mi gusto un Dies irae casi profético que pareció acallar los carraspeos disparados desde todos los ángulos tras el golpe de gong, y el Sanctus de una delicadeza expresiva, afinación y perfecta emisión, nunca tapada por la orquesta que no estuvo a la zaga sino que compartió en todo momento sonoridades y emociones como así transmitía el Maestro.
Muti siempre en su sitio crítico desde la música: antes del concierto ("Antes que nada hay que educar a los políticos..."), nada más llegar a Asturias, donde tiene conocidos de juventud (Vicenzo Menghini) y de madurez (Beatriz Díaz estuvo con él tras el concierto), unos ensayos duros para conseguir transmitir su visión de este Requiem, durante el concierto soportando estóicamente la espera real junto a la mala educación, y después, departiendo amigablemente con tantos amigos asturianos, rematando en el Teatro Campoamor estos tres días con nosotros para recoger su galardón. Maestro mil gracias y enhorabuena por un premio que le liga un poco más a nuestra tierra.
Un "Asturias, Patria Querida" de compromiso (protocolo obliga) cerró esta vigésima semana musical asturiana de los Premios Príncipe de Asturias, aunque queda todavía el broche...
P. D.: Auténtica avalancha en la prensa regional:
Crónica de Javier Neira en LNE, crítica de Aurelio M. Seco en LVA y de Ramón G. Avello en El Comercio, del viernes 21.
Discurso íntegro de Muti (también el televisado) pronunciado en el acto de entrega del Premio, y comentarios sobre el mismo que llegaron a la Prensa Nacional, más allá de lo puramente musical e institucional.
Artículo del último titular de la OSPA Max Valdés sobre Muti en El Comercio.
Noticia en LNE con la entrega de la Medalla de Oro de Auditorio al Maestro Muti.
Artículo de García-Alcalde en LNE.

19 de octubre de 2011

Piacere Zapico

Martes 18 de octubre, 20:00 horas. XX Semana de Música Cajastur, Centro Cultural CajAstur de Mieres. Forma Antiqva: "Concerto Zapico". Entrada libre, aunque apenas medio aforo.
Mi pueblo no podía quedarse fuera de esta semana de los Premios Príncipe de Asturias y menos perderse el placer de volver a escuchar los hermanos Zapico en su forma original, casi me atrevería a cambiar el título de la entrada por "Aún queda cuerda para rato".
El programa, original en presentación y planteamientos, lo tienen tan dominado que siempre resulta nuevo, van aportando detalles sutiles y su satisfacción en el escenario interpretándolo la transmiten al público. La madurez está llegando en todos ellos y poder disfrutar con lo hacen es algo digno de destacar.
El repertorio está hecho a su medida, los arreglos sacan de los instrumentos sonoridades plenas con una gama de matices realmente destacable, y logran sonar compactos cuando suena el trío, virtuosos en sus solos, ensamblados a dúo y sobre todo inimitables sin perder nunca ese toque de humor y guiños cómplices realmente envidiable en obras festivas donde la danza casi nos mueve de las butacas.
Los cinco bloques pasan revista a sus autores "de cabecera" de España e Italia (José Blasco de Nebra, Santiago de Murcia, Diego Ortiz con Ludovico Roncalli, Bernardo Pasquini, Domenico Scarlatti) sin faltar el "condimento" Kapsberger y las formas elegidas donde destacan fandangos y folías, sin olvidarse pasacalles, ricercadas, diferencias y sobre todo las improvisaciones tan del gusto barroco que da gusto redescubrirlas cada vez que los escucho en vivo.
Imposible y demasiado extenso analizar todas y cada una de ellas, un "Menú de los sentidos" apetitoso con cinco "platos" bien condimentados y magistralmente cocinados, sin olvidar la presentación donde el cambio de dos "especias" más que "ingredientes" es capaz de mantener el mismo paladar del danzar barroco:
La velada por fandangos comienza (los siempre fieles Blasco y Murcia)
pero sin ser todo del diablo su son... (añadir la magia Kapsberger)
y con alguna fina sutileza... (con Roncalli cual sorbete de limón)
siguen bayles populares de salón... (se suma Pasquini con Diego Ortiz)
para poner fin así como empieza (el postre gallego de Sebastián y el Fandango Doménico).
Todavía tendríamos un último baile de despedida tras una hora abundante de mesa y mantel.
La acústica para el público buena, incluso con armónicos producidos que redondearon un buen menú, y sobre todo: redescubrir el registro de laúd en el Clave del Zapico Mayor que logró "hermanar" a la perfección, la Tiorba de Daniel siempre sorprendente en todas sus intervenciones tanto solistas como de bajo continuo e incluso rítmicas, y la Guitarra de Pablo cada vez más impactante por presencia y equilibrio dentro del trío, auténtico todoterreno.
Un andaluz diría que este martes estuvieron "sembraos", pero de todo quiero destacar el momento dulce de Aarón cuyos ornamentos desde una técnica depurada me sonaron como el toque de Chef más allá del famoso perejil de Arguiñano. Siempre un placer escucharlos, aún más en directo y en mi casa que también es la suya. Gracias Zapico's.

18 de octubre de 2011

Lieder sin café

Lunes 17 de octubre, 20:00 horas. XX Semana de Música de CajAstur. Centro Cultural San Francisco, Oviedo: Cecilia Lavilla Berganza (soprano), Luis Santana (barítono), Juan Antonio Álvarez-Parejo (piano). Obras de Berlioz, Gounod, Chausson, Saint-Säens, Donizetti, Mendelssohn, Gómez Carrillo, Guastavino, Chapí y Sorozábal.
Media entrada en el salón ovetense con algunas señoras que cambiaron la merienda del Rialto por este recital, ruidosos caramelos por pastas y cuchicheos por conversaciones en voz alta, aunque faltó el café con el ruido de cucharillas en la taza, y algo más de calidad en los cantantes para un repertorio variado, difícil y por momentos poco agradecido, pero que para mis compañeras de butaca fue algo "muy guapo" sobre todo en los finales a pleno pulmón que disfrutaron más que yo.
De los genes de Cecilia, incluso del nombre elegido por sus padres Félix y Teresa, habría mucho para contar aunque menos para cantar. No me gusta su color de voz, su timbre y registros desiguales, desde el metálico agudo hasta el imperceptible grave, salvando el medio pero con poco volumen. No le puedo negar el trabajo ni la ilusión, incluso detalles de mucha musicalidad en algunas partes del programa que comentaré más adelante.
Del barítono zamorano aún me quedó con menos, imperceptible en el grave, "chillón" en los agudos, defectos aún por pulir en cuanto a los ataques, dicción deficiente ¡hasta en español! y tan nasal con el francés que hacía irreconocible su color. Puso interés en momentos puntuales pero la partitura delante le ató en demasía y no siempre hubo empatía ni siquiera empaste con su compañera de escena.
De mi admirado maestro Álvarez-Parejo, auténtico repertorista de referencia, resultó excelente en los lieder pero algo desmesurado para el final de un concierto que rondó la hora de duración sin apenas descanso. Creo que estuvo más centrado en el repertorio francés y alemán que en el latino, incluso en lo hispano podría achacarle algunos excesos dinámicos, si bien las voces quedaron demasiado tapadas no ya por la dinámica desde el teclado sino por el poco volumen de los registros canoriles.
El repertorio estuvo bien organizado, aunque no siempre fuesen dúos originales para soprano y barítono (lo que influyó en el resultado final pues no es igual el empaste con una mezzo o contralto, y no digamos ya con otra soprano, genial si además es tu madre), y del que anoto autores tanto de la música como de los textos (pues así aparece en los excelentes y seguramente caros programas) más breves comentarios personales:
Comenzamos en Francia con Berlioz y Le trebuchet (letra de E. Deschamps) que pienso nos pilló a todos demasiado fríos. Prosiguió Gounod con tres canciones que fueron como un serrucho (por los altibajos): La chanson de la brise (Ch. Ligny) subió un poco el nivel para un excelente y tranquilo D'un coeur qui t'ame (J. Racine) que arranca la soprano para contestar el barítono y proseguir a dúo con un acompañamiento plenamente integrado, bajando un peldaño el la movida L'arithmétique (Th. Marzials). Siempre mejor en las canciones lentas, de E. Chausson disfrutamos con La nuit (Th. de Banville) que sonó aseada para entrar en tres difíciles "canciones" de C. Saint-Säens: la animada Pastorale (N. Destouches) con el piano protagonista entre los temas a dúo, Viens! (V. Hugo) más encajada por todos y en "mezzo tempo", y el conocido bolero El desdichado (anónimo) del que no haré chiste fácil, obra hermosa y movida pero desigual hasta en la dicción que no es ajena como en el resto y me costó entender ¡qué me importa que florezca!.
Para cerrar este primer bloque dos dúos italianos de mi siempre cercano Donizetti: L'inconstanza di Irene (Metastasio) e I bevitori (Tarantini), mejor que la primera aunque hubo desequilibrios dinámicos entre un barítono de poco volumen y una soprano que incluso le tapaba en los dúos, con un piano siempre en su sitio que no rebajó planos.
Pequeña pausa para afrontar una segunda parte más dura y desigual. Mendelssohn tiene obras poco escuchadas pero que resultan tesoros dentro del lied en la línea de los que se escuchaban en aquéllas "Schubertiadas" de su Leipzig natal, y para el concierto carbayón los intérpretes eligieron cinco: el emotivo Abschiedslied der Zugvögel (H. von Fellersleben) que sirvió para ir centrándose todos, Gruss (J. von Eichendorff), el mejor de todos por la homogeneidad de su interpretación, el animado Herbstlied (K. Klingemann) del que apenas escuchaba las vocales ¡y el alemán exige todo! pero que mantuvo el nivel musical, Abendlied (Heine) que casi utilizo para titular la entrada, una canción para la tarde que resultó como ella desigual por los planos sonoros, y el vivo Wasserfahrt (también de Heine) como el más flojo de todos por unos reguladores que de tan extremos hicieron perder la línea expresiva más en la voz grave que en la blanca. De los cinco un piano excelente que no es acompañante sino uno del trío.
Dejamos atrás lenguas "extrañas" y llegó el universal español a partir del folklore argentino que respiran las obras de los dos compositores siguientes donde el piano comparte protagonismo cual guitarra sinfónica:
Manuel Gómez Carrillo, con dos canciones desiguales en interpretación y con sabor "goyesco" pese a las distancias con el otro lado Charco que la música siempre une o trae de vuelta, aunque ininteligibles ambas en la parte cantada: la zamba anónima Yerba buena donde el protagonismo acompañante por excesivo acabó impidiendo mejor resultado, y La ofrenda del trovador (M. Ugarte) de la que sólo reconozco el título por haberlo leído.
Y el siempre emocionante Carlos Guastavino tiene maravillas líricas para canto y piano de las que escuchamos dos dúos que pesaron por el intento de un acento porteño exagerado cuando pueden cantarse incluso abusando de pronunciaciones como si fuésemos japoneses: Arroyito serrano (1939) y Pueblito, mi pueblo (F. Silva) que sonó excelente en cuanto los intérpretes la hicieron pianíssimo, más difícil que el pleno pulmón y también más agradecido para unos pocos que de la milonga destacaremos el recuerdo del "café".
Parece mentira que la zarzuela, lo nuestro, haya resultado de lo "menos bueno" en intérpretes que este repertorio les exige tal vez menos que el resto y sin embargo está menos trabajado. De Chapí afrontaron el dúo de Rosario y Pepe de la "El puñao de rosas" con más pena que gloria, siendo imposible entender la letra en los pasajes rápidos y mal empaste vocal, además de un casticismo algo rancio. Para seguir cuesta abajo (y no el tango) el dúo de "Don Manolito" (Sorozábal) cerraría un "sin café concierto" del que precisamente lo de casa quedará en el olvido, con unos graves inaudibles en ambas voces y unos agudos descolocados además de chillones para "la galería".
Y nuevamente un público entregado fue el beneficiario de dos propinas que deberían haberse usado para calentar las voces y no de cierre, dado que conllevan agilidades y melodías preparatorias como técnica vocal excelente que, cuando las voces son de primera, pueden resultar agradecidas para público e intérpretes: del francés Offenbach el Dúo de la mosca del "Orfeo en los infiernos" (bien el moscón y no de Grado) y el popular Dúo de los gatos de Rossini, sin problemas de letra ni de interpretación aunque siempre me gustan más las gatitas, y que tras la hora previa hubiesen servido para comenzar un concierto en condiciones.

17 de octubre de 2011

Oyarzábal, el segundo ¡aún mejor!

Entrada original del día 17 de octubre de 2011 a la 14:37 horas, y suprimida (censurada) por Blogger tras "denuncia" yanqui (de la DMCA, Digital Millennium Copyright Act). Quitados unos pocos links de la llamada "tierra de la libertad", la dejo como estaba ¡y con MIS FOTOS!:
Domingo 16 de octubre, 20:00 horas. XXVIII FIOCLE. Catedral de León: "Bach entre virtuosos franceses", Daniel Oyarzábal, órgano.
En menos de venticuatro horas y con un programa originalmente montado pero totalmente distinto al de Santa Marina La Real volvía el intérprete vitoriano a impresionarnos con su talento en el instrumento neoclásico de Organería Española S.A. que no parecía el mismo del día 8. Si entonces comentaba que la catedral no merecía un instrumento en ese estado, tras escuchar los virtuosos franceses alternando con "Meine Gott" en los dedos y pies de un organista increíble puedo encontrar la respuesta tras mis dudas. Ejecutando de memoria todas las obras, mientras las partituras con las anotaciones estaban en manos de su ayudante (el mismo que con el alemán, creo que cotitular del templo catedralicio y lamentando no conocer su nombre 1), hacía tiempo que no me impactaba nadie así no ya por la dificultad del repertorio, que es altísima, sino por las cualidades que apuntaba en el concierto del día anterior, unidas a una musicalidad que transmitía en cada nota.
En cada obra todo un despliegue de conocimientos y técnica apabullante, con virtuosismo pero también emoción y mucha sabiduría. Hasta el pedal de expresión funcionó en todo su explendor y los tutti parecieron ensamblarse con la desafinación imprescindible. Detallo autores y obras, destacando la hondura del Bach puente, fuente e inspiración del resto:
Alexander Guilmant: Final de la Sonata I en Re m. inicio impactante como mostrando las cartas sin pudor de lo que se avecinaba.
Erbarm dich mein, o Herre Gott, BWV 721, con una registración plenamente bachiana de melodía en clarín, mano izquierda de apoyo y el pedal sustento necesario para lograr pureza tímbrica.
Eugène Gigout: Toccata, agilidades sin perder nunca la claridad sonora.
Meine Seele erhebt den Herren, BWV 648, para dos teclados y pedal en la misma línea del anterior Bach y digno de un organista que trabaja como titular en la Iglesia Alemana de Madrid, así como principal de la OCNE.
Louis Vierne: Carrilon de Westminster, siempre perceptible y arropado por juegos y texturas desde la limpieza expositiva y expresiva del pedal que no titubeó en los amplios reguladores que la obra exige unido al trabajo "extra" de los pies.
Contrapuntus I de "El Arte de la Fuga", BWV 1080, sin pedales y con uniformidad tímbrica para poder disfrutar del tejido bachiano.
Charles-Marie Widor: Toccata (de la Sinfonía nº 5, Op. 42/1), auténticos fuegos sonoros desde un despliegue de registros que parecieron sacar del "cincuentón" órgano leonés sus años jóvenes.
Jesu, meine Freude, BWV 610, un teclado más pedalero grave renovando los votos por El Kantor de Leipzig.
Léon Boëllmann: Toccata (de la "Suite Gothique") con sabor cinematográfico, sin perder nunca la riqueza rítmica en la mano izquierda y jugando con los dos teclados y pedales que lograron sonoridades impensables y el trabajo extra del ayudante.
Ich ruf' zu dir, Herr Jesu Christ, BWV 639, nuevamente los dos teclados, uno por mano y el pedalier, hondura, profundidad y buen hacer desde una memoria prodigiosa, haciendo notar que estos dos últimos Bach los cambió para el concierto buscando todavía mayor "unidad dramática" como hizo saber por megafonía el director del Festival antes del comienzo.
Olivier Messiaen: Transports de joie d'une âme devant la gloire du Christ qui est la sienne (de "L'Ascensión") suponía el magistral cierra de un programa harto difícil que no tuvo ni un momento de descanso físico ni mental para el intérprete alavés.
Y si aún no me creía todo lo que pude escuchar, el todoterreno Oyarzábal que está transcribiendo para órgano nada menos que a Prokofiev nos deleitó con unos "Capuletos y Montescos" más que pianísticos ¡óptimos en plenitud sonora! como si realmente hubiesen salido de los tubos antes de dar el gran salto sinfónico. Más que nunca el instrumento rey volvió a imponerse gracias al reinado de un gran organista que dará muchas más satisfacciones.
1) Maravillas del "Facebook®", el nombre es Guillermo A. Ares, a quien felicito desde aquí.

Estreno de Carretero por Oyarzábal en León

Sábado 15 de octubre, 20:30 horas. XXVIII FIOCLE, Iglesia de Santa Marina la Real (León): Daniel Oyarzábal, órgano. "Cuadernos para el Órgano Echevarría de Santa Marina la Real de León".
Siempre es un placer volver a la coqueta iglesia leonesa para escuchar su excelente "Echevarría" con obras que en él suenan impolutas como si el tiempo de ellas fuese el nuestro, y más si el organista es de la talla del vitoriano Oyarzábal, capaz de sacar todos los recursos de un instrumento emparentado con el de Salamanca.
Todo el programa elegido con el subtítulo de "Música para un órgano mesotónico" pasaría por el casi obligado homenaje a Victoria y acabaría con el estreno absoluto de "Tríptico" de Alberto Carretero Aguado (1985), encargo del Festival que pasará a engrosar la colección de música para "el Echevarría leonés" a partir del propio folklore de la tierra, y que volvió actual un instrumento por el que los años pasan para bien.
Del intérprete alavés comenzar diciendo que su fama internacional es lógica a la vista de lo escuchado. Escrupuloso en la elección de los registros, con cambios justos, ayudado por dos señoritas en todo el proceso, comedido en las sonoridades (apenas usa los tutti), de un virtuosismo hepatante pero siempre al servicio de la música, su concierto resultó impactante y del programa iré añadiendo algunas pinceladas y comentarios.
Comenzaba con el breve Ballo dell'intorcia (Antonio Valente) para ir templando desde Italia con la música de este clavecinista y organista del siglo XVI, prosiguiendo hasta Alemania en un juego con los dos teclados de la Gallarda en Re m (Heinrich Scheidemann) y la Canzona en Re m (Mathias Weckmann), todo un despliegue de bajoncillos, címbalas y tapadillos, agudos con un perfecto equilibrio de planos sonoros en ambas manos.
Del anónimo del XVI Fantasía sopra ut-re-mi-fa-sol-la (Johann Jakob Froberger) salieron nuevas combinaciones tímbricas en cada una de las variaciones con una técnica del vitoriano sorprendente, para proseguir con las movidas Danzas antiguas venecianas del mismo compositor barroco alemán y que me impresionaron por las excelentes ornamentaciones y nuevamente el juego de volúmenes mediante el cambio de registros para lograr los contrastes piano - fuerte tan del gusto de la época.
Con el sabor veneciano en la transición del Renacimiento al Barroco llegaron el Ricercare del VII tono y la Canzon francese (Giovanni Gabrieli), el primero con registros agudos en el primer teclado, y la segunda con llenos y violones muy movida.
Pasamos a la Holanda germana del Onder een linde groen (Jan Pieterszoon Sweelinck) no en virginal sino a órgano con otra muestra de registros contrastados en ambos teclados (y no sólo en uno) y donde la mano izquierda siempre resultó clara y equilibrada con la derecha en los planos melódicos, cual preparación para una de nuestras maravillas españolas: las Diferencias sobre el canto llano del Caballero (Antonio de Cabezón) utilizando solamente un teclado que nos transportó a la pureza hispana y con la presentación del motivo en un "lleno" redondo antes del virtuosismo de cada variación del compositor burgalés. La Toccata prima (G. Frescobaldi), pese a que el propio Oyarzábal diga que son "antidivos", sonó pletórica, con mixturas y plenos potentes unidos al despliegue virtuoso en ambas manos como corresponde a la forma utilizada por el italiano.
El homenaje al gran Victoria en el 400 aniversario del abulense vendría del motete "O Magnum mysterium" in Die Circumcisionis Domini totalmente vocal no ya en intención sino en la búsqueda sonora al utilizar un único registro que permitía seguir mentalmente las cuatro voces, y el cambio de teclado para lograr el clímax final.
Pero faltaba el estreno del joven catedrático de música contemporánea y compositor sevillano Alberto Carretero: "Tríptico" para órgano ibérico del que sus propias explicaciones en el programa apuntaban por dónde vendría el despliegue compositivo y el descubrimiento de las posibilidades "escondidas" del órgano Echevarría, como también figura en la página 38, engrosando los "Cuadernos" (van tres tomos) con una obra para un instrumento que el maestro andaluz, como me comentaba tras el concierto, pudo investigar con tiempo para lograr de él unas sonoridades y sutilezas que Oyarzábal supon transmitirnos como nadie podría en estos momentos. Hubo que preparar cuñas, pesos (candados), medios registros y demás artilugios que hicieron moderno lo antiguo y eterno lo de bueno, pareciendo por momentos escuchar sintetizadores en vez de tubos. La Fantasía es claroscuro hecho sonido a partir de una nana leonesa que talmente creó ambientes oníricos. La Españoleta esconde ritmos, trimbres y armonías que recuerdan danzas del pueblo pero nuevamente con el barniz contemporáneo para el instrumento barroco. Y el Tiento de Batalla supuso la traca final, jugando con clusters en ambos teclados (preparando para ellos unas tablas azules), la trompetería en todo su esplendor, percusiones, juego con los propios tiradores de los registros y casi más fantasía que la primera, realmente una "batalla" de sensaciones sonoras en unos fuegos no ya artificiales sino impresionantemente bien construidos y compuestos por el sevillano, puestos en acción por un Daniel Oyarzábal pletórico. Todo un lujo haber estado en este estreno del que me gustaría volver a escucharlo con la partitura delante, aunque supongo que tendremos que esperar un poco más que en repetir organista en León, con distinto programa e instrumento.