Tres orquestadores suenan gallegos
Entrada original del día 29 de enero de 2010 a las 23:53 h., y suprimida (censurada) por Blogger© tras "denuncia" yanqui (de la DMCA, Digital Millennium Copyright Act). Quitados unos pocos links de la llamada "tierra de la libertad" (por si es parte de su "queja"), la dejo como estaba ¡y CON alguna FOTO menos!:

Viernes 29 de enero, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto 6 de abono de la OSPA: Real Filharmonia de Galicia, Alban Gerhardt, cello; Christoph König, director. Obras de Rossini, Shostakovich y Dvorak.



La breve Obertura de Il Signor Bruschino (1812) de Rossini trajo los ecos operísticos en "formación de foso" sobre el escenario del "Príncipe Felipe", aunque nada que ver con lo que venía a continuación y ya sonaba en mi cabeza desde la conferencia:
El Concierto para violonchelo nº 2 en Sol Mayor, Op. 126 (1966) de D. Shotakovich, "autorregalo" de su 60 cumpleaños, estrenado, como el nº1, por Rostropovich en el Conservatorio de Moscú con la Orquesta Filarmónica dirigida por Svetlanov, como bien nos puso y contó María poco antes. Cierto lo comentado en el programa sobre esta obra en cuanto que "refleja el shock de la muerte" y que "es comparable a los grandes relatos de Chéjov" (citas del especialista Bernd Feuchtner), pero también como dijo Britten, "uno de los más importantes del siglo XX", y pese a la cercanía en el tiempo (no llega a 44 años), todo un "clásico" pese a su "lenguaje vanguardista". Si además el berlinés Alban Gerhardt tiene entre sus manos un Matteo Gofriller al que hace sonar como pienso que hubiera querido el compositor (incisivo, dulce, percusivo, gruñón, cómico, circense, lánguido... y todo lo que le pidamos), lo escuchado tocó mi fibra sensible. Perfectamente ensamblados orquesta y solista con esa dirección de su compatriota mimando cada plano sonoro, cada melodía subyacente, y los tempi perfectamente ajustados al berlinés nos dejaron una versión excelente de esta obra plenamente madura y en cierto modo de tranquila despedida, no sin revisar todo el bagaje musical con una orquestación donde hasta la percusión tiene un protagonismo equiparable al resto de la orquesta, y los guiños a la música bailable de los "felices 20" del shimmy transmutado en esa melodía callejera de Odessa Bubliki, kupitye, bubliki que cantaban los niños callejeros vendiendo esos dulces (hublichki) similares a nuestros donuts, que me evocó el Nino Rota de La Strada... vanguardia y actualidad en Shostakovich.
La propina resultó un nuevo homenaje (Per Slava de Penderecki) a Rostropovich.
Para la segunda parte, otro gran orquestador como Dvorak con su Sinfonía nº 5 en FA Mayor, Op. 76 (1875) corroboró lo apuntado de orquesta y director. En cada uno de sus cuatro movimientos pudimos paladear no sólo las melodías con ese sello tan peculiar del checo, sino los planos sonoros en su sitio (salvo algún "quejido" no deseado en el metal) y una lectura muy clara de esta sinfonía que con ese Finale: Allegro molto demostró el buen trabajo realizado por la filarmónica gallega, mejorando mis impresiones anteriores, aunque también es cierto que las obras elegidas ayudaron a ello.
Mañana más, porque este viernes, y por cuestiones de programación que nunca entenderé, me fue imposible estar en Gijón para la reinauguración musical del Teatro Jovellanos, nada menos que con el Requiem de Verdi, la Orquesta Sinfónica de Gijón (OSiGi) que dirige Oliver Díaz y el Orfeón Donostiarra, aunque con precios algo altos para estos tiempos (60€ y 50€) y donde se cayó del reparto de solistas el tenor local Alejandro Roy que ha preferido "seguir por Italia"... Aunque ya me han llegado noticias por el "Facebook©", esperaremos a leer las críticas.
P.D. 1: Crítica del Concierto de Oviedo por Diana Díaz en LNE del Lunes 1 de febrero.
P.D. 2: Críticas del Concierto de Gijón por Aurelio M. Seco en su Codalario y La Voz de Asturias, y de Ramón G. Avello en El Comercio.
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