Siempre me queda Avilés

Viernes 20 de agosto, 22:00 horas. Claustro de San Nicolás de Bari, Avilés. VII Ciclo de Conciertos "Música en el Claustro". A. Patricia Martínez García (soprano) y Rubén Díez Fernández (piano).
Organizado por la Asociación Avilés Musical en un marco precioso y con una noche veraniega de las que no abundan por aquí, me escapé hasta "mi segunda casa" para escuchar no sólo a un amigo sino todo un recital elegido con mucho gusto y con abundantes guiños al cine del que el maestro avilesino es tan aficionado o más que yo, siendo además un "extraño" caso de profeta en su tierra donde participa en muchos proyectos destacando no sólo como director o intérprete de piano (y órgano) sino como compositor. Un lujo de músico y aún más como persona.
Tras una larga y creo innecesaria lectura de los currículos de los intérpretes, así como de las obras e historias respectivas que ocuparían la primera parte, comenzó hacia las 22:30 el recital en sí con el famoso número de Claude-Michel Schönberg del musical "Los Miserables" I dreamed a dream (la de Susan Boyle pero completa y mejor cantada) para proseguir con el gran Gershwin del que escuchamos Stairway to paradise (en el cine está reciente su utilización en "El Aviador") y I got rhythm (que aparecía en "Un Americano en Paris" con el gran Gene Kelly). Excelente dúo con la voz apropiada para estos tres temas y unos arreglos pianísticos muy buenos que me hicieron echar de menos una batería con escobilla más un contrabajo, y ese toque "picante" aunque todo sonaba en las 88 teclas. Cerraría esta parte un My way arreglado por Paul Anka e inmortalizado por Frank Sinatra aunque como nos leyeron, el original sea francés (Claude Francois y Jacques Revaux) y sólo se mantuvo la melodía, y en la versión escuchada faltó el intermedio musical y la modulación pero resultó igualmente buena.
Dando descanso a la soprano quedó Rubén Díez "Sólo ante el peligro" para dejarnos un arreglo del tema My Heart Will Go On que cantase Celine Dion en el film de James Cameron "Titanic" compuesto por el oscarizado James Horner, y el Adagio de la Sonata en Fa M KV 332 de Mozart, porque "no puede faltar en un concierto" y pese al viento que intentaba pasarle página, no perdió en ningún momento ni el tempo ni la dulzura de esta joya pianística que también tiene sus reminiscencias cinematográficas (creo recordarla en "Love Story").
Otra lectura de las siguientes obras resultó aún más obvia que la primera, aunque supongo que álguien lo agradecería (la molestia de escribirlas no se correspondió con su escucha), y para mí fue una ruptura en el discurrir musical que arrancó de nuevo con la Nana del propio Rubén Díez, que escuché por vez primera cantada con piano, siendo otra de las excelentes obras a sumar en la faceta compositiva del avilesino que puede añadir cualquier figura lírica en su repertorio. Lo siguiente todo un abanico de tangos y boleros cantados en una intimidad sólo rota por el bullicio de los niños en la plaza (pues los caños de la fuente de claustro les "amordazaron" con unas cuerdas para no romper el ambiente creado por la música en dicho entorno) y un piano mitad jazz mitad clásico perfectamente ensamblado con la voz: Habanera de mi amor (Ernesto Lecuona), el cinematográfico Por una cabeza (Alfredo Le Pera - Carlos Gardel) dedicatoria incluida y que Al Pacino bailaba en "Perfume de Mujer" en versión instrumental con violín, Inolvidable (Julio Gutiérrez) entre Bebo y Luis Miguel, pero con el toque lírico de Patricia, y Contigo en la distancia (César Portillo de la Luz), todo un cartel cubano mejor que mi tabaco.
Los merecidos aplausos nos trajeron una improvisación de Rubén sobre las notas que le dio el público (re fa sib sol mi) de ambiente no solo "blues" sino de nuevo cinematográfico, pleno, inspiradísimo sin concesiones "a la galería" y brotando ideas a borbotones, y ese Alfonsina y el mar (Félix Luna - Ariel Ramírez) que fue el broche de oro final con un piano sin corsé de pentagramas pero "alma" de quien tiene esta joya entre sus favoritas (de nuevo coincidencia plena con las mías).
Qué mejor forma de "rehacer" el final de "Casablanca" (aunque no seamos Bogart ni Kelly): Siempre nos quedará Avilés...
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