30 de abril de 2011

OSPA, Gran Reserva del 91

Viernes 29 de abril, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 11: OSPA, Ari Rasilainen (director). Obras de Glinka, Tchaikovsky y Sibelius.
Asturias tiene que sentirse orgullosa de tener una Orquesta que hace veinte años pocos apostaban por ella. Y es que como los vinos, hay que tener paciencia y trabajar mucho para lograr cosechas "Gran Reserva". Hay cepas buenas, el clima de lo más propicio, y los enólogos que saben de ello, han conseguido el mejor vino tras el menú del jueves.
Volvía con la OSPA 8 años después el director finlandés Ari Rasilainen (aunque estuvo en Oviedo en enero de 2009 con la Orquesta de Castilla y León en un monográfico de Finlandia), entonces un 21 de noviembre de 2003 con una primera parte Grieg: la Suite Holberg y el Concierto para piano con Carmen Yepes de solista, más La Tercera de Sibelius tras el descanso. El recuerdo que ambos teníamos de aquella primera visita aún lo mantenemos, y tras lo escuchado en este último concierto abrileño, creo que Asturias ya no la olvidará.
Esta vez la elección fue "plenamente rusa", tomando a su compatriota Sibelius como tal (y del que tengo un CD con Kullervo dirigiendo él en 2005 a la Staatsphilarmonie Rheinland-Pfalz -Orquesta Renana del Palatinado- con el coro masculino KYL), pues la historia común está ahí, esa pugna entre Rusia y Finlandia que tantas vueltas dió en el tiempo. El programa era de examen no ya para el nuevo candidato a la titularidad de la orquesta de todos los asturianos, sino para la propia formación. Finalmente resultó otra velada cálidamente nórdica.
Primera prueba nada menos que la obertura de Russlan y Ludmilla (Glinka), escuchada no hace mucho, ligera pero sin pasarse de revoluciones, para poder escuchar todo lo escrito en esta obra de inicio grandioso, fortissimo y con ágiles escalas que pudimos degustar hasta el mínimo detalle pese a las exigencias que tiene para todos.
La Suite nº 4 en Sol M., Op. 61 "Mozartiana" (Tchaikovsky) es una joya en cuanto al homenaje directo que el ruso hace de su admirado genio, perfectamente explicada en las notas al programa de la profesora Nerea Barrena de la Rúa, mi "Ne-Re". Los cinco movimientos resultaron a cual mejor, disfrutando sobremanera (y por las connotaciones recientes) del III. Preghiera, sobre el "Ave Verum Corpus" K. 618 donde tras la breve intervención de la madera, nuestra cuerda que enamora a todos los directores sonó a coro siempre perfectamente empastado con el resto, y el último movimiento Tema y variaciones, con especiales intervenciones solistas de Vasiliev en la variación IX, siempre delicado y artistazo, el clarinete de Andreas sonando pletórico y seguro, más el "olvidado" glockenspiel de Casanova "Dalaipercu" que yo sí quiero mencionar aquí.
Y si todo fue rodado, lo mejor estaba por llegar. Rasilainen se encontró con que "el lenguaje de Sibelius está en la OSPA", además de mucho sentimiento (tal y como comenta Ramón Avello del concierto en Avilés). La Segunda Sinfonía en Re M., Op. 43 pondrá fin a las composiciones "románticas" pero hay que reconocer que es original y exige una sonoridad que el director finlandés logró de nuestra orquesta. Mi amigo David Revilla hubiera disfrutado con esta interpretación (que grabó Radio Clásica para su posterior emisión) desde las once negras en la cuerda del inicio hasta el gran crescendo final, porque no se pueden poner pegas y el resultado final resultó perfecto.
Sección a sección los músicos respondieron dándolo todo ante una dirección clara, precisa, nada ostentosa pero totalmente eficiente, y de eso se trata. Creo que cuando se trabaja bien y a gusto logramos reencontrarnos con lo mejor de nuestra formación.
El caracter del Allegretto plenamente pastoril se logró con un viento arropado por una cuerda siempre potente. El Tempo andante, ma rubato resultó un nuevo placer en la cuerda y un dúo de los fagotes sobrecogedor, llevado desde el podio con un saber estar que maravilló. Incluso hasta en el Vivacissimo pudimos saborear la "simpleza" compositiva, el ambiente cambiante de lo pastoral a lo tempestuoso, de lo rápido a lo lento y con una intensidad que nuestra OSPA logra como ninguna, para finalizar en los cuatro temas melódicos y ese gran crescendo que no parece acabar y cierra el círculo de un sinfonismo impresionante. Enhorabuena al sumiller finlandés Rasilainen que ha sacado todos los aromas en boca / oído a este vino asturiano de primera.
 
Sólo queda cambiar la letra del tango "que 20 años no es nada" porque sin olvidar las anteriores orquestas que desembocaron en la actual y a todos los maestros que pasaron por el podio, ese tiempo de trabajo conjunto es mucho y motivo para titular nuestra OSPA, Gran Reserva del 91.
P. D.: Crítica de Diana Díaz en LNE del lunes 2.
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