Violas apabullantes

Parece mentira que un Centro Cultural de la mayor entidad bancaria asturiana que tanto patrocina la música en nuestro Principado, mantenga la entrada por un callejón al lado del Filarmónica y sin anunciar, para finalmente adentrarnos en "la caja" de madera, pequeña y coqueta pero que nada tiene que ver con su exterior. Sigo pensando lo mismo cada vez que me acerco a los conciertos que aquí se celebran.
El pasado sábado pude escuchar a dos de los cuatro premiados, y tenía mucho interés en escuchar nuevamente a los otros dos con las obras elegidas para la capital.
Sin entrar en crónicas sociales (se las dejo a Regina) hay que volver a apostar por la música camerística que es necesaria para sentar las bases de la afición, y así arrancaba este concierto de cámara con la viola de Juan Ureña (apellido muy musical que acabará siendo saga) y el piano del ex-Virtuoso de Moscú Bezrodny (al que siempre admiré por su profesionalidad pero hoy fue realmente "pianista acompañante") con la Marchenbilder Op. 113 de Schumann, obra en cuatro movimientos de enorme calado, de atmósfera ensoñadora y poética desde ese lied instrumental del Nicht schnell que supone el típico remanso romántico seguido del vertiginoso rondó Lebhaft hasta ese Rasch auténticamente diabólico para el dúo aunque el piano no estuvo a la altura esperada, y que no descansarán hasta la nana del Langsam... obra de necesaria compenetración pero que en Oviedo resultó poderosa sólo desde la viola. Hay premios merecidos, sobre todo los académicos que dan los profesores, y Juan es uno de ellos con toda justicia.
Siguió María Ovín que para estos conciertos de la XIX Semana optó por la Sonata para violín y piano de César Franck, una obra agradecida de escuchar pero dura de afrontar, siempre bien arropada en el necesario diálogo por Mario Bernardo, y pudiendo repetir lo escrito para Luarca pero sin campanadas ni ovaciones del público tras el segundo movimiento. De nuevo técnica al servicio de una musicalidad innata que hace "distintos" los mismos repertorio de un día para otro, y perfecta conjunción como dúo con ese pegadizo último movimiento Allegretto poco mosso que arrancó los mayores aplausos de una sala casi llena. Ya no podemos hablar de promesa sino de auténtica realidad que dará aún mucho de sí con el curso londinense que retomará tras estos tres conciertos en su tierra.
El pianista gijonés Diego Ena se enfrentó, y nunca mejor dicho, con la Fantasia quasi sonata après une lectura du Dante de Liszt, obra de virtuosos (está en el repertorio de Arcadi Volodos) pero todavía con mucho por trabajar (tanto en pedales ó expresión como en mejor memorización y a fin de cuentas más tablas) pero que la afrontó con valentía y vigor dignos de su profesor paisano Luis Vázquez del Fresno. Conozco las dificultades y aplaudo su elección de la obra, pero seguramente hubiésemos disfrutado todos con el elegido para el sábado pasado en Avilés o este martes en Gijón: las Variaciones y fuga sobre un tema de Haendel, Op. 24 de Brahms o El Albaicín de la "Iberia" albeniziana.

Y finalizamos con el mismo instrumento que al inicio, LA VIOLA que hoy no fue hermana pobre en esa masculina "familia Cuerda" sino la auténtica protagonista, máxime con obras especialmente compuestas para ella y además "a cuerpo gentil", sola frente a todos: Jesús Rodríguez González (sin Mario Bernardo al piano pese a esas cosas de los programas que tampoco se leen) que nos brindó una Sonata para viola solo Op. 25 nº 1 de Hindemith apoteósica, vibrante, plena, de técnica apabullante, desgarradora literalmente (casi se queda sin crines en el arco) y a la vez lírica e intimista en un ambiente creado por el único foco proyectado sobre su figura que sólo estropeaba el zumbido del aire acondicionado. Desde el Breit-Sher frusch und straff la viola sonó bien proyectada, con ataques claros en un arco poderoso, y una mano izquierda capaz de unas dobles cuerdas asfixiantes en el pp por el clima logrado. El Sher Langsam sonó como una triste canción de cuna donde nadie se atrevía ni a respirar. Rasendes Zeitmass. Wild. Tonchönheitist. Nebensache me hizo recordarlo como inspiración de los Different Trains de Steve Reich pero mucho más puro, el origina recreado y "simplemente" desde una viola sola. El descanso para el espíritu llegaría con el Langsam, mit viel Ausdruck, nuevamente congoja en el alma tras una interpretación apabullante. Si en Luarca nos dejó un Shostakovich mucho más que digno, en esta obra del alemán resultó una auténtica lección de virtuosismo al servicio de una música cada vez menos extraña para muchos, que sólo retomando la Música de Cámara podemos volver a escuchar en vivo con todo lo que ello supone.

Y lástima que sólo estemos en una Semana Musical (con muchos conciertos cada día que me obligan a elegir), para mí debería haber música todos los días y sin opciones. NO ME CANSO.
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