Un baile de pateo y Beatríz Díaz triunfando

Todavía colea el nuevo fracaso escénico "innovador y conceptual" de la LXI Temporada de Ópera de Oviedo tras la representación del último título el pasado jueves 22 de enero, Un ballo in maschera de Verdi. Mi amigo y colega Aurelio M. Seco recoge en su blog didáctico los enlaces a las críticas de los tres periódicos regionales, incluyendo la suya de LVA como "Un baile desafortunado", la de mi otro colega y amigo Ramón G. Avello en El Comercio titulada "Pasarela de disfraces" y la de Cosme Marina en LNE, siempre distintas (lógico) pero atinadas y personales como no puede ser menos en una crítica. Parece que entresuelo y patio de butacas (y así me lo han hecho saber varios aficionados) tienen distinta opinión sobre las puestas en escena "actualizadas" de esta temporada, las asturianas (este Baile de Susana Gómez, y Boheme de Emilio Sagi) más el Barbero de la francesa Marianne Clement (por otra parte ya conocida en Oviedo). Sin querer entrar en debates estériles quiero hacer constar que si no hay música (la propia obra con sus buenas voces, orquesta y dirección) el "espectáculo total" se cae por su propio peso. Arrivabeni resultó a la batuta como algunos ya esperábamos (aún más Abajomali tras lo apuntado por Cosme Marina al que debo corregirle que Abajomali era su estreno con esta obra y por tanto no puede dominarla con tan poco tiempo en el atril, así que este director parece haberse olvidado el camino correcto que apuntaba cuando estaba en Viena o grababa DVD's, y si no que se lo pregunten al gran crítico de RITMO o www.mundoclasico.com entre otras publicaciones, Jorge Binaghi, mi "envidiado" crítico para Europa, que ya le tiene "calado". La Oviedo Filarmonía lució porque está acostumbrada a muchas batutas y sabe responder incluso a lo que no se le pide.
Las voces de Giuseppe Gipali -Riccardo-, Ángel Odena -Renato-, Amarilli Nizza -Amelia-, Elena Manistina -Ulrica- y Beatriz Díaz -Oscar-, por lo leído y escuchado a los abonados de la primera función, resultaron un tanto desiguales, salvo nuestra siempre segura Beatriz Díaz González, en un papel "menor" aunque siempre excelente y de quien Aurelio M. Seco en su crítica de la representación escribe lo que transcribo textualmente, porque no tiene desperdicio:
"No deja de llamar la atención la relación de la Opera de Oviedo con la soprano asturiana. Una de las mejores cantantes de la historia de Asturias, que a los 27 años ha hecho historia ganando el Francisco Viñas, ya ha cantado en el Carlo Felice de Génova a las órdenes de Daniel Oren y ha sido llamada recientemente por Riccardo Muti, previa audición, para Salzburgo, Rávena, Florencia y Roma, no parece lo suficientemente buena para que la Opera de Oviedo le ofrezca un primer papel. Es difícil explicarse como a algunas artistas asturianas se les han servido las oportunidades en bandeja, y en el caso de nuestra más destacada artista no se hace lo mismo. En la ópera interpretó a Oscar, un papel travestido que, además, no le iba demasiado bien, ni falta que hizo. Beatriz Díaz deslumbró, cantando mientras bailaba, bailando mientras cantaba, en posiciones incómodas e incluso gratuitas respecto de la acción, dominando del todo el registro agudo y saltarín del personaje, y aportando su dulce y delicado timbre, que algunos estamos deseando ver al servicio de Puccini. Díaz hizo grande un personaje pequeño, haciéndose con el control absoluto de la escena en los números concertantes, donde su voz destacaba por encima de las demás. Hace un mes pudimos oír una interpretación suya de Chi il bel sogno di Doretta de La rondine pucciniana que fue inolvidable. La soprano de Boo puede marcar un antes y un después en la historia lírica del Principado, con o sin la ópera de Oviedo. Dicha institución debe decidir qué lugar quiere ocupar en el desarrollo de su carrera. De momento está en un discretísimo tercer plano. Ver veremos".
Lo dicho, que "la de Boo" sigue esperando papeles de más enjundia en Oviedo, como sí ha tenido Ana Nebot sin ir más lejos (en cuanto a voces femeninas, pues de las masculinas ya he hecho algún comentario también), pero parece no haber sintonía entre lo programado por los responsables y lo que el público "de siempre" pide, o al menos parece desprenderse de la "vox pópuli" y casi dándole la razón a un año vista a mi amigo Carlos Abeledo. Sin voces no hay espectáculo por arriesgada que sea la puesta en escena (que tampoco resultó como para patear, a no ser que se busquen estos titulares ante la falta de otros). La LXII Temporada tiene programadas Ariadna en Naxos, Tosca, Ariodante, Don Giovanni, Simon Boccanegra y Ainadamar, por lo que creo que seguiremos sin tener a Beatriz Díaz. Esperemos que la crisis no sea muy gorda...
Y luego me voy a escuchar a Sibelius. Seguiremos contando cosas.
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