Viva Mahler... y Rieger

Entrada original del día 12 de noviembre de 2011 a la 23:15 horas, y suprimida (censurada) por Blogger tras "denuncia" yanqui (de la DMCA, Digital Millennium Copyright Act). Quitados unos pocos links de la llamada "tierra de la libertad", la dejo como estaba ¡y SIN FOTOS!:
Jueves 12 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo: Jornadas de Piano "Luis G. Iberni". Thomas Hampson (barítono), Wolfram Rieger (piano). Obras de Mahler.
De no ser por unas toses que ya rozan la vergüenza, esta tarde otoñal hubiésemos podido alcanzar el cielo en este "Homenaje a Mahler" que no podía contar con mejores intérpretes ni obras elegidas, muy bien comentadas por Joaquín Valdeón en las notas al programa.
El auténtico protagonista resultó el pianista Wolfran Rieger, un auténtico "monstruo" (por no llamarle animal en el cariñoso sentido de la palabra) ante su auténtico y abrumador dominio no ya del instrumento, del que sacó sonoridades increíbles cual auténtica "orquesta reducida" que era para Mahler, sino por el perfecto entendimiento con un Thomas Hampson que fue de menos a más, haciendo de cada tema toda una condensada representación y catálogo de sentimientos hechos canción.
La interpretación del alemán, máxima autoridad como pianista de lied al que se "rifan" los mejores cantantes, abarcó todo el cosmos mahleriano, encajando con precisión todas y cada una de las frases, compartiendo ese primer plano como sólo en este género musical, y más en las canciones elegidas, aparece, subrayando, complementando, destacando toda esa gigantesca montaña rusa de emociones (y dificultades) que fueron desgranándose por ambos intérpretes en las dos horas de auténtico placer musical, no al alcance de todos (¡hubo gente que marchó al descanso!) y auténtica delicadeza para el paladar.
La primera parte comenzó con la alegría de un grupo de las "Early Songs" que forman parte de Lieder und Gesänge y Wunderhorn que además podíamos seguir textos y traducción de Elena María Accinelli en la mayoría del programa. Así fueron desgranando Frühlingsmorgen para despertarnos, Ablösung im Sommer en recuerdo del verano que aún tenemos cercano, Rheinlegendchen que fluyó y nos trajo un primer momento sublime, Ich ging mit Lust durch einen grünen Wald, placentero paseo musical en noche de luna llena, y Erinnerung, recuerdo cual resumen de todas las canciones anteriores que nos encadenaron a la butaca como preparándonos para todo el dolor que vendría después.
Los Kindertotenlieder pusieron toda la emoción y tristeza que los mahlerianos reconocemos en cada nota y Hampson - Rieger  hicieron suyas. Valdeón cita de Gastón Soublette (tío materno de Max Valdés y dedicatario de "Mahler, música para las personas") que "cuando Mahler puso música a estos poemas, su mujer Alma presintió que atentaba contra la vida de sus propias hojas" para contarnos la gama de emociones extrema, su desgarrado tenebrismo que se manifiesta entre la conmoción y el consuelo. Tras escucharlos es perfecta explicación.
La segunda parte nos devolvió alegrías y penas, aún más emociones, primero con los Lieder eines fahrenden Gesellen realmente magistrales, inspirados, un universo pianístico y un muestrario vocal donde cada palabra, cada frase, adquiría la importancia justa siempre apoyada por el gesto y un color apropiado para todas ellas, desde Wenn mein Schatz Hochzeit macht de gusto romántico pleno hasta la rabia contenida de ese "cuchillo al rojo vivo" que es Ich hab' ein glühend Messer, y el lirismo de los ojos azules no ya de la amada sino del propio Hampson (Die zwei blauen Augen).
El cierre nada menos que con Lieder nach, de los Fünf Lieder nach Rückert , inspiradores e inspirados por esa indisoluble paridad Hampson - Rieger, Rückert - Mahler que comenzaba cual súplica Blicke mir nicht in die Lieder (No miréis mis canciones), todo el aroma del tilo que transmite Ich atmet' einen linden Duft, el íntimo Um Mitternacht donde los pianísimos parecían disputarse esa medianoche cual latido agónico en cada "t" final que casi provoca el aplauso no deseado antes del testamento musical en un homenaje realmente grande a Mahler con Ich bin der Welt abhanden gekommen, auténtica desaparición del mundo y descanso tras el derroche musical que pudimos disfrutar "en mi cielo, en mi amor y en mi canción". Contención difícil de emociones que el propio Hampson comentó en un inglés americano que cada vez tiene más acento alemán por sus años en nuestra Europa. Y aún nos regalaron dos canciones más no sin que Thomas solicitase el aplauso exclusivo para su querido Wolfram, perfecto pianista para estas Jornadas. La grandeza se acrecienta porque dieron una clase magistral en el Conservatorio de Oviedo y un Concierto de los que hacen historia en el Auditorio (el de Madrid en 2001 también lo fue).
P. D. 1: excelente reseña de Javier Neira en LNE del 11/11/11, donde añade el título de las dos propinas mahlerianas: «Liebst du um Schönheit» y «Aus! Aus!».
P. D. 2: comentario de Andrea Suárez en LVA.
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