15 de noviembre de 2011

Die Bartoloflöte

Martes 15 de noviembre, 20:00 horas. Auditorio "Teodoro Cuesta", Casa de Cultura, Mieres: retransmisión en directo desde el Teatro Campoamor de "La Flauta Mágica" -Die Zauberflöte-  (Mozart), segunda función del tercer título de la LXIV Temporada de Ópera de Oviedo.
Volvía a Mieres una retransmisión en directo desde el coliseo ovetense con los mismos problemas de siempre (mala realización, toma de sonido descompensada, subtítulos que tardaron en aparecer ya avanzado el primer acto, iluminación pensada para el teatro y no la televisión...) sumados a la poca publicidad, faltando incluso "el papelín" con el reparto ¡hay dichosa crisis!, aunque Wolfgi atrajo más público que Richard, lo que no es de extrañar para un público claramente clásico y una obra que siempre es deliciosa volver a escucharla.
Evidentemente mis comentarios se circunscriben a la retransmisión "televisiva" que nada tiene que ver con lo que los asistentes al Campoamor pudieran disfrutar, y no quise leer las críticas en prensa de la primera función dominical, aunque coincidan mucho con mi ignorante opinión tras su lectura a posteriori.
Primero agradecer el hecho de compartir de forma gratuita una ópera aunque sea con las limitaciones "habituales" y ya descritas desde aquí.
Segundo mostrar mi satisfacción por comprobar que voces jóvenes pueden lograr un reparto muy aseado y equilibrado, con resultados desiguales pero dignos.
Tercero volver con mis preocupaciones sobre las puestas en escena que acaban ocupando más crítica que la musical. Reconozco que hay muchas cosas salvables en el diseño de Mrs. Fuchs, incluso ingeniosas para un cuento infantil si olvidamos todo el trasfondo que Schikaneder diseña para un libreto sabiamente musicado por el genio de Salzburgo en esta su última ópera - singspiel que esta vez no necesitó adaptaciones al español. Aquí suscribo la crítica en LVA de Aurelio M. Seco sobre la "Porroflauta", pues muchos asistentes desconocían y se preguntaban por muchas situaciones demasiado surrealistas (?), chocantes incluso en las insinuaciones sexuales (!) sin olvidar los problemas con la flauta del Papageno catalán a la que le faltaron notas en más de una ocasión, obligarle a pedalear por el escenario olvidando que su obligación es cantar ¡y bien!. Lo de la bañera (al menos sin agua) con pétalos ya me parece incluso manida, más los paraguas que reconozco por momentos sobrantes, pero tampoco quiero cargar tintas en lo "no musical" porque parecemos olvidar que una ópera es obra de arte total y los cantantes siempre son protagonistas. El título de "La Flauta de Bartolo" puede venir bien para lo que intenté disfrutar en Mieres e intenta dejar su primer  agujero para la música, y claro, poco más puedo añadir con semejante instrumento...
El vestuario daría para una amplia reseña que dejo para los críticos profesionales. De la dirección de Mr. Goodwin criticar los múltiples desajustes entre foso y escenario y una OvFi que la toma de sonido no logró hacernos llegar la realidad de sus planos sonoros, misma causa para las voces, que parecían ir y venir según la cercanía del micrófono(s), a menudo mal equlibradas las mezclas y en especial cuando los personajes estaban colgados o al fondo del escenario. Esta pata cojeó más de lo necesario impidiendo un mejor asentamiento de la representación.
En el aspecto vocal lo mejor resultó el Coro, completo y perfecto incluso escénicamente, capaz de afrontar repertorios difíciles y comprometidas con plena solvencia. Personalmente me quedo con los protagonistas Tamino y Pamina, creíbles y engradeciéndose a lo largo de la función, muy compenetrados más un Papageno que compensó escénicamente alguna carencia y resultó, como su personaje, agradecido.
Bien la Reina de la Noche con algunos altibajos para un rol complicado en todos los aspectos y muy dignos los demás, sin olvidar a la Segunda Dama asturiana.
En el debe apunto un Sarastro del que se espera resulte bajo de verdad (ya me mosquean los bajos-barítonos), sospechando que sin micrófonos se le escucharía todavía menos, aunque la presencia sea perfecta para el papel, pero cerrando los ojos "me faltaba".
Menos mal que la alegría contagiosa de la música mozartiana puede con cierto sinsabor global de esta maravilla escénica, y el público mierense fue agradecido por el regalo capitalino. Yo volví a las andadas pero por Mozart lo que haga falta...
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