Una OSPA plenamente yanqui

Entrada original del día 2 de mayo de 2009, y suprimida (censurada) por Blogger© tras "denuncia" yanqui (de la DMCA, Digital Millennium Copyright Act). Quitados unos pocos links de la llamada "tierra de la libertad" (por si es parte de su "queja"), la dejo como estaba ¡y CON FOTOS!:
Viernes 1 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. OSPA. Obras de Bernstein, Copland y Espirituales negros. Jubilant Sykes (barítono), David Lockington (director).
Con mucha butaca vacía, tal vez debido al "puente de mayo", y tras el concierto del día anterior en Avilés, llegaba a Oviedo el concierto nº 12 de abono. El programa se presentaba totalmente "coherente" (que me comentaba Manuel A. Paz), muy yanqui o como titulaba Blas Matamoro sus excelentes y siempre doctas notas al programa "América la múltiple", una sabia elección de las obras e intérpretes que nos brindarían una velada distinta a las habituales de abono, pero no por ello tan necesaria en una temporada que no sólo intenta conjugar novedad y tradición sino probar hasta dónde es capaz nuestra orquesta de amoldarse a batutas y partituras tan distintas. Y esta vez volvió a superarse a sí misma, tal vez porque cuando se manda desde el podio los músicos de nuestra responden y disfrutan tanto como el público, algo que también se aprecia al final por la "despedida" al maestro invitado.
Comenzaba el concierto con Leonard Berstein y parte de su "On the Town": Three dance episodes (1944), ese musical llevado al cine con el título de "Un día en Nueva York" (1949) y donde parecíamos imaginarnos a Gene Kelly y Frank Sinatra vestidos de marineros. La orquesta sonó a ese Broadway multicolor, pletórico de fuerza pero sobre todo de lirismo en el "Lonely town (pas de deux)" auguraba un concierto de los que dejan buen sabor de boca. Y faltaba mucho.
La entrada al escenario del barítono Jubilant Sykes sería el inicio de los momentos más dulces que lograron acallar las toses y ruidos de papeles habituales (y eso que se repartieron las letras de sus canciones traducidas). De Copland y sus "Old american songs" (dos series de 1950 y 1954, la primera estrenada por Peter Pears y Britten nada menos) nos deleitó (y nunca mejor dicho) con tres: Ching a Ring (de la segunda y versioneado por todo tipo de formaciones) más Simple Gifts y I bought me a cat. Todo un recital de buen cantar y mejor decir, una voz que es capaz de "contarnos y cantarnos" esos cuentos haciéndonos partícipes a todos aunque no supiéramos de qué iba, porque realmente emocionó a todos y nos mostró un Copland distinto del que nos dejaría la segunda parte del concierto. No tengo fotos ni vídeos, pero para los que no pudieron disfrutar, aquí dejo una versión de "Me he comprado un gato" que no desmerece nada de la escuchada en Oviedo, aunque aquí estén la Filarmónica de Berlín con Sir Simon Rattle y el excelente bajo-barítono alemán Thomas Quasthoff. No me ciega la pasión pero lo vivido en el auditorio es similar.

Y para rematar esa "múltiple América" nos cantó dos espirituales negros breves y a cual mejor, orquestados por él mismo (como indicaba el programa): Sometimes I feel like a motherless child, con arreglo de Harry T. Burleigh (el padre de los Spirituals) y He's got the whole world in his hands arreglado por Mark Rice. Puedo asegurar que la OSPA brilló con luz propia en todos sus intérpretes (y eso que ya se había ido el saxo de mi querido "ex-actor en Asturias" y jazzman en Mieres Andreas Prittwitz), con una batuta preclara como es la de David Lockington todo un británico norteamericanizado que mandó y supo "aprovechar" al igual que el cantante, la amplificación necesaria para estos dos temas que exigían no sólo pianissimi extremos con una gran orquesta sino toda una gama dinámica donde nunca quedó tapada a la voz. Realmente inolvidable el conjunto y las canciones que obligaron a saludar varias veces regalándonos otro excelente spiritual "a capella" para disipar la mínima duda de su poderío escénico.
La segunda parte aún nos volvería a demostrar todo el potencial de nuestra OSPA con obras que tienen "mucho que decir" cuando la batuta sabe qué quiere, y hace sacar lo mejor de cada músico (y hay mucho dentro de cada uno de ellos).
El Copland de su Sinfonía nº 3 (1944-1946) no es el de las viejas canciones americanas, y las notas de Blas Matamoro así nos lo hacen saber (tampoco tienen desperdicio, si se desenvuelven con el inglés, las que aquí enlazo). Toda la riqueza tímbrica, rítmica y armónica de esta obra orquestal "casi Made in Europa" por su escritura, pese a los lógicos toques de fanfarria que nos recuerdan sus obras "yanquis" más escuchadas, quedó desplegada por la OSPA conducida (como me gusta decir) por el maestro inglés. Obra de gran densidad pese a cierta escritura "camerística" (por cómo trata todas las secciones), su orquestación sonó con plenitud digna de "filarmónica norteamericana" (las que tanto "le gustan" a Max Valdés) pero en nuestra Asturias.
Lo dicho, cuando hay mucho que decir y se sabe cómo, la oratoria fluye por sí sola. Y el idioma musical es el único universal.
P.D.: Merece la pena leerse la entrevista que le hace al director inglés afincado en EE.UU. Pablo Gallego en LNE del 30 de abril.
Crítica de Diana Díaz en LNE del sábado 2 de mayo y de Ramón G. Avello en El Comercio del domingo 3 de mayo.
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