Arturo Pavón, un flamenco poco clásico

Viernes 20 de noviembre, 20:00 horas (también el Jueves 19). Auditorio de Oviedo. 25 aniversario de la Peña Flamenca "Enrique Morente" de Oviedo. Primera parte: Oviedo Filarmonía, Pedro Ricardo Miño (piano), Paco Cepero (guitarra), Max Bragado (director). Luisa Ortega (cantaora). Obras de Arturo Pavón.Regalar entradas (en principio una por persona aunque mis vecinas de butaca presumían de haber conseguido 3 ó 4) y sin numerar, trae alguna ventaja: normalmente se asegura el lleno y políticamente da réditos (de ésto sabe mucho Gabino de Lorenzo), pero también inconvenientes: largas colas antes de la apertura de las puertas a las 19:30 para conseguir un sitio bueno (si se suben las escaleras rápidamente), un público variopinto no necesariamente seguidor de lo que se ofrece, y una calidad del obsequio en entredicho (pero sin poder protestar porque sería mala educación: a caballo regalado no se le mira el diente), además de un coste adicional que para alguna institución pública supone colaborar (?) con los actos de una peña privada, amén de convertir el auditorio en un inmenso "Corral de la Pacheca" donde lo escuchado chocaba con la indumentaria clásica de los músicos de la orquesta "municipal", enfundados en sus fracs para un concierto donde lo lógico hubiese sido una orquesta ligera (como las que dirigían el recordado maestro Rafael Ibarbia o "nuestro" Benito Lauret) más que la filarmónica o sinfónica, eso sí, bajo la batuta de un director conocido en Asturias (también en Castilla-León donde fundó su orquesta) pero con otros programas más "académicos".Para los que desconocen la "trastienda" cabe recordarles que el actual alcalde de Oviedo precisamente hace 25 años aún no estaba en política sino en otros saraos, tanto pugilísticos como flamencos en la peña que celebra con su "colaboración" este aniversario, y que de aquélla se organizaban excelentes veladas en un tablao llamado "Los Caireles" ubicado en la calle Coronel Bobes (la conocida como "carretera de la cárcel"). El espectáculo ofrecido este viernes no cabría en aquél escenario aunque por otra parte el ambiente hubiese resultado más apropiado, acompañado por unas manzanillas y un plato de jamón con olivas.
Viene todo este "rollo" porque tenía mucha ilusión en escuchar la obra programada (44 años después) del primer pianista flamenco Arturo Pavón, máxime con los mismos solistas que la estrenaron en Sevilla -aunque con la orquesta ovetense- y que nos la regalaban en el auditorio, incluyendo la actuación de su viuda Luisa Ortega, e hija del gran Manolo Caracol.
La "Suite Flamenca" consta de 8 números que corresponden a distintos palos del cante, y donde participan de forma desigual y con protagonismos muy dispares piano, guitarra y orquesta. La sensación al escucharla fue la de un pastiche con buenas melodías flamencas pero fatal orquestación, vamos que resultó un cuerpo bello pero mal vestido, diría incluso que se notaban como distintas "escrituras" ante las enormes diferencias entre unos números y otros. Una cosa es la formación clásica como pianista de un flamenco como Arturo Pavón, y otra muy distinta la de compositor u orquestador (por ejemplo no entiendo muy bien el papel del arpa doblando la guitarra, o sus solos imitándola teniendo la original). Existen en la obra reminiscencias, tal vez por los manidos clichés flamencos, de las Noches de Falla, del Turina de las Danzas fantásticas, o incluso de los conciertos guitarrísticos de Bacarisse o Rodrigo, pero todo muy deshilvanado, incluso utilizando recursos demasiado fáciles para una obra que pretende más de lo escrito, a sabiendas que el flamenco, como el jazz o la canción asturiana (tonada o asturianada) son difíciles de pasar al pentagrama y devolverlo al público, incluso teniendo, como apunta el propio Enrique Morente hoy en LNE, el mismo tronco, si bien "popular" y no "culto" que es la gran diferencia que pude intuir en la suite de Pavón que no pudo (o supo) resolver.
Tampoco ayudó mucho la decisión de amplificar todo, pues el deseado equilibrio dinámico no se consiguió, en momentos necesaria para la excelente guitarra de Cepero (quien además grabó la obra en 1969) y menos para ese piano flamenco de Miño, excesivamente más alto que la orquesta en las partes "solistas" y tapado en otras por los tutti, olvidando que la propia acústica del auditorio hubiese facilitado una audición natural (como mucho parecida a la que se desplegó para Entrequatre). Comentar también que se aplaudieron todos y cada uno de los números, rompiendo el normal discurrir de la obra e incluso interrumpiendo la tensión (aunque el maestro Bragado acabó cediendo al respetable), y desde la zona del palco municipal se escuchaban puntuales y acertados jaleos del "entendido de turno", cual tablao del por mí denominado "Corral de la Lorenza".
No puedo negar el "pellizco" y talento mostrado por el joven pianista Pedro Ricardo Miño, hijo del guitarrista Ricardo Miño, en una obra precisamente para lucimiento de instrumento e instrumentista. Mucho mejor en los momentos "guitarrísticos" con una técnica en cierto modo inventada por Arturo Pavón, que en los "concertantes" con orquesta donde no siempre coincidieron, o en los muchos pasajes "de relleno" a base de arpegios ascendentes y descendentes que poco aportaban a la obra (desconozco aunque creo que simplemente se indican en la partitura sin precisar por escrito todo lo que se toca). De la maestría en la guitarra flamenca de Paco Cepero poco que añadir, salvo el menor protagonismo que tiene en la suite, y con las dificultades de afinación que conlleva la obra. Sí quiero destacar los excelentes solos que "esconde" la partitura a cargo del cello (Gabriel Ureña), corno inglés (Javier Pérez) y viola (Igor Sulyga), el profesionalismo de toda la OvFil, que evidentemente no funciona igual en foso que sobre el escenario ni con repertorios tan variopontos, y la labor de Max Bragado en su intento de "concertar" una obra difícil de interpretar por lo ya apuntado del peculiar estilo flamenco no siempre trasladable al mundo sinfónico.Como broche a la primera parte Luisa Ortega nos ofreció, micrófono en mano y con los mismos protagonistas, El Remedio de Rafael de León y Arturo Pavón, copla orquestada que no hizo más que corroborar lo anteriormente escrito.
Tras el cigarrillo del descanso, y en cierto modo lamentándome por no estar en el otro concierto, opté por el aire puro y volverme a Siana, pues la mezcla de perfumes en la sala me estaba provocando malestar general. Aquí dejo (en blanco y negro), algo similar a lo escuchado este viernes en el Tablao-Auditorio "El Corral de la Lorenza":

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