Todo muy ruso

Viernes 4 de diciembre, 20:00 horas. Jornadas de piano "Luis G. Iberni", Auditorio de Oviedo. Jue Wang, piano. Oviedo Filarmonía, directora: Julia Jones. Obras de Mussorgski, Tchaikovsky y Sibelius.
Con muchos huecos en las butacas de abonados, más por el puente festivo hasta el día 8 que por el programa ofrecido, volvían las jornadas de piano con el último ganador del Concurso Paloma O'Shea con tres obras rusas, y que me perdonen los finlandeses (y mi querido David Revilla) por llamar "ruso" a Jean, pero era la línea conductora de la velada del viernes con una inglesa afincada en Lisboa llevando la batuta.
El arranque lo ponía la versión (o "reconstrucción" como apunta mi compañera Nuria Blanco Álvarez en las notas al programa) que hizo Rimski-Korsakov de Noche en el Monte Pelado de Mussorgski, popularizada sobre todo en aquella primera (de 1940) Fantasía de Walt Disney con Leopold Stokowski en la dirección. No había escuchado este "arreglo" pero sirvió para comprobar lo bien que está sonando nuestra orquesta ovetense y qué bien llevaba Julia Jones a los músicos, con elegancia, precisión de gesto y claridad expositiva, notándose la cantidad de ópera que lleva en su batuta (como apuntaban al final del concierto mis amigas Ana Nebot y María Ablanedo).
Todos esperábamos la interpretación con la que el prodigio chino ganó el concurso santanderino, el conocidísimo Concierto para piano y orquesta nº 1 en SI b M., Op. 23 de Tchaikovski. El arranque y tempo elegido es el reflejo de lo que nos depararía, todo un despliegue de virtuosismo y fuerza muy bien acompañado por Miss Jones que llevó perfectamente a la OvFi, pero al le que pienso que faltó sentimiento. Nada de versión reposada como la de A. Rubinstein, la de Solti y Cecile Licad, ni las para mí excelente de Argerich o "tranquila y reposada" de Mehta-Barenboim, sino pirotécnica en el sentido de rapidez (lo que también supone ensuciar con el pedal) que obligó a la orquesta a seguirle más que concertar esta maravilla de la literatura pianística, olvidando que este primer movimiento es Allegro non troppo e molto maestoso. Allegro con spirito. De tantas versiones que he citado (y enlazado para escuchar en YouTube©) tampoco quiero dejar otra de referencia: la de Karajan-Kissin, nada que ver con la escuchada este viernes de Jones-Wang. Algo mejor el Andantino semplice. Prestissimo en cuanto a poder deleitarnos con el discurso expositivo, aunque de nuevo la "endiablada técnica" se apoderó de todo, para concluir con un Allegro con fuoco que terminó de "quemarme". Como para resarcirnos de tanto despliegue técnico nos regaló su tributo al centenario de Albéniz y el conocido Tango, donde nada tuvo que ver con el ruso (ni Tchaikovski ni el enlace del Tango interpretado por Shura Cherkassky) y como diría un conocido mío, resultó "muy aseado".
Me hubiese gustado una versión menos "atropellada" y más al servicio de lo melódico en el concierto para piano, aunque no puedo decir que la nueva generación de pianistas chinos vaya a cambiar el panorama (la próxima en Oviedo será Yuja Wang el 21 de este mes) como ya está haciendo Lang-Lang, pero tienen unos conceptos estéticos diametralmente opuestos a los occidentales. Será cuestión de cambiar el chip por mi parte... pues hay 12 millones de estudiantes chinos de piano y están copando los primeros premios de muchos concursos. Personalmente me quedo con "la vieja escuela" y todos los aquí citados (siendo todavía más los obviados).
Quedaba para la segunda parte la Sinfonía nº 2 en Re M., Op. 43 de Sibelius, para mí lo mejor del concierto, con evocación de Tchaikovski -por lo que le "renacionalicé" como ruso- aunque compuesta en Italia (1901) y estrenada en Helsinki (1902) con el mismo compositor dirigiendo. Sin más pretensión que dejar fluir el caudal melódico del finlandés, la orquesta ovetense dirigida por la inglesa sonó excelente en todas sus secciones y solistas, con unos tempi que ayudaron a "masticar" todo lo que esta obra de juventud (o final del llamado periodo romántico) atesora, que es mucho a causa de la llamada "fragmentación" que caracteriza su proceso compositivo de esta época, tamizada como siempre por su nacionalismo. Se notó a la Sra. Jones cómoda también con este repetorio que no dirige habitualmente, al igual que la orquesta con su dirección, formación camaleónica como ninguna que me está demostrando lo bien que se encuentra con este repertorio, sonando perfecta y adaptada a todas las batutas y estilos. De la obra quien mejor podría escribir es mi amigo y gran experto en el compositor finlandés David Revilla Velasco desde su Valladolid natal, aunque tampoco está mal explicada en otra web argentina. De lo escuchado en el Auditorio estoy convencido que le hubiese encantado.
Y como no hay grabación sonora de Oviedo, aquí dejo dos buenas: la de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Suecia con Esa-Pekka Salonen, y enlazada la de Bernstein con la Filarmónica de Nueva York, así como los comentarios de ambas versiones.

Hoy sábado me escaparé a Gijón a escuchar más música, que hasta el miércoles "no vuelvo al tajo".
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