Pablo González (foto de su web)No había que ser adivino para saber que si juntamos una orquesta en estado de gracia, dos obras que permiten seguir apostando por ella, y un director que domina este repertorio, el resultado iba a ser excelente.

Una hora antes, pudimos escuchar una de las conferencias que nuestra orquesta y la
Facultad de Musicología organizan, siendo la segunda dedicada a
Shostakovich, esta vez a cargo de
Israel López Estelche (quien en su doctorado está trabajando sobre
Luis de Pablo bajo la dirección de
Julio Ogas), autor también de unas completas
notas al programa, quien nos acercó a los asistentes los entresijos de
una obra no muy "amada" por el
compositor aunque con el tiempo se ha convertido en una auténtica joya para formaciones y directores que sepan "sacar a flote" todo lo que en ella hay de poso e incluso de fina ironía.

Un refrán español dice
"Lo bueno si breve, dos veces bueno". La primera parte la ocuparía el poema sinfónico
Don Juan, Op. 20 (1888-1889) de
R. Strauss, que en poco más de dieciocho minutos no puede expresarse tanto musicalmente, y como el propio
Israel López escribe,
"cambiará la forma de entender la obra sinfónica como tal". Este "Don Juan" es distinto del de Mozart (que también dirigió recientemente en el Campoamor mi tocayo) pero igualmente desembocando en tragedia tras un devenir de altibajos (expresado en distintos temas musicales) del personaje. La obra
straussiana de un sólo movimiento, comienza
Allegro molto con brio que
Pablo González arrancó batuta en mano cual bisturí que sabía dónde abrir. Partitura rica y virtuosísticamente orquestada pasa de la tensión a la tranquilidad desde una dirección precisa, clara, dejando a los "principales de la orquesta" interpretar con personalidad propia sus hermosos solos: desde esa transición que arrancó el violín de
Vasiliev, para llegar al
tranquilllo felizmente tocados por
clarinete y
trompa que dará paso a una cuerda sonando como nos tiene acostumbrados, lirismo y sonido propios de
"las grandes" en ese ímpetu que nos llevará de nuevo al
terciopelo melódico de cuerdas y
arpa bordado por el oboe de
Ferriol en uno de los
pasajes mejores y más bellos que se han escrito para su instrumento. El final comienzan a prepararlo unas trompas que hoy sonaron de nuevo redondas, afinadas, empastadas y esas disonancias del fatídico destino de Don Juan. Imposible describir la emoción tan intensa que supuso
disfrutar esta obra, permitiéndonos "masticar" incluso el silencio final sin prisas para el aplauso, más que merecido por otra parte.

Para la segunda parte llegaba mi esperada
"Revolución asturiana" que apuntaba en el
"blog móvil" y nos había preparado para su disfrute el conferenciante. La
Sinfonía nº 12 en Re menor, Op. 112 "El año 1917" (1961) de
Shostakovich, auténtico muestrario de lo que
una orquesta puede dar de sí con una dirección que como sucedió este viernes, fue de nuevo
conducción que deja decir a todos su papel por pequeño que sea, sin perderse ni un detalle de los cuatro movimientos que tiene.
Pablo González domina este repertorio como nadie en España, hace trabajar a los músicos desde el diálogo, haciendo y dejando hacer, como que no quiere la cosa, para conseguir precisamente lo que él sabe de antemano, lo que se nota en el resultado final.
El
Petrogrado Revolucionario (Moderato-Allegro) comienza con los contrabajos, reforzados como el resto de la orquesta para el programa de hoy, serenos en su caminar hacia
"el espíritu enérgico de la revolución que Shostakovich reproduce de forma fiel". De nuevo volveremos a escuchar en cada movimiento ese tema recurrente, persistente, trabajado de forma primorosa por el ruso e inteligentemente subrayado desde el podio por nuestro director de orquesta más internacional. El
Rasliw (Allegro-Adagio) nos mostró una percusión ideal en cuanto a dinámicas, precisión,
tempi, y empaste (llegando a pensar que hasta el triángulo estaba afinado,) y de nuevo la cuerda con unos
pizzicatos que sonaron "todos a uno" para ese ataque militar que las trompas hicieron aún más marcial si cabe. El breve pero intenso
Aurora (Allegro) nos lleva rítmicamente medido hacia la batalla final con una masa sonora tan compacta pese a los pasajes estridentes que cuanto más escucho esta orquesta nuestra más orgulloso me siento de ella, máxime con una dirección de capitan general sabedor de la victoria final que nos prepararon las trompetas. El
Amanecer de la Humanidad (Allegro-Allegretto) es la victoria tras el trabajo bien hecho, cada tema desfila por nuestros oídos en una "avalancha sonora" encabezada por la madera sonando como un solo tronco, y esta vez con un clímax obsesivo sin llegar al paroxismo, auténtico paralelismo entre la celebración del pueblo de la victoria de Lenin y la algarabía musical por el triunfo musical de lo interpretado, buscando
ironizar sobre la ironía de
Shostakovich en el sentido de
homenajear a la orquesta (y no al pueblo) pero
acercando el protagonismo a González (en vez de alejar a Lenin del mismo).
Pablo González (foto de su web)La salida temprana propició los comentarios a la puerta, los saludos a muchos músicos amigos y amigos músicos disfrutando el regusto que lo bueno deja en nosotros. Aún queda temporada por delante, pero el listón está muy alto y
este batallón necesita mando en plaza.
P.D. 2: La crítica de mi colega
Ramón G. Avello en
El Comercio Digital del domingo 7, mientras que la de mi admirada
Diana Díaz en LNE salió publicada el ¡martes 9 de marzo!. Al menos la han sacado a la luz... qué bien que desde el blog tenemos la inmediatez.
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