Magisterio en FA

El piano regresó de protagonista al auditorio carbayón volviendo a rendir tributo al genio polaco en el año de su bicentenario, y en qué mejores manos que las de un pianista de la talla del uzbeko afincado en Madrid. El Concierto para piano y orquesta nº 2 en Fa menor, Op. 21 de Chopin lo afrontó desde una lectura profunda, seria y atenta a "La Música", sin concesiones a la galería en cuanto a simples "fuegos de artificio" muy de moda en otros intérpretes con más prensa que prefieren epatar desde el virtuosismo olvidando el enorme trasfondo de estas obras. Y a ello ayudó sobremanera una dirección que sólo la madurez y magisterio del catalán pueden conseguir, logrando acompañar a la perfección y compartir protagonismo en este concierto tan difícil para lograr el perfecto acoplamiento cuando se toca desde un rubato perfecto para este romántico por excelencia, que obliga a estar atento no sólo al director sino a toda la orquesta para conseguir ese ensamblaje que exige el piano solista. El Maestoso resultó literal, desde el arranque orquestal hasta la llegada del piano con esa "flexibilidad melódica del bel canto italiano" que apuntaba en las notas al programa la siempre docta Mª Encina Cortizo. También el Larghetto respiró lirismo y también patetismo en cada nota escrita, la técnica al servicio de la musicalidad que Chopin le dedica a su amada de entonces (Konstancja Gladkowska) en los años 1828-30, aunque el concierto no se editase hasta 1836 (por ello figura como nº 2 aunque fuese el primero en componer). Sin respiro entramos en la "mazurka" del Allegro vivace en su tempo giusto, es decir lo suficientemente rápido (que no es igual que Vivace allegro) como para seguir un baile aunque elevado a las cotas de "música total". El perfecto ensamblaje tímbrico entre una orquesta perfecta, un solista excelente y un director conocedor de cada detalle dió una de las mejores versiones en vivo que he podido escuchar (las grabaciones evidentemente son otra cosa).
Y cual reafirmación de la visión que Eldar Nebolsin tiene de Chopin, su regalo fue el Estudio nº 19, Op. 25 nº 7 en Do#m, precisamente el que más profundidad de interpretación exige y no "solamente técnica" y velocidad como cualquiera de ese opus o incluso del opus 10. Gracias Eldar.



P.D. 2: Excelente entrevista a Ros Marbà de mi admirado Aurelio M. Seco en su web, que supongo (?) publicará "La Voz de Asturias" en su versión papel.
P.D. 3: Crítica de Joaquín Valdeón en LNE del sábado 20.
P.D. 4: Crítica de Aurelio M. Seco en LVA del lunes 22.
P.D. 4: Crítica de Aurelio M. Seco en LVA del lunes 22.
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