Base musical para todos

Miércoles 12 de mayo, 20:00 horas. Ca' la música, Mieres, "Mayo musical". Daniel Jaime Pérez, violín; Francisco Jaime Pantín, piano. Obras de Beethoven y Mendelssohn.
Como bien decía algún amigo músico presente en la sala, de los muchos que hoy acudieron al concierto, yo "jugaba en casa".
No estamos muy sobrados de música de cámara y menos en Mieres, aunque nuestro Conservatorio y Escuela de Música velan por mantener esa base de todo melómano, ofreciendo el escenario de la bien llamada Casa de la Música tanto a jóvenes promesas como a concertistas consumados. En esta tarde lluviosa de mayo se reunía un dúo conjugando promesa y realidad, además de ser padre e hijo.
Desaparecida como tal la Filarmónica de Mieres que presidía Luis Fdez. Cabeza (aunque siempre dentro del Centro Cultural y Deportivo Mierense), auténtica cantera y escuela para todos los amantes de la llamada música clásica donde puedo presumir que comencé mi andadura, y salvo apariciones puntuales organizadas por CajAstur, en mi pueblo no se prodigan muchos conciertos de este tipo, siendo el propio Conservatorio y Escuela de Música quien conjuga formación y ocio musicales para todos los públicos. Y en este mes podemos disfrutar de varias veladas, corriendo la apertura a un dúo familiar (en el amplio sentido de la palabra) y cercano a muchos mierenses. El programa elegido es de los que forman intérpretes pero también oyentes:
La Sonata nº 1 en RE M, Op. 12 de Beethoven era obra en mis tiempos de estudiante de piano en 2º curso de "Música de cámara" (con Carlos Luzuriaga Wamba), aunque esta vez el alumno era el violinista con profesor acompañante de lujo. Al igual que la obra, piedra angular del repertorio de sonatas a dúo, la interpretación fue in crescendo en carácter y poderío. Pese a la juventud del violinista (nacido en 1991), posee ya un sonido poderoso, valiente, redondo, sin miedos a los pasajes comprometidos y de amplias dinámicas, con un vibrato fiel a la obra, de acentuaciones preciosas y precisas ayudado por una lectura de la obra que superó "lo académico", y con un piano más que digno sin robarse nunca protagonismos.
El Allegro con brio recordó lo importante que son los dos instrumentos en estas sonatas aún clásicas (esta primera es de 1798) del sordo de Bonn, con esos diálogos tan cristalinos y pinceladas románticas en ambos solistas, contracantos contrastantes, pasajes "paralelos" a unísono, subidas y bajadas en perfecta comunión. Por su parte el Andante con moto: Tema con variaciones es un placer rememorar auditivamente cómo pasea desde el lirismo del tema al virtuosismo compartido de las variaciones. Del Rondó: Allegro surgirían los momentos más plenos de la sonata, diálogos con toques "humorísticos" que brotaron en esta formación donde la música es el aire que se respira permanentemente en su casa. Tres formas clásicas (Sonata, Tema con variaciones y Rondó) en una misma obra que unificó puntos de vista interpretativos.
Sin descanso afrontaron padre e hijo el hermoso y siempre difícil Concierto en Mi menor, Op. 64 de Mendelssohn, con un piano que "debe hacer de orquesta" aunque en manos de Paco estas endiabladas reducciones son una maravilla y por una vez el solista llevó "el mando" que cuando se comparte con orquesta es más difícil ceder. Buen arranque del Allegro Molto apassionato, de nuevo con seguridad y sin detenerse por los azares puntuales de una obra aún en estudio (seguro que Amayak, su profesor, los tendrá anotados), con la cadenza ejecutada totalmente sin complejos. El Andante nos devolvió la musicalidad que atesoran ambos intérpretes, con un violín pleno de lirismo y la técnica al servicio de la música por parte de ambos. El Allegretto non troppo-Allegro molto vivace puso espectantes a todos los presentes por el despliegue virtuosístico exigido no ya al solista sino a "la orquesta de teclas" donde sin esfuerzo pudimos reconocer toda la paleta tímbrica utilizada por el redescubridor de Bach.
A favor del solista el duro trabajo que supone estudiar esta obra y ejecutarla de memoria, estando en pleno rodaje para los exámenes finales, con todo lo que ello supone. De nuevo su profesor, presente en la sala, seguramente tomaría notas para la siguiente clase. Y es que en la música nunca se queda uno satisfecho...
Pese al esfuerzo de la velada, aún se atrevió con una propina que de por sí podría haber formado parte del concierto. Gracias a mi querido junior por chivármela: una de las Danzas Rumanas de Bartok. Estoy convencido que las estudiará todas para poder seguir demostrando el potencial musical que Daniel ya atesora, y sobre todo, seguir disfrutando con ellas.
Aún queda mucho mayo musical en Mieres... aunque no seamos Florencia.
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