La fiesta del órgano

Viernes 21 de mayo, 20:15 horas. Iglesia de San Tirso, Oviedo. XXI Festival de Órgano Cajastur. Domitila Ballesteros, órgano. Obras de autores varios.
Continúa el festival de órgano en una tarde que Oviedo celebra sus Fiestas de La Ascensión y en mi aldea de Siana las de Santa Rita, a donde acudí raudo tras finalizar el concierto.
El programa elegido por la organista brasileña fue de sorpresa para muchos, al conjugar el repertorio que nunca puede faltar en estos instrumentos, con el de compositores de su país y formas musicales que pese a no ser habituales, cuando están bien interpretadas, y como bien decía José Mª Martínez, antes del concierto, vuelven a corroborar que el órgano es el rey del instrumento. Dejo obras y autores con pequeños comentarios, debiendo felicitar a la organista (lo hice al final del concierto) por la sabia combinación de registros sin utilizar la siempre "complicada" trompetería, sin abusar nunca de los tutti y con un perfecto equilibrio de manos y pies en un órgano como el de San Tirso que brilló en todas y cada una de las obra, desde las clásicas hasta las brasileñas hasta la original propina final.
Juan Cabanilles (1644-1712): Tiento XXI por A-la-mi-re y Corrente Italiana, en principio suprimido pero vuelto al programa tras "clamor" en el anuncio inicial por parte del respetable. Mereció la pena escuchar las dos obras del valenciano que sonaron perfectas y equilibradas.
Catulo da Paixâo Cearense (1863-1943): Ave, María, para mí todo un descubrimiento de este compositor y poeta, porque las armonías típicas de la bossa al igual que el ritmo, con unos flautados combinados sabiamente y ese final V-VIII tan "cómico", prepararon perfectamente la Flor Amorosa (Samba-Choro) de Joaquín Antônio da Silva Callado (1848-1880), un pequeño salto en el tiempo pero no en el sabor, que en estas interpretaciones organísticas trajeron el aire festivo de la plaza catedralicia al pequeño templo de San Tirso.
La vuelta al órgano pleno y la propia historia del barroco fue el Concerto del Signor Vivaldi de Johann Gottfried Walther (1684-1748), adaptado o como dice el subtítulo appropriato all'Órgano da J. G. Walther): la forma de estudiar de entonces incluyendo nuestro gran Bach, y llevando al instrumento rey el sabor de los concerti italianos, donde cada uno de los tres movimientos (Allegro, Adagio, Allegro) recordaron y recrearon las orquestas barrocas desde los teclados y pedalier. Muy emotivo el tiempo lento e impresionante el movimiento final cual concierto solista donde los ornamentos en la mano derecha nos trajeron a la memoria auditiva todo el colorido y humor del cura pelirrojo (Il Prete Rosso).
Nuevo salto cronológico y estilístico con esa joya musical que nos trajo el cine (aquella preciosidad del Orfeo Negro, 1959 de Marcel Camus), la Manhâ da Carnaval de Luiz Bonfá (1922-2001), una bossa endiablada en la mano izquierda que sólo álguien que lleva ese ritmo en sus genes puede transmitirnos. Realmente el inicio de tres obras de la tierra natal de esta organista que sabe llevar a su instrumento con la dignidad propia, la Música con mayúsculas aunque siempre haya "oídos escogidos que no lo soporten". Personalmente disfruté con esta apuesta por todo tipo de repertorio siempre que se ejecute bien, como así resultó con las siguientes: Gaucho (Tango Brasileño) de Chiquinha Gonzaga (1847-1935) y el conocidísimo Tico-tico no fubá de Zequinha de Abreu (1880-1935).
Para finalizar teníamos que volver al barroco, estilo para el que el órgano de San Tirso está perfectamente diseñado, con dos alemanes contemporáneos: Vater unser im Himmelreich (Padrenuestro) de Georg Böhm (1661-1733) y dos joyas de "mein Gott", la alegre y agradecida Fuga, BWV 577 y la durísima -por todo, incluyendo la tonalidad de Do#- Passacaglia, BWV 582 (Johann Sebastian Bach, 1685-1750). Todo el "arte orgánica" en cuanto a elección de registros, equilibrio de planos, técnica al servicio de la música, y además la excelente acústica del templo, con poquísima reverberación que favoreció escuchar todo lo que las obras del kantor esconden, Bach imprescindible para el espíritu.
Y para no olvidar que estamos en plenas fiestas, una sorprendente propina y arreglo del Pasodoble de El Gato Montés (Manuel Penella, 1880-1939). En Villaviciosa volverán a disfrutarlo este sábado...
Domitila Ballesteros con Chema tras el concierto
La equis (o cruz) que suelo poner, esta vez no la adjudico al órgano, que respondió por la maestría de la brasileña, sino de nuevo a la ausencia de cualquier información en el exterior del templo y la espera a que finalizase un encuentro juvenil cuya algarabía retrasó el inicio del concierto. Entre el público, los habituales del festival y también algún sorprendido por el concierto. Volver a escribir que el festival no hubiera llegado a estos 21 años sin el apoyo económico de CajAstur ni el tesón y amor por el órgano de José Mª Martínez, alma mater, sin olvidar la colaboración de las propias iglesias que albergan los instrumentos.
Seguir esperando que como ya han hecho con el concierto del palentino Jesús Martín Moro que abrió el Festival, CajAstur continúe subiéndolos a YouTube© para disfrute de toda la melomanía y los organófilos en particular.
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