29 de mayo de 2010

Concierto de disco

Sábado 29 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo. Clausura de las Jornadas de piano "Luis Iberni". Maria João Pires, piano; Staatskapelle Weimar; Leopold Hager, director. Obras de Beethoven y Schubert.
Hay conciertos que merecerían la pena grabarse para poder compartir la grandeza del momento, aunque siempre sea irrepetible. La calidad escuchada esta tarde es un digno colofón para estas jornadas que el recordado Iberni hubiera disfrutado a lo grande, y no se puede pedir más de lo que se nos ofreció.
Una de las formaciones orquestales históricas, la Staatskapelle Weimar en gira por España bajo las manos siempre certeras del veterano Leopold Hager, nos hacía gozar de un Beethoven cuyas primeras notas de la obertura Coriolano en Do m., Op. 62, hacían vaticinar un concierto para el recuerdo. Supo a poco pero pudimos paladear una formación de fábula, con ese sonido tan germano que da envidia, formación no muy grande pero con un poderío en los graves (cuatro contrabajos) que parecía escucharse en una de esas millonarias cadenas de música (¿quién se queja de la acústica del auditorio?). Y el viento es un órgano donde empastan a la perfección todos ellos, fagots sonando a trompas y viceversa, oboe y flauta cual híbrido de ensoñación, y así todos ellos sin olvidar dos timbales auténticamente clásicos y exactos hasta donde están escritas las figuras en la partitura.
Por fin apareció la portuguesa universal, la de las manos pequeñas que hacen imposible que se pueda tocar así de bien. "La Pires", diva que no ejerce, trajo incluso su piano Yamaha CFIIIS junto al afinador y técnico oficial (Sr. Jiro Tajika), pues para tocar el Concierto para piano nº 3 en Do m., Op. 37 que nos dejó, algunas "manías" se entienden y hasta agradecen (y eso que el Steinway del auditorio es como un Rolls). Evidentemente el instrumento sonó increíble, pero las pequeñas manos que lo acariciaron, esos trinos únicos que hacen honor a su nombre, la limpieza en cada nota, la variedad de ataques, la dulzura que emana aún del clasicismo frente a la fuerza romántica que ya se atisban, hacen de "Maria la portuguesa" una de las GRANDES del piano que aún no había tocado en Oviedo). Y como siempre digo, en perfecto diálogo pues eso significa concertar, poner de acuerdo... Cómo sonó la orquesta, qué bien se entendieron los protagonistas, escuchándose sin necesidad de marcar el tempo por parte de un auténtico conductor, contestándose los motivos... Como bien escribe Alberto González Lapuente en las notas al programa, "adopta una posición novedosa al integrarse en la totalidad sinfónica como nunca antes se había hecho". El Allegro con brio resultó redondo desde el inicio orquestal y la incorporación del piano; el Largo de una delicadeza casi etérea (creo que no respiraba nadie) que no olvidaré en años, fascinante por esa equívoca sencillez, beethoveniano hasta le médula; y el Rondó: Allegro una explosión de júbilo pese a la trágica tonalidad. No hubo propinas y de nuevo la exelencia sabe a poco, pero más no se le podía pedir, y sus Beethoven pasan a ser también de disco (o vídeo).
La segunda parte nos dejó el joven Schubert de su Sinfonía nº 1 en RE M., D. 82, aparentemente obra menor pero que esconde un arduo trabajo de estudio por parte del vienés de la forma clásica (la Júpiter de Mozart entre otras) y de su "cultura musical" como escribe Brigitte Bassin, pues también están Haydn y Beethoven entre los deudores de esta primera sinfonía. El primer movimiento Adagio-Allegro vivace es buena muestra de lo dicho, y se ve "crecer" a lo largo del mismo, como bien sonó en la orquesta de Weimar. El Andante supuso paladear ese sonido compacto de la formación alemana donde sus solistas brillan con luz propia (hay que destacar el oboe de Brigitte Horlitz y la flauta de Nikolai Jaeger) sin romper la unidad del conjunto, con la cuerda redonda y unos ataques deliciosos. No se quedó atrás el tercero, Minueto. Allegretto, vigoroso, potente, de tempo contenido y esa sonoridad compacta de perfecto ensamblaje de cuerda y viento, que tanto me ha impresionado, para dejar un final Allegro vivace que hizo cortísima la media hora que dura esta Primera.
Una orquesta que se desenvuelve en un repertorio que es "suyo" con una conducción sabia, reposada, atenta al más mínimo detalle sin aspavientos, y con una madurez que le da ese toque de distinción, sola o acompañando.
Y esta vez sí hubo propina, otra exquisitez con Mozart y la Obertura de "La Clemenza di Tito" donde se sumó una segunda flauta para dejarnos "El Clasicismo en cinco minutos".
Lo dicho, un concierto de disco.P.D. 1: Reseña en La Voz de Asturias y crítica en LNE del domingo 30.

Volando con los rusos

Viernes 28 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de abono nº 14, OSPA, Mikhail Rudy, piano; Max Valdés, director. Obras de Tchaikovsky y Shostakovich.
Preveíamos un vuelo placentero con rusos en el itinerario y parte de la tripulación, si bien faltaban algunos oficiales en la escuadrilla de cuerda, pero con refuerzos suficientes para un trayecto conocido y agradecido en una nave perfectamente revisada y lista para rendir.
Tras el embarque a las 19:00 horas donde se nos sirvió un aperitivo a unos pocos pasajeros sobre "Shostakovich VS Stalin" a cargo del crítico, violinista y musicólogo Alejandro González Villalibre quien nos desmenuzó la segunda parte del vuelo, subimos en la nave de OSPAir y nos abrochamos los cinturones para despegar a la hora prevista hacia Tchaikovsky con el Concierto para piano nº 1 en Sib m., Op. 23, donde el muy condecorado sobrecargo Mikhail Rudy tiene muchísimas horas de vuelo en este conocido trayecto (incluso hecho recientemente y que repetirá) al igual que el comandante Valdés.
Reconocido en sus inicios, con todo lo que ello conlleva, como un recuerdo del gran Horowitz joven, parecía que tendríamos asegurada maestría, pero no resultó un buen despegue (Allegro non troppo e molto maestoso) pese a elegir una velocidad tranquila para disfrutar del paisaje. Enseguida percibí la falta de entendimiento entre piloto y copiloto, lo que se tradujo en ligeras fluctuaciones y falta de precisión. Alcanzado el Andantino semplice pareció ponerse "el automático" sin contar con las turbulencias que trajeron más nubes de las previstas a una altura donde no debería haberlas, incluso piezas sueltas del engranaje estuvieron vacilantes y fuera de sitio.Ni siquiera cuando el sobrecargo estaba solo tuve sensación de tranquilidad. Y no digamos nada del aterrizaje (Allegro con fuoco) donde sin necesitar extintores temía lo peor, pues además de errores imperdonables con tantos años realizando el mismo itinerario se unió la falta de autoridad para enderezar el avión pese a la no excesiva velocidad, desconozco si iba uno detrás del otro o vicecersa cuando con una simple mirada entre ellos y pilotaje manual se hubiesen subsanado los baches del viaje y un discurrir paralelo sin sobresaltos.
El pasaje, como en los vuelos transoceánicos, aunque esta vez sin movernos de Rusia, aplaudió.
Menos mal que para demostrar la capacidad y buen gusto para el transbordo nos subimos en su conocidísima y bien pilotada avioneta Chopin Nocturno Op. 27 nº 2 con la que al menos disfrutamos del in itinere.
Relajado tras fumar un cigarrillo comenzábamos la parte dura del viaje ruso con destino Shostakovich en su Sinfonía nº 10 en mi menor, Op. 93. Con pleno mando sobre una maquinaria perfectamente engrasada (difícil destacar las intervenciones de cada uno de los primeros atriles, todos ellos excelentes) y con ganas de compensar el anterior trayecto mal compartido, el comandante dejó brotar todo el poderío de la nave y la ruta prevista. Es cierto que su modo de pilotar no es agradecido y su interpretación de esta ruta, que pasa por Leningrado sin excesos de tempi, dista mucho de las de grandes pilotos, incluyendo a mi admirado Dudamel con la vitalidad contagiosa no ya de la Simón Bolívar sino incluso de la impresionante Teresa Carreño caraqueña.
Con todo, esta vez despegamos hacia el destino con Moderato y el Allegro me permitió desabrochar el cinturón para contemplar por las ventanas un paisaje donde la luz no sabría distinguir si era alba u ocaso. El Allegretto nos propuso la lectura críptica de los conocidos motivos DSCH y de Elmira con la ansiedad que produce la repetición, como volando en círculo pidiendo pista, lo que se consiguió en el Andante-Allegro que sí consiguió un aterrizaje cual perfecto punto final del periplo ruso, penúltima escala de la temporada. Seguramente con el comandante González teniendo este jet para el mismo trayecto hubiese disfrutado aún más del vuelo, pues la maquinaria estuvo pletórica y volvió a demostrar lo importante que es conducir y dejar fluir la música.
El próximo viernes despediremos en el Audiopuerto carbayón a Max con destino Puerto Rico...

27 de mayo de 2010

Concierto de formas quasi maratoniano

Jueves 27 de mayo, 20:00 horas. Casa de la Música, Mieres. Carmen Yepes, piano. Obras de Bach, Beethoven, Montsalvatge, R. Schumann y Rachmaninoff.
Volvía a su casa la pianista mierense (a la que "nacieron en Oviedo") para regalarnos a los presentes un programa que no puedo menos que calificarlo de "maratoniano" no ya por la extensión sino por la dureza de las obras elegidas, abarcando varias formas musicales en el tiempo, desde el "barroco bachiano" hasta el "mediterraneísmo catalán", consiguiendo aunar la parte pedagógica de esta profesora ante el alumnado, con una auténtica lección interpretativa de lo que suponen dichas formas musicales a lo largo del tiempo, consiguiendo entusiasmar a un público que hubiese sido más numeroso si los gestores culturales municipales de nuevo no organizasen otro concierto el mismo día y a la misma hora, al que evidentemente no asistí, si bien me consta que en principio no era esta fecha, y además el coro "no tiene la culpa".
Está claro que hacer el individualismo y hacer guerras inútiles no ayudan a sumar esfuerzos que es lo que se necesita, y menos en cuanto a la promoción musical. El esfuerzo que para el Conservatorio supone organizar recitales y planificar todo un curso académico no se merece zancadillas todo lo bienintencionadas que se quieran en pos de la música (suponiendo que así fuera). Espero por nuestro bien mierense que no vuelva a repetirse, y además ¡dos veces en la misma semana!. Más calmado y menos cabreado analizaré desde mi punto de vista las causas "personalistas" que parecen abrir brechas musicales en vez de repararlas, pues no me parece de recibo tener dos platos a elegir para volver a pasar hambre en vez de comer un plato diario.
Pero no quiere irme por los cerros de úbeda y prefiero centrarme en el excelente concierto de nuestra pianista local más querida, siempre agradecida con sus paisanos y amigos, que trajo un programa que iré comentando brevemente.
La primera parte comenzaba con el Preludio y Fuga nº 6 en Re m., BWV 875, del II Volumen de "El clave bien temperado" de J. S. Bach. Cual "padrenuestro" de todo pianista, arrancó con la valentía y frescura del preludio para dejarnos a continuación el poso de la fuga perfectamente trazada en sus voces.
Prosiguió con la Sonata nº 30, Op. 109 en MI M. de Beethoven, obra madura donde el genio de Bonn trata la forma sonata con lenguaje propio y romántico con todo lo que supone de novedosa escritura y tiempos: un Vivace inicial seguido del Prestissimo para concluir con ese Gesangvoll, miti innigster Empfindung, el Andante molto cantabile ed espressivo, realmente ajustados todos a los títulos y tempi, con la fuerza exigida en cada momento y el lirismo necesario incluso en la desnudez de las notas solas que tienen tanta vida como las escondidas en la "maraña tejida" en toda la sonata.
Y nada menos que la Sonatine pour Yvette de X. Montsalvatge para ir cerrando esta primera parte, obra de dificultades técnicas que esconden una grandeza de sonatina cuyo diminutivo cariñoso y título es por su hija, obra dedicada al pianista Gonzalo Soriano de la que el propio autor escribía: “Dedicada al aludido artista su titulo responde al deseo de una música ágil y juvenil, escrita con el pensamiento puesto en mi hija, Yvette. En el último tiempo figura, incluso, un tema de ronda popular infantil. Sin embargo, la obra, ni por su construcción en forma sonatina, ni por su estilo se aproxima a lo que entendemos por música de niños”. Obra también de una complejidad armónica que pese al virtuosismo exigido rompe moldes en su momento y nos deja esa luz mediterránea del compositor catalán
 de quien se ha escrito "está a caballo entre la tradición y la vanguardia". Comienza con el Vivo e spiritoso realmente exigente por ese clima cristalino siempre exigente en los pedales, que da un "respiro" en el Moderato molto y finalizar con el estallido de luz y color cual fiesta infantil navideña (re-utilizando ese tema de ronda "Campanitas de Belén") del Allegretto final. Hay que reconocerle a Carmen el perfecto entendimiento con los maestros catalanes, pues su Mompou es igualmente digno de escucharse.
La segunda parte nos trajo esa fantasía, forma desde el romanticismo de otro apóstol del teclado, llena de simbolismos, recuerdos, referencias y mucho amor hacia Clara Wieck en los momentos de "relación prohibida" que se tejen en la Fantasía Op. 17 en DO M. de R. Schumann. Sus movimientos, cual sonata pero elevada a nueva categoría, atesoran pasajes exigentes para poder seguir los dibujos melódicos no siempre fáciles de sacar al primer plano: Durchaus phantastisch una leidenshaftlich vorzutragen, con el inicio de mano izquierda y pedal que no son precisamente lo más exigente; continúa el Mäßig Durcaus energisch, realmente enérgico sin perder el lirismo, y para "rematar la faena" ese Langsam getragen Durchweg leise zu halten, tranquilo solamente en el enunciado, pues supone para el pianista concluir toda la forma sin perder unidad. Más que los sentimientos hacia el amado pudimos escuchar el agradecimiento de la amada, calidad técnica e interpretativa, rigor a la partitura, gama dinámica increíble y musicalidad más que demostrada en esta gran obra de la literatura musical camerística que no ha faltado en el repertorio de los virtuosos, para una pianista todavía con mucho recorrido y carrera por delante, que ya la ha hecho suya.Si el esfuerzo mental y físico que supone afrontar este programa ya es digno del titular, aún tuvo la gentileza y gratitud de dejarnos una propina de altura: el Preludio en RE M., Op 23 nº 4, Op. 23 (1) de S. Rachmaninoff, otro autor diríamos que encajado en el haber interpretativo de "nuestra Yepes", aunque a la vista de lo escuchado esta tarde lluviosa del último jueves de mayo, realmente nos hace sentirnos siempre a gusto con lo que traiga.Un placer y lujo que sus conciertos en Mieres sean parte del circuito de nuestra querida y admirada pianista, cada vez más madura y con las ideas más claras.
(1) Gracias Carmen.

24 de mayo de 2010

Comienza una semana muy musical

Lunes 24 de mayo, 20:00 horas (pese a figurar en otras informaciones las 19:30). Casa de la Música de Mieres. Dúo Quaere (Antonio Peña, cello y Paula Raposo, piano).
Como ensayo de preparación al concierto del Teatro Toreno en Cangas de Narcea el próximo día 4 de junio titulado "Ecos del mundo invisible", esta pareja tan musical tuvo el detalle de presentarlo en familia, y nunca mejor dicho, pues en nuestro Mieres, como en otras poblaciones, la coordinación de eventos no parece ser el punto fuerte de los gestores, y a la misma hora tenía lugar en la Casa de Cultura un concierto de percusión a cargo del músico local José Ramón Vidal Pereira, que estoy seguro restó afluencia en el salón de actos de nuestra casa, y personalmente siempre apostaré por el Conservatorio aunque sea defecto profesional.
Antonio Peña Fernández, con un violonchelo Matthias Kloz fechado en 1.772 de sonido potente en los graves, lírico en el registro medio y armónicos algo opacos, más Paula Raposo Rodríguez en el piano del conservatorio mierense algo desajustado y desafinado aunque haciendo siempre bien su papel de acompañante en unas (aquí con mi admirado Ignacio Rodríguez) y protagonismo compartido en otras como la de esta tarde de lunes, nos dieron una lección camerística, auténtica base musical para intérpretes y público, con obras variadas en cuanto a dificultad y ejecución aunque siempre desde una conjunción fruto de arduos ensayos y carreras paralelas, cuando no convergentes, en sus ya amplias trayectorias.
Como decía, el programa elegido para Cangas de Narcea nos lo adelantaron en Mieres, con una inteligente elección de obras "populares y nuevas" que apuntaba desde el blog móvil, al menos no tan conocidas para el gran público, y aquí las dejo para que vean el repertorio, con pequeños comentarios sobre ellas.
Primera parte:
Wie Melodien zieth es mir, Op. 105 (1886) de J. Brahms, ese lied como una melodía que pasa (Like a melody it passes) con texto de Klaus Groth (1819- 1899), donde el cello no sustituye la voz sino que en esta versión canta con todo ese acompañamiento pianístico tan importante.
Menuetto (1801) de L. Boccherini, en arreglo para cello y piano del original orquestal.
Adagio cantabile-Allegro vivace, de la Sonata para violonchelo y piano en LA M., Op. 69 (1808) de L. van Beethoven, una de las joyas escritas para este dúo, realmente protagonistas ambos instrumentos con una escritura del sordo de Bonn realmente deliciosa y que en los enlaces podrá apreciarse que no ha faltado en el repertorio de los grandes del cello... por algo será, y nuestra pareja acabará haciéndola suya.
Salut d'Amour, Op. 12 (1889) de Sir Edward Elgar, ese regalo de bodas originalmente para violín y piano pero que en esta adaptación no desmerece gracias a la expresividad del "hermano barítono", probablemente más inglés que el pequeño de la familia, y con todo el amor interpretativo de la dedicatoria.
El Cisne, creo que la pieza más famosa de El carnaval de los animales (1886) de C. Saint-Saëns, donde el cello encuentra su registro más melancólico como así supieron darnos.
Andante, de la Sonata para piano y violonchelo en Sol m., Op. 19 (1901) de S. Rachmaninoff, un compositor que escribió con estilo propio tanto para el arco como para el piano del que era un virtuoso, incluso "negando el nombre" al considerar que ambos instrumentos son importantes, siendo esta obra imprescindible para quienes dominen su instrumento, y eso hicieron Antonio y Paula sabiendo compartir.
Rapsodia húngara (1894) del bohemio David Popper (Praga 1843-Baden 1913), obra difícil porque todo ese estilo magiar y zíngaro exige un virtuosismo en los dos intérpretes para resaltar la musicalidad que esconde la partitura, máxime en un compositor que fue también excelente cellista, siendo muy aplaudida por los presentes conocedores todos del sacrificio que conlleva alcanzar el nivel mostrado por este dúo.
Segunda parte:
Nocturno Op. 19 nº 4 (1873) de P. I. Tchaikovsky, en "reducción orquestal" donde el piano tiene que recrear toda esa atmósfera sinfónica sin quitar el protagonismo del solista, de nuevo perfectamente logrado.
À Chloris (1916) de Reynaldo Hahn (1874-1947), venezolano de madre vasca y padre alemán, otro de los llamados maestros de la melodía, una hermosa canción para soprano y piano (también cantada por contratenor) transcrita para cello que evidentemente es de nuevo un "buen suplente" de la voz como pudimos apreciar, siempre bien acompañada al piano.
Nana y Asturiana de las Siete canciones populares españolas (1914) de M. de Falla, obras de nuevo para voz y piano aunque con todo tipo de arreglos como el elegido esta vez de cello y piano, siendo parte habitual de la literatura para nuestro dúo porque se ha repetido muchas veces que el cello es probablemente el instrumento más parecido a la voz humana, por lo cual la transcripción de obras para él son muchas en la literatura violoncellística, siendo el piano o la guitarra los fieles acompañantes.
Le Grand Tango (1982) de Astor Piazzolla, enorme y auténtica biografía borgiana hecha música, una de las obras cumbres del argentino donde el dúo se volcó para ofrecernos lo mejor del concierto. Por momentos el cello con sus armónicos recordaba el bandoneón y el piano supo darle ese aroma porteño que respita toda la obra del gran Astor, que atesoro en la versión de Guidon Kremer.
Requiebros (1934) del también cellista Gaspar Cassadó -alumno de Pau Casals, Falla y Ravel- pusieron el broche final con ambiente de alhambrismo camerístico en obra pensada para esta formación que supo darnos una lección familiar.
Foto de un concierto anterior en Mieres
Y de propina una joya sólo al piano, Cristal del brasileño César Camargo Mariano (19-11-1943), músico al que descubrí hace casi treinta años, con aromas caribeños que me recordaron a Michel Camilo y donde Paula Raposo nos deleitó demostrando que su repertorio abarca "lo que le echen" y siempre bien.
Mi semana musical acaba de comenzar, aún me esperan Carmen Yepes el jueves 27 en nuestra casa de Mieres, Oviedo con la OSPA y Max Valdés interpretando a Shostakovich -entre otros- el viernes 28, un sábado 29 de gala con Maria João Pires también en la capital asturiana, para acabar peregrinaje musical nada mejor que en Covadonga con la organista uruguaya Cristina Gª Banegas el domingo 30 a las 19:00 horas cerrando el XXI Festival de Órgano de Asturias.
Ya lo iremos contando...

22 de mayo de 2010

La fiesta del órgano

Viernes 21 de mayo, 20:15 horas. Iglesia de San Tirso, Oviedo. XXI Festival de Órgano Cajastur. Domitila Ballesteros, órgano. Obras de autores varios.
Continúa el festival de órgano en una tarde que Oviedo celebra sus Fiestas de La Ascensión y en mi aldea de Siana las de Santa Rita, a donde acudí raudo tras finalizar el concierto.
El programa elegido por la organista brasileña fue de sorpresa para muchos, al conjugar el repertorio que nunca puede faltar en estos instrumentos, con el de compositores de su país y formas musicales que pese a no ser habituales, cuando están bien interpretadas, y como bien decía José Mª Martínez, antes del concierto, vuelven a corroborar que el órgano es el rey del instrumento. Dejo obras y autores con pequeños comentarios, debiendo felicitar a la organista (lo hice al final del concierto) por la sabia combinación de registros sin utilizar la siempre "complicada" trompetería, sin abusar nunca de los tutti y con un perfecto equilibrio de manos y pies en un órgano como el de San Tirso que brilló en todas y cada una de las obra, desde las clásicas hasta las brasileñas hasta la original propina final.
Juan Cabanilles (1644-1712): Tiento XXI por A-la-mi-re y Corrente Italiana, en principio suprimido pero vuelto al programa tras "clamor" en el anuncio inicial por parte del respetable. Mereció la pena escuchar las dos obras del valenciano que sonaron perfectas y equilibradas.
Catulo da Paixâo Cearense (1863-1943): Ave, María, para mí todo un descubrimiento de este compositor y poeta, porque las armonías típicas de la bossa al igual que el ritmo, con unos flautados combinados sabiamente y ese final V-VIII tan "cómico", prepararon perfectamente la Flor Amorosa (Samba-Choro) de Joaquín Antônio da Silva Callado (1848-1880), un pequeño salto en el tiempo pero no en el sabor, que en estas interpretaciones organísticas trajeron el aire festivo de la plaza catedralicia al pequeño templo de San Tirso.
La vuelta al órgano pleno y la propia historia del barroco fue el Concerto del Signor Vivaldi de Johann Gottfried Walther (1684-1748), adaptado o como dice el subtítulo appropriato all'Órgano da J. G. Walther): la forma de estudiar de entonces incluyendo nuestro gran Bach, y llevando al instrumento rey el sabor de los concerti italianos, donde cada uno de los tres movimientos (Allegro, Adagio, Allegro) recordaron y recrearon las orquestas barrocas desde los teclados y pedalier. Muy emotivo el tiempo lento e impresionante el movimiento final cual concierto solista donde los ornamentos en la mano derecha nos trajeron a la memoria auditiva todo el colorido y humor del cura pelirrojo (Il Prete Rosso).
Nuevo salto cronológico y estilístico con esa joya musical que nos trajo el cine (aquella preciosidad del Orfeo Negro, 1959 de Marcel Camus), la Manhâ da Carnaval de Luiz Bonfá (1922-2001), una bossa endiablada en la mano izquierda que sólo álguien que lleva ese ritmo en sus genes puede transmitirnos. Realmente el inicio de tres obras de la tierra natal de esta organista que sabe llevar a su instrumento con la dignidad propia, la Música con mayúsculas aunque siempre haya "oídos escogidos que no lo soporten". Personalmente disfruté con esta apuesta por todo tipo de repertorio siempre que se ejecute bien, como así resultó con las siguientes: Gaucho (Tango Brasileño) de Chiquinha Gonzaga (1847-1935) y el conocidísimo Tico-tico no fubá de Zequinha de Abreu (1880-1935).
Para finalizar teníamos que volver al barroco, estilo para el que el órgano de San Tirso está perfectamente diseñado, con dos alemanes contemporáneos: Vater unser im Himmelreich (Padrenuestro) de Georg Böhm (1661-1733) y dos joyas de "mein Gott", la alegre y agradecida Fuga, BWV 577 y la durísima -por todo, incluyendo la tonalidad de Do#- Passacaglia, BWV 582 (Johann Sebastian Bach, 1685-1750). Todo el "arte orgánica" en cuanto a elección de registros, equilibrio de planos, técnica al servicio de la música, y además la excelente acústica del templo, con poquísima reverberación que favoreció escuchar todo lo que las obras del kantor esconden, Bach imprescindible para el espíritu.
Y para no olvidar que estamos en plenas fiestas, una sorprendente propina y arreglo del Pasodoble de El Gato Montés (Manuel Penella, 1880-1939). En Villaviciosa volverán a disfrutarlo este sábado...
Domitila Ballesteros con Chema tras el concierto
La equis (o cruz) que suelo poner, esta vez no la adjudico al órgano, que respondió por la maestría de la brasileña, sino de nuevo a la ausencia de cualquier información en el exterior del templo y la espera a que finalizase un encuentro juvenil cuya algarabía retrasó el inicio del concierto. Entre el público, los habituales del festival y también algún sorprendido por el concierto. Volver a escribir que el festival no hubiera llegado a estos 21 años sin el apoyo económico de CajAstur ni el tesón y amor por el órgano de José Mª Martínez, alma mater, sin olvidar la colaboración de las propias iglesias que albergan los instrumentos.
Seguir esperando que como ya han hecho con el concierto del palentino Jesús Martín Moro que abrió el Festival, CajAstur continúe subiéndolos a YouTube© para disfrute de toda la melomanía y los organófilos en particular.

19 de mayo de 2010

León y el libro de EPI

En el Club de Prensa de La Nueva España, en Oviedo, he asistido a la presentación del libro "León sin prisa (I)" de Epigmenio Rodríguez Mancebo, para los amigos Epi, un humanista en el amplio sentido de la palabra, y un utópico pese a su faceta de economista, a quien no le importa gastarse los euros en compartir su visión de la vida y el recuerdo siempre presente de su patria chica, nunca exento de una crítica constructiva.
Colega de profesión hoy jubilado, en su larga trayectoria vital nunca olvida su tierra, dándose Una vuelta por el (viejo) reino... finalmente la provincia, como indica en el subtítulo cargado de la fina ironía y "a little touch" de humor inglés del que se empapó durante su estancia londinense.
Leonés de Taranilla, "cazurro" en el buen sentido de la palabra (así llamamos los asturianos a nuestros vecinos del sur), llegó un día a Mieres como profesor de economía, con un currículo y vagaje que fuimos descubriendo poco a poco. Entre nosotros presentó su corto "Las becicletas" que llegó incluso desde la SEMINCI vallisoletana al Fotogramas, y hasta Cannes (el periplo completo lo podemos ver en su blog), visión cercana de las historias de su tierra, esta vez de la posguerra, siempre con la gracia "made in Epi", y de nuevo quiso que la presentación de su primera criatura escrita, como dirían en la presentación, también llegase tras el parto en León al bautizo en esta su segunda casa asturiana, y rodearse de dos compañeros mierenses y amigos: Purificación Robles, profesora del IES "Bernaldo de Quirós", una leonesa afincada hace años entre nosotros, y Carlos Argüelles, Jefe de Estudios y profesor de Lengua y Literatura de nuestro IES "El Batán", el último destino activo de nuestro querido Epi, como asturiano que se escapa a León "siempre que la nieve no lo impide".
Puri, Epi y Carlos
Acto emotivo y brillante por las excelentes palabras desde la mesa, el encuentro entre muchos amigos y colegas, así como el placer de tener un excelente libro que, sin ser una guía de viaje, nos hace conocer esta tierra leonesa incluso sin conocerla, animándonos a recrearla en vivo y llena "de paisajes y paisanajes".
Es difícil llenar un salón para presentar un libro entre semana, a las siete de la tarde, y además vender ejemplares que estuvo firmando un buen rato (el mío también).
Pero resurge el Humanismo en el siglo XXI, y está calando al menos entre los que ya hemos cumplido el medio siglo, lo que siempre es de agradecer. El rollizo niño de apenas dos meses de vida (que decía Carlos) continuará gateando y volverá a su León natal la próxima semana para su "puesta de largo" en la Semana del Libro.
Gracias EPI.
P.D.: Reseña en LNE del jueves 20.

16 de mayo de 2010

Fin de gira con Entrequatre

Sábado 15 de mayo, 20:00 horas. Teatro Municipal de San Martín del Rey Aurelio (El Entrego). "Entrequatre en los orígenes": GuitarEtnia. Entrequatre. Obras de Flores Chaviano, Luis Barroso, Emiliano Pardo, Leonardo Sánchez y Manuel del Águila.
Un cuarteto de guitarras, asturiano, nominado en los últimos Premios Grammy 2009, y además ¡25 años juntos! es para dedicarles más de una entrada en este blog y algún que otro reportaje en la prensa.
"No es precisamente habitual que un grupo musical en España alcance los 25 años de actividad ininterrumpida, menos aún si el ámbito de trabajo es la música nueva y creación contemporánea; por eso, creemos que tiene mucho mérito" (Manuel Angel Paz).
Si además en esta trayectoria llena de giras por medio mundo unimos que han escrito para ellos todo un repertorio específico para cuarteto de guitarras los mejores compositores del momento y que además está engrosando la literatura para este instrumento y los programas de formaciones como la nuestra...
Si sumamos que nunca han perdido el amor y apego a "la tierrina", que son solidarios como el que más y que siguen compaginando el trabajo docente con el de investigación, así como llevar el nombre de Asturias y España por donde quieran que pasan.... Que a nadie le extrañe el cariño que tengo hacia este cuarteto, al que me une además la amistad con "medio cuarteto" desde el siglo pasado...
Y para completar esta introducción, agradecerles que tuviesen el detalle de ofrecer cuatro conciertos (para nosotros auténtica gira) en los lugares de nacimiento de cada uno de los cuatro componentes de esta formación (no habitual por otra parte, y menos con las obras que nos interpretan). Han estado tocando en Ujo, Pola de Lena, Llanes y El Entrego, donde han compartido y devuelto con creces cariño y común amor por la música.
Quiero dejar aquí el programa elegido con ese título "GuitarEtnias" porque en todos los temas, compuestos para ellos, está el folklore tanto de Asturias como de los países que han visitado y de sus compositores a quienes nunca agradeceremos bastante estos regalos.
Comenzaron con Entrequatre -1984- (Flores Chaviano), la primera obra que les dedicaron, precisamente este gran cubano con el que la colaboración aún continúa. De hecho también suyas interpretaron de la Suite de 6 canciones asturianas (2004) cuatro de ellas: Ayer vite na fonte, Giraldilla, Añada y El baile de los pollos. Qué decir de la visión asturiana de Torner tamizada por el cubano, haciendo de nuestro folklore auténticas joyas de concierto.
El Fandango (José Luis Barroso, Madrid 1960) nos trajo la base y recuerdo flamenco desde la óptica clásica de un compositor actual para un cuarteto que es atemporal.
La segunda parte, mantiendo esas culturas musicales del otro lado del Atlántico comenzó con La tierra del chucuchuco (Emiliano Pardo-Tristán, Panamá 1960) seguida de Norte -huayno- y Sur -milonga- dos números de la suite "Itinerario" del argentino Leonardo Sánchez (1966). Aún quedaría el Presto (2000) del uruguayo Miguel del Águila (1957) como perfecto colofón de un repertorio con el que disfrutan y por ello dominan, dejándonos todavía la conocida propina Lágrimas negras en arreglo del gran Chaviano.
Las bodas de plata ya están celebradas y compartidas, pero los 26 años están igualmente cumplidos ¡auténtica madurez musical para paladear Entrequatre.
video

15 de mayo de 2010

Del XXI Festival de Órgano de Asturias

Viernes 14 de mayo, 20:00 horas. Iglesia de San Francisco, Oviedo. XXI Festival de Órgano Cajastur. Heinrich Walther, órgano. Obras de Bach, Mozart y Haydn.
El maestro alemán de los teclados (nacido en 1959 como un servidor) llegaba a Oviedo para dejarnos ese repertorio de todo buen organista en el que nunca falta Bach, si bien el instrumento de "la iglesia redonda" (frente al Auditorio) se le reveló con una desafinación que me hizo crujir los dientes en más de una ocasión así como incomodar al propio intérprete, aunque su profesionalidad supo "capear el temporal" con elecciones de otros registros seguramente no deseados pero buscando evitar la combinación horribilis que en obras puntuales las hacía casi irreconocibles.
Una lástima y algo no frecuente en estos órganos (precisamente en "parroquias ricas") pero que hoy desgraciadamente sucedió, siéndome imposible acudir el próximo domingo a Gijón donde en el órgano de la Iglesia de San Pedro dejará otro repertorio de finales del XIX (Julius Reubke y la Sinfonía en Re m. de Franck -con "Transcripción" del propio Walther- ) que seguro hará las delicias de los amantes del instrumento rey, protagonista de este festival del que todavía quedan conciertos.
Evidentemente el festival no hubiera llegado a estos 21 años sin el apoyo económico de CajAstur ni el tesón y amor por el órgano del allerano afincado en Avilés José Mª Martínez, quien esta vez tuvo que ejercer de ayudante de organista (instrumento que mi querido Chema alma mater domina), sin olvidar la colaboración de las propias iglesias que albergan los instrumentos. Tras unas breves palabras del párroco de San Francisco Don Fernando Llenín Iglesias presentando el concierto, y con una pronunciación impecable del alemán, comenzaba su paso por España dentro de su amplia gira el profesor Walther con Bach y la Fantasía y Fuga en sol menor, BWV 542, mejor ésta que aquélla, con ese final en Sol M. que ilumina todo el patetismo de la obra, para proseguir con Allein Gott in der Höh sei Ehr, BWV 663, espíritu luterano de Leipzig hecho música y una elección de registros muy apropiada para este coral. El arranque bachiano lo cerraría el Trío Sonata en Do mayor, BWV 529, en la transcripción del organista alemán.
Cambiando de estilo y época llegaría Ein Orgel Stück für eine Uhr (Fantasía en fa menor) KV 608, de W. A. Mozart y el Adagio, del "Cuarteto en La mayor", Op. 76 de Haydn. Lástima la ya comentada desafinación porque lograr en el órgano toda la riqueza de un cuarteto nos hace reafirmarnos en el calificativo de "instrumento rey", máxime con el dominio que el organista alemán tiene de él.
Y para cerrar el círculo Bach principio y final: la Passacaglia y Fuga en Do menor, BWV 582, enorme en densidad sonora y exigente en cuanto a la técnica y buen hacer para lograr que no se pierda ni una nota de esa fuga final.
Evidentemente, y pese al malestar que la afinación debió causarle, no podía privarnos de la "propina luminosa" que resultó la conocidísima Aria en Sol, el segundo movimiento "Air" de la Suite nº 3 BWV 1068, interpretada al órgano.
La equis (o la cruz) se la pongo al órgano que no respondió y también a la ausencia de cualquier información en el exterior del templo, que llevó a quien suscribe a hacer de guía y "resuelve dudas". Al menos nos unía a todos el amor por la música y hasta nos reconocimos como habituales del festival, intercambiando recuerdos de mi querido Raúl Prieto el año pasado y promocionando Covadonga también como peregrinaje organístico.
Una vez dentro finalizada la misa de las 19:30 los programas sí indicaban que "algo de música" había...
Del resto simplemente esperar que como ya han hecho con el concierto del palentino Jesús Martín Moro que abrió el Festival, CajAstur continúe subiéndolos a YouTube© para disfrute de toda la melomanía.

13 de mayo de 2010

Base musical para todos

Miércoles 12 de mayo, 20:00 horas. Ca' la música, Mieres, "Mayo musical". Daniel Jaime Pérez, violín; Francisco Jaime Pantín, piano. Obras de Beethoven y Mendelssohn.
Como bien decía algún amigo músico presente en la sala, de los muchos que hoy acudieron al concierto, yo "jugaba en casa".
No estamos muy sobrados de música de cámara y menos en Mieres, aunque nuestro Conservatorio y Escuela de Música velan por mantener esa base de todo melómano, ofreciendo el escenario de la bien llamada Casa de la Música tanto a jóvenes promesas como a concertistas consumados. En esta tarde lluviosa de mayo se reunía un dúo conjugando promesa y realidad, además de ser padre e hijo.
Desaparecida como tal la Filarmónica de Mieres que presidía Luis Fdez. Cabeza (aunque siempre dentro del Centro Cultural y Deportivo Mierense), auténtica cantera y escuela para todos los amantes de la llamada música clásica donde puedo presumir que comencé mi andadura, y salvo apariciones puntuales organizadas por CajAstur, en mi pueblo no se prodigan muchos conciertos de este tipo, siendo el propio Conservatorio y Escuela de Música quien conjuga formación y ocio musicales para todos los públicos. Y en este mes podemos disfrutar de varias veladas, corriendo la apertura a un dúo familiar (en el amplio sentido de la palabra) y cercano a muchos mierenses. El programa elegido es de los que forman intérpretes pero también oyentes:
La Sonata nº 1 en RE M, Op. 12 de Beethoven era obra en mis tiempos de estudiante de piano en 2º curso de "Música de cámara" (con Carlos Luzuriaga Wamba), aunque esta vez el alumno era el violinista con profesor acompañante de lujo. Al igual que la obra, piedra angular del repertorio de sonatas a dúo, la interpretación fue in crescendo en carácter y poderío. Pese a la juventud del violinista (nacido en 1991), posee ya un sonido poderoso, valiente, redondo, sin miedos a los pasajes comprometidos y de amplias dinámicas, con un vibrato fiel a la obra, de acentuaciones preciosas y precisas ayudado por una lectura de la obra que superó "lo académico", y con un piano más que digno sin robarse nunca protagonismos.
El Allegro con brio recordó lo importante que son los dos instrumentos en estas sonatas aún clásicas (esta primera es de 1798) del sordo de Bonn, con esos diálogos tan cristalinos y pinceladas románticas en ambos solistas, contracantos contrastantes, pasajes "paralelos" a unísono, subidas y bajadas en perfecta comunión. Por su parte el Andante con moto: Tema con variaciones es un placer rememorar auditivamente cómo pasea desde el lirismo del tema al virtuosismo compartido de las variaciones. Del Rondó: Allegro surgirían los momentos más plenos de la sonata, diálogos con toques "humorísticos" que brotaron en esta formación donde la música es el aire que se respira permanentemente en su casa. Tres formas clásicas (Sonata, Tema con variaciones y Rondó) en una misma obra que unificó puntos de vista interpretativos.
Sin descanso afrontaron padre e hijo el hermoso y siempre difícil Concierto en Mi menor, Op. 64 de Mendelssohn, con un piano que "debe hacer de orquesta" aunque en manos de Paco estas endiabladas reducciones son una maravilla y por una vez el solista llevó "el mando" que cuando se comparte con orquesta es más difícil ceder. Buen arranque del Allegro Molto apassionato, de nuevo con seguridad y sin detenerse por los azares puntuales de una obra aún en estudio (seguro que Amayak, su profesor, los tendrá anotados), con la cadenza ejecutada totalmente sin complejos. El Andante nos devolvió la musicalidad que atesoran ambos intérpretes, con un violín pleno de lirismo y la técnica al servicio de la música por parte de ambos. El Allegretto non troppo-Allegro molto vivace puso espectantes a todos los presentes por el despliegue virtuosístico exigido no ya al solista sino a "la orquesta de teclas" donde sin esfuerzo pudimos reconocer toda la paleta tímbrica utilizada por el redescubridor de Bach.
A favor del solista el duro trabajo que supone estudiar esta obra y ejecutarla de memoria, estando en pleno rodaje para los exámenes finales, con todo lo que ello supone. De nuevo su profesor, presente en la sala, seguramente tomaría notas para la siguiente clase. Y es que en la música nunca se queda uno satisfecho...
Pese al esfuerzo de la velada, aún se atrevió con una propina que de por sí podría haber formado parte del concierto. Gracias a mi querido junior por chivármela: una de las Danzas Rumanas de Bartok. Estoy convencido que las estudiará todas para poder seguir demostrando el potencial musical que Daniel ya atesora, y sobre todo, seguir disfrutando con ellas.
Aún queda mucho mayo musical en Mieres... aunque no seamos Florencia.