Milanov triunfa y saca brillo

Viernes 2 de marzo, 20:00 horas. OSPA, Concierto de Abono nº 5: Jose Franch-Ballester (clarinete), Rossen Milanov (director). Obras de Golijov, Oscar Navarro y Dvorak.
Concierto muy emotivo para recibir al ya titular de la OSPA que como en un viaje de ida y vuelta afrontó un programa que espero sea la línea a seguir: obras de nuestro tiempo como la del argentino o un estreno absoluto del alicantino, más una imprescindible en todo repertorio sinfónico como esa "Sinfonía del Nuevo Mundo" premonitoria de lo que todos esperamos de nuestra orquesta de cabecera con el flamance director búlgaro cuya felicidad y buen trabajo contagió a todos, profesores y público en general. Hacía tiempo que no se escuchaban tantos aplausos en el Auditorio.
La cuerda de la OSPA organizada en los dos cuartetos enfrentados puso en marcha "Last Round" para orquesta de cuerda (1996) de Osvaldo Golijov con una dirección de Milanov que hizo vibrar como nunca y sacar sonoridades olvidadas de "la niña bonita" (pues la cuerda asturiana siempre ha asombrado a propios y extraños). Quienes me conocen saben mi querencia por Piazzolla, y la obra de su compatriota bebe de él no ya como homenaje sino natural evolución de la música culta argentina desde un compositor que adopta un lenguaje musical cercano desde lo novedoso (aunque ya menos). Una maravilla los dos tiempos contratados y cómo desde el podio logró sacar de la partitura desde el ritmo trepidante y atmósfera porteña hasta una calma que se transmite en Deaths of the angel tan melódico como tonal en una orquesta de cuerda con identidad propia subrayada todavía más por el búlgaro.
La sorpresa vendría del estreno absoluto de "II Concerto" para clarinete y orquesta" de Oscar Navarro (Novelda, 1981) con el castellonense Jose Franch-Ballester de solista, obra encargo del Institut Valencià de La Música de la Generalitat Valenicana, en línea con el primero que ya había sonado en Oviedo por la JONDE en 2009. El clarinetista solista, natural de una tierra que sigue siendo cantera mundial de los instrumentos de viento, me asombró en su visita de septiembre de 2010 con la directora Virginia Martínez no ya por su interpretación de Mozart sino por una técnica y sonido que nos dejó conmocionados, y hasta la propina de Piazzolla, como si Don Astor quisiese seguir presente tras la primera obra. La obra, bien explicada en las excelentes notas al programa de mi querida Nerea Barrena de la Rúa, nos dejó tan buen sabor de boca que intentaré seguir la programación de Radio Clásica para volver a escucharla y grabarla cuando la emitan. Con un lenguaje ecléctico pero cercano a mi generación (no en vano también compone para cine y televisión) y referencias a Broadway, Bernstein o la llamada "New Age", resultó pletórica en colorido, ritmo, timbres impensables en el clarinete solista, ambientes y "dicción" que Milanov llevó como si la hubiese dirigido cientos de veces, pues la seguridad que transmitió desde la tarima fue clave para conseguir disfrutar todos de un estreno que seguro triunfará muchas veces. La entrega de todos los músicos, con especial peso de una percusión siempre atenta y verdadero sustento de la obra, incluso en la parte de palmas, fue la clave del éxito, y tras la larguísima ovación para obra y compositor presente, repitieron precisamente esta segunda parte de la primera sección con un aroma flamenco en el que el director búlgaro pareció más español que nadie.
Y el cocinero Milanov nos preparó un final de menú con el plato ya degustado muchas veces en esta sala pero totalmente nuevo en condimentación, tiempo de cocción y presentación: la Sinfonía nº 9 en Mi m., Op. 95 "Del Nuevo Mundo" (Dvorak) que casi tendríamos que rebautizarla como "de la Nueva Ospa", pues si los comentarios previos apuntaban maneras, lo escuchado fue como quitar el polvo a una partitura y descubrir notas perdidas, melodías antes oscuras para conseguir un brillo equiparable a la versión que Forma Antiqva ha realizado de las archiconocidas "Cuatro Estaciones" de Vivaldi. Nuevamente pudimos comprobar que cuando los músicos están a gusto y en plena sintonía con el director, el resultado es sobresaliente, y así fue en todos los aspectos la sinfonía del checo dirigida de memoria y con la maestría de buen conocedor convencido de su trabajo. La cocina búlgara apostó por contrastes increíbles y dibujos tímbricos en todas las secciones que sonaron como nunca, con silencios expresivos que dejaron sin toses más espacio del habitual, tiempos ajustados (casi extremos) a la indicación para poder paladear todas las notas en las distintas secciones, vigilando cada sonido en su momento, incluso apostando por trompetas de llaves o flautas de madera: cuerda tensa y agresiva donde debía, madera ensoñadora (qué bien el corno de Juan Pedro) siempre segura y empastada toda ella (los Pears en su línea), más un metal redondo sin estridencias, orgánico por momentos -Largo- y potente en otros. finalizando con el "fuoco" indicado en el Allegro. Éxito total en este concierto con Milanov sacando de la OSPA todo lo que muchos sabemos atesora pero no siempre afloraba. Buenas sensaciones y mucha esperanza.
P. D. 1: Esta vez esperé a reposar sensaciones pues estuve celebrando el concierto como si fuese mío, incluso teniendo que elegirlo frente a otro realmente cercano, pero no podía ni quería perderme el aquí comentado.
Algunos enlaces son de la propia OSPA en Facebook, así como de la prensa de este sábado 3 de marzo, recogiendo el éxito del concierto: Javier Neira en LNE, Aurelio M. Seco en La Voz de Asturias y Ramón G. Avello en El Comercio.
P. D. 2: Críticas del domingo 4 de marzo por Diana Díaz en LNE y más de Aurelio M. Seco en La Voz de Asturias.
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