Clausura de altura

Domingo 31 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, último concierto de la temporada del ciclo "Los Conciertos del Auditorio". Orquesta Sinfónica de Viena (Wiener Symphoniker), Fabio Luisi, director.
Obras: Concierto para violín y orquesta en RE M., Op. 35 (Tchaikovski): Mikhail Ovrutsky, violín. Sinfonía nº 2 en RE M., Op. 73 (Brahms).
Con el cambio a última hora del violinista solista Julian Rachkin (no anunciado ni en su web oficial, e ingresado en un hospital de Noruega con una fuerte afección vírica según nos cuenta la prensa) por Mikhail Ovrutsky, hubo que hacerlo necesariamente con la obra prevista, "bailando" el concierto para violín de Stravinski por el siempre duro concierto de violín de Tchaikovski, lo que personalmente, creo que no influyó en el resultado final, más bien pienso que salimos ganando con obra e intérprete.
Con un aforo casi al completo pese al día y la climatología, así como la actuación en el Teatro Campoamor de "Los pequeños cantores de la Coral de Saint Marc ", famosos por la película "Los Chicos del Coro" o "Les Choristes", a la misma hora (y también lleno según me comentaron), pero con una orquesta vienesa -dicen que "la segunda" tras la Filarmónica- que mueve melómanos y aficionados en general, había "para todos los públicos", desde los noveles de mi izquierda que aplaudían cada movimiento, hasta el maestro Haider a mi derecha, titular de la OFIL que el 11 de junio estará acompañando al piano a Edita Gruberova en el Auditorio Nacional de Madrid, con un recital que incluye obras de Mozart, Schubert, Dvorak y R. Strauss.
El "Gioffredo Cappa" fabricado en Turín hacia 1700 tocado con la maestría de Mikhail Ovrutsky, un norteamericano de origen ruso, ganador del V Concurso Pablo Sarasate, entre otros muchos galardones, es fiel exponente de la "nueva generación" de violinistas, y en una obra que dominan todos ellos como el Concierto para violín y orquesta en Re Mayor, Op. 35 de Tchaikovski, no podía resultar mal. Todo el poderío del Allegro moderato nos regaló un sonido claro, brillante por momentos, con unos armónicos increíbles, una paleta dinámica y un tempo que Fabio Luisi propuso y mantuvo, como para dejar claro quién estaba "al mando". La Canzonetta - Andante nos mostró un Ovrutsky totalmente lírico, con menos problemas de entradas con la orquesta, y donde el maestro "le dejó" algo más de libertad, para volver a imponerse en ese Finale - Allegro vivacissimo que casi dejó extenuado al "yanqui" (que también interpreta a nuestro Rodrigo). Las cadenzas, sin la presión añadida de encaje con la orquesta, fueron de lo mejor que pudimos escuchar. Seguramente hubiese necesitado ensayar un poco más con la sinfónica vienesa, o al menos que el maestro genovés le hubiese "mimado" un poco, aunque reconozco que el solista salió indemne del reto y con nota.
Foto de Pablo, la música en Siana (móvil)

Para dejar el mejor sabor de boca posible en este ciclo de "Los 10 años del Auditorio" que ha estado repleto de lo mejor del panorama musical mundial, y ya en unas fechas que están cerrando los distintos programas y temporadas ovetenses, nos esperaba la Segunda de Brahms. He tenido la inmensa suerte de escuchar en Salzburgo a la Filarmónica de Viena, y ahora en Oviedo a la Sinfónica de la capital austriaca. No voy a descubrir nada de la obra del hamburgués fallecido y enterrado en Viena, los comentarios de la musicóloga Miriam Perandones al programa lo explican mejor que yo: "más fácil de abordar (que la primera) y ejerce una seducción sonora mucho más inmediata por su lirismo. El propio Brahms la consideraba como una obra inocente y alegre". Pero realmente el sonido de la "orquesta del foso de la ópera vienesa" es eso, más vienés que la Sacher Torte -tarta de chocolate-. No sólo es la cuerda, todas las secciones son como el terciopelo, con un empaste y afinación "de disco", con unos solistas que no fallan nunca, desde una madera con "dos flautas de oro" (en el amplio sentido de la palabra), un clarinete de sonido "redondo", un fagot que recordaba más un cello, el oboe que sonaba a "gloria" (nada de sonido nasal), y unos metales donde las trompas recordaban los Alpes, y con trompetas, trombones y tubas conseguían rememorar el órgano del Brahms "cercano a Dios". Hasta los timbales ayudaban a "complementar" unos contrabajos de fábula... y la gama dinámica es capaz de pasar de los fff a unos ppp realmente epatantes. Y no olvidar la interpretación de Fabio Luisi, que es para grabar y poner a los estudiantes de dirección: grandilocuente cuando es necesario, gesto claro y preciso, expresivo, mandando en todo momento, con la partitura en "edición bolsillo" puesta en el atril casi como decoración... Es el titular desde 2005 y los músicos le respetan y le siguen con devoción; hasta su expresión facial, como comentaba una asidua, reflejaba el buen hacer de todos ellos en perfecta comunión. En el Allegro no troppo ya vislumbraba el "color vienés" con el tema que recuerda su "Canción de Cuna" en unos cellos "potentes" contestados por los violines en una masa sonora de delicadeza suma. Y qué decir del Adagio non troppo, realmente lírico en cada pasaje que brotaba solo de cada pentagrama y que el genovés (ver las fotos de la web) de formación y carrera plenamente germana, sonsacaba con la pericia de un tallador de diamantes. La danza popular, la alegría del Allegretto grazioso, quasi andante fue contagiosa desde el podio, con esas reminiscencias de la Pastoral del Beethoven al que Brahms tanto admiraba y que tan cerca de él yace en el cementerio vienés. Y para finalizar un Allegro con spirito que de nuevo nos brindó toda la riqueza que la formación vienesa atesora y pone broche de oro a una interpretación que perdurará en mis recuerdos musicales (y son muchos).
Foto de Pablo, la música en Siana (móvil)
Los aplausos obligaron a saludar varias veces, aunque con los primeros salieron dos músicos (para el triángulo y otro instrumento más que no pude ver) que presagiaban una propina, cómo no, del querido Brahms: su Ungarische Tänze (Danza húngara) nº 1, no tan famosa como la nº 5 (que recordaba no hace mucho por la película "El Gran Dictador", por algunas coincidencias curiosas) y un auténtico "arco iris" sonoro e interpretativo a cargo de "los sinfónicos vieneses".
Excepcional cierre de un ciclo que ya anunciaba el próximo y del que iremos desgranando ese avance, aunque el listón cada vez está más alto y la crisis económica también llega a la música.

Como no se permite grabar, y para los que no pudieron asistir al concierto, dejo aquí de YouTube® una versión (de otra sólo el enlace a un ensayo de la Sinfónica de Stuttgart con Georges Pretre) que "en nada desmerece" la escuchada esta noche (en la que mi Real Oviedo ascendía a Segunda División B y el Sporting de Gijón se mantiene en la Primera División del fútbol español):
La Berliner Philharmoniker con Claudio Abbado.

Debe ser lo máximo escucharlos pero en vivo...
P.D. 1: Para despedir bien los ciclos, ya se ve cómo coinciden dos conciertos en Oviedo a la misma hora, más uno excepcional en Gijón con la Orquesta Sinfónica de esa ciudad, y que dirige Óliver Díaz en un programa asturiano muy atractivo y al que la "buena vista" (¿localismos en Asturias?) de los gestores programadores nos impide asistir. En este caso "yo me lo pierdo".
P.D. 2: Noticia en LNE del lunes 1 de junio, y breve crítica de mi amigo Ramón G. Avello en El Comercio del mismo día, ampliada el martes día 2.
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