13 de junio de 2009

Qué buen final... de temporada

Ya preveía con un día de antelación que la clausura de la temporada 2008/09 de la OSPA tenía que ser buena por programa y solista. Además había conferencia previa a las 19:00 horas sobre la Titán de Mahler, donde el maestro Valdés confesó su "llegada tardía" al compositor bohemio, pero a tiempo como pudimos comprobar posteriormente.
Alejandro Villalibre, foto de Pablo, la música en Siana (móvil)
El musicólogo Alejandro González Villalibre, violinista y director de coro IMUC fue el encargado de las notas al programa y de la última conferencia centrada en la Sinfonía n.º 1 en Re Mayor «Titán» de Gustav Mahler. Para los mahlerianos no supuso nada nuevo, pero se ajustó al tema sin divagaciones ni datos accesorios, e incluso le sobró tiempo para su exposición pese a la disertación previa de Max Valdés que "le comió" parte de la presentación. Con todo seguiré apoyando esta idea de "preparar al público" para las obras a escuchar posteriormente, que también tuvieron colofón especial con "mi Gustavo" (y no su tocayo venezolano, para mí siempre será el segundo).
La velada comenzó con el conocidísimo «Concierto para piano en la menor, op. 16» de Grieg donde el pianista canadiense Louis Lortie (que repetía visita a Oviedo tres años después) ejerció realmente el mando y Valdés con la OSPA fueron "fieles lacayos". Escribir algo nuevo de esta maravilla pianística es difícil, con momentos chopinianos y rachmaninovianos, romántico a no ser más y académico en cuanto a estructura, siendo referencia para intérpretes y público e imprescindible en cualquier temporada sinfónica que se precie. Si la amplitud dinámica que mostró el solista ya me resultó impactante (más en el Steinway del Auditorio, capaz, cuando "le sacan" magistralmente todos sus posibilidades, de "sobreponerse" al tutti orquestal), con un empleo de los pedales y un fraseo que resultaron más que originales... a todo ello le sumamos un dominio del rubato (¿herencia de sus maestros?) más allá de lo escrito pero redundando en una personalísima interpretación del concierto de piano de Grieg, la orquesta dirigida por nuestro chileno "simplemente acompañó" como quiso el canadiense con mando en plaza.
Sobresaliente y además con el regalo exquisito de un Preludio (creo que Ondine, el nº 8 del libro 2 de Debussy *) que acabó de darle al piano del auditorio un auténtico repaso al amplio muestrario de sonoridades nunca antes logradas por otros intérpretes (pese a "los grandes" que ya lo han tocado).
De Mahler y su Titán vine tan feliz anoche, que esta mañana de sábado me la he visto dos veces seguidas: Klaus Tennstedt con la Sinfónica de Chicago y Bernstein con la Filarmónica de Viena. Versiones distintas, interpretaciones maestras pero con la misma vitalidad que la escuchada ayer. Sólo necesitábamos un poco más de cuerda, ya que el resto (incluyendo los refuerzos) rindió al cien por cien, en especial los "bronces" o "cobres", tanto los tres trompetas como los ocho trompas, sin desmerecer ninguna sección. Llevo tiempo escribiendo de la bondad de la cuerda de nuestra OSPA y su cohesión y empaste que es de envidiar. En la primera de Mahler ese "bloque" resultó perfecto, pero evidentemente la masa sonora (en especial del metal y la percusión) en esta sinfonía dejó demasiado en segundo plano la cuerda en diversos momentos, sobre todo cellos y contrabajos que pudieran contrapesar más los graves, de ahí mi "petición" de haberla aumentado un poco más, y como sé que no se tendrá en cuenta mi opinión, no estaría de más aumentar definitivamente la plantilla para poder afrontar cualquier tipo de repertorio, tal y como han demostrado con creces, sin necesidad de acudir a los siempre costosos refuerzos, que además son puntuales y no conviven toda la temporada con el resto de sus compañeros.
Las primeras impresiones del concierto (Grieg) las comencé a escribir de madrugada (a las 3:28 desconecté) pero las finalicé después de la "fartura" matutina y doble de Titán, porque necesitaba reposarla y relamerme. La furia y desesperación del último Stürmisch bewet es como una sobrecarga de adrenalina hecha música, se ha escrito que "simboliza el tránsito de las tinieblas a la luz", y es como si finalmente esta entrada del blog hubiese sido literal en el paso de la noche al día...
Personalmente mi Mahler ha supuesto el mejor sabor de boca posible para clausurar esta temporada de abono de la OSPA, que ayer se comportó como debe, desde el titular hasta el triángulo... (bien por Eva).
Max Valdés y la OSPA, foto de Pablo, la música en Siana (móvil)
GRACIAS A TODOS ellos, sin olvidarme del equipo técnico encabezado por la gerente Ana Mateo. La temporada venidera espero seguir presumiendo de orquesta.
Todavía queda un Concierto Extraordinario dedicado a la lírica en el Campoamor que será el día de San Juan (fiestas en Mieres), pero de éste ya iremos avanzando cosas en los próximos días.
(*) La propina resultó ser una de las Estampas de Ravel, y es que mi memoria comienza a fallar. Gracias a que me leía la crítica de mi amigo Ramón G. Avello en "El Comercio" del domingo 14.
P.D. 1: Muchísimas gracias a Fernando Zorita por su respuesta en Facebook© a estos "mis personales comentarios".
P.D. 2: Hasta el miércoles 17 no salió la crítica de Diana Díaz en LNE. Podían haberla olvidado como hacen otros medios... y luego presumirán también de OSPA.
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