Riesgo, contundencia y triunfo

Viernes 20 de mayo, 20:00 horas. Auditorio de Oviedo, Concierto de Abono nº 13: OSPA, Víctor y Luis del Valle (piano), Guillermo García Calvo (director). Obras de Roussel, Poulenc y Janáček.
Rogelio Álvarez y Ana Mateo. ©Marta Barbón, OSPA
Con un país algo revuelto, unas elecciones que pueden traer aún más recortes y privatizaciones, y mi aldea en fiestas, esperaba el nuevo concierto de la OSPA como un auténtico bálsamo sobre todo por director y repertorio. Incluso no quise perderme la conferencia previa donde el gran pianista mexicano Rogelio Álvarez Meneses, profesor de la Universidad de Colima y realizando una tesis sobre el piano en el siglo XIX con el catedrático Ramón Sobrino, "platicó" con auténtico magisterio, humor y afabilidad no sólo de los compositores franceses elegidos y las obras que escucharíamos a continuación sino que como el propio título indicaba, hizo una "Relectura del pasado musical del siglo XX", ampliando sus excelentes notas al programa y relacionando las tres obras entre sí: "representativas del siglo XX, realizadas por encargo y compartir ciertos rasgos comunes de corte neoclásico,... escritas cuando sus respectivos autores ya poseían un lenguaje creativo propio y personal. A esto habrá que agregar el hecho de que son obras cuya ejecución demanda una gran solvencia técnica y musical de los intérpretes...".
Guillermo García Calvo me dejó impresionado en el último Tristán ovetense, escribiendo entonces sobre él: ... una OSPA sinónimo de excelencia para mantener el nivel necesario de la ópera wagneriana, y sobre todo un García Calvo debutante en el foso ovetense con esta obra pero con la inteligencia, madurez y maestría concertadora de las grandes figuras con las que está trabajado. Sería un acierto ficharlo como el próximo titular. Por una vez creo que hubo unanimidad en toda la prensa (recogido en la propia web del director) y público en general.
Lo visto y escuchado esta tarde me reafirma en la primera impresión, aunque temo que tristemente también "lo dejarán escapar", pero el perfil del nuevo candidato a la titularidad -y están pasando auténticos maestros- para esta OSPA que tiene más de 20 años (como bien sabemos ¡muchos más que el aniversario "oficial"!) sigue siendo perfecto desde mi humilde opinión. Las declaraciones a La Voz de Asturias también invitaban a disfrutar.
La Sinfonía nº 3 en Sol m., Op. 42 de Roussel es una joya poco escuchada precisamente por las exigencias que apuntaba el director y también el maestro mexicano en sus notas y conferencia. Con una dirección precisa desde el primer acorde del Allegro vivace, detallista y minuciosa en los detalles, sobremanera los líricos del Adagio con el siempre sutil virtuosismo de nuestro Vasiliev y el impecable Ferriol, entre otros, muy claro en el rítmico Vivace así como un conocimiento puntual de todos los recursos que la orquesta le ofrece (los solistas están todos en su punto álgido), brindándonos una versión impecable y rotunda, jugando con las amplias dinámicas y permitiendo el siempre arriesgado pero necesario "desfogue" en los pasajes ff que resultaron triunfantes, destacando todos los finales de sus cuatro movimientos delimitados al milímetro para poder saborear las últimas notas en el ambiente, en especial el del Allegro con spirito y mi más cordial felicitación por el impactante resultado conseguido. Como dijo el conferenciante, "esta obra es la expresión madura de un compositor que sabe lo que tiene en las manos (...), hace un uso excelente y maduro de la orquesta".


 
Otra apuesta supuso el Concierto para dos pianos en Re m, FP 61 de Poulenc, que además contó con unos solistas malagueños de proyección internacional: los hermanos Del Valle. Hay que recordar la influencia y magisterio del pianista catalán Ricardo Viñes (1875-1943) en tantos alumnos suyos que pasaron por París y entre los que estaba Poulenc, componiendo esta maravilla concertante (encargada por la heredera Singer y estrenada en mi querida Venecia), donde nuevamente el maestro García Calvo mostró sus enormes cualidades como concertador junto a dos pianistas que suenan como uno (por la increíble compenetración que parece destinada solamente a los vinculados por la convivencia: hermanos, parejas... Además de las deudas u homenajes a Stravinsky o el Mozart del Elvira Madigan, este concierto supone un entendimiento entre todos y cada uno de los músicos, no ya los solistas que son auténticos herederos de mis admirados Frechilla-Zuloaga, referentes de dúo pianístico, sino de una orquesta virtuosística donde no hay momentos de respiro para nadie (impecable la percusión de Rafa Casanova). De nuevo la contundencia de los pianos hermanos unida a una textura orquestal perfectamente dibujada por el gran maestro concertador. La técnica al servicio de la musicalidad y un preciso "encaje de bolillos" nos deparó un Allegro ma non troppo inolvidable, seguro desde la entrada conjunta a tutti, un admirable virtuosismo juguetón hasta en las castañuelas, un Larghetto no ya deudor del citado Mozart sino rachmaniniano (y si se me apura gershwiniano) de puro humor y sabor francés, para concluir con ese Finale: Allegro molto realmente impactante hasta el último acorde.
 
Tantos y merecidos aplausos "obligaron" a los malagueños a regalarnos una propina deliciosa, pletórica, brillante e impactante: las Variaciones sobre un tema de Paganini de Lutoslawski, que parecieron leerme el pensamiento tras mi referencia a Rachmaninov. Obra digna de figurar sola en programa desató aún más bravos y otra joya con auténtico regusto cubano aunque fuese Brasileira de Scaramouche, de Milhaud. Ese danzón de sabor francés tamizado por la jovialidad boquerona (realmente se hacen querer) me devolvió un nuevo recuerdo del dúo "Los pianos barrocos" de Camacho-Vilches, haciéndome rejuvenecer con la música ¡con qué sino!...
 
Y la segunda parte nada menos que la Sinfonietta JW 6/18 (1926) de Janaček, también conocida como Festival Sokol (que se la encargó), incluso con subtítulos para sus cinco movimientos. Si cabía alguna duda ante todo lo anteriormente escuchado, de por sí auténtico reto interpretativo para una formación cada vez en mejor forma -y eso que llegaban en autobús a las 6 de la mañana del concierto del jueves en el Auditorio de Santiago de Compostela-, la obra del polifacético Leoš sería coronar la cumbre pletórica de musicalidad y color orquestal.
El prometedor director madrileño afirmaba en rueda de prensa que "con la OSPA hay complicidad, confianza y comunicación", tres razones más que suficientes para alcanzar la excelencia desde la fanfarria inicial del Allegretto, con los trece metales (bronces que decía Max y sirvió de duda entre algunos pensando en 13 trompetas en vez de 4+4+3+1+1: trompas, trompetas, trombones, trombón bajo y tuba, que se utilizaron esta vez) perfectamente ensamblados. Continuó el "examen" para la madera en el Andante (El castillo) perfectamente arropada por el resto, y de nuevo un colorido melódico en nuestra impresionante cuerda para el Moderato (El monasterio de la reina). Pidiendo nuevo protagonismo aparecen las demás secciones en el Allegretto (La calle hacia el castillo) para finalizar con un "ayuntamiento" que cierra el caracter cíclico de esta maravilla checa, el Andante con moto que volvió a mostrar lo mejor de nuestra orquesta con riesgo y contundencia, triunfando con un solvente García Calvo porque con él ¡suena única!.
P. D. 1: Críticas del domingo 22 a cargo de Diana Díaz en LNE y Ramón Avello en El Comercio.
P. D. 2: Más críticas del lunes 23 en LVA"Codalario" de Aurelio M. Seco.
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