OSPA notable

Tras la actuación relámpago de Santiago de Compostela en el Auditorio de Galicia, la OSPA recaló el viernes 20 en Oviedo con su titular Max Valdés y un programa poco habitual con obras y solista dignos de mención. Evidentemente la paliza de viaje se notó e incluso noté problemas de afinación imperdonables (sobre todo con el piano solista) pero el resultado global lo he calificado de Notable.
Comenzó el concierto con Sibelius (últimamente no tenemos queja con el finlandés) y su breve Poema Sinfónico para arpa y orquesta El Bardo, Op. 64, y Mirian del Río que abandonó su ubicación habitual para colocarse entre los violines I-II y desempeñar su breve pero difícil papel solista en una obra muy onírica que nos prepararía para otra aún más, diría incluso enigmática, de un finlandés vivo y probablemente el más representativo de nuestros días, Einojuhani Rautavaara (1928) y su Sinfonía nº 7 "Ángel de Luz" (1994) estrenada con el nombre de Bloomington Symphony como bien anotó en el programa y la conferencia previa la doctora en musicología de la Universidad de Oviedo, Mª Encina Cortizo, por cierto en una actividad que debería mantenerse por lo que supone de preparación del público a obras poco conocidas y/o programadas (ya se anuncia en el programa la del 20 de marzo con el joven pianista, teclista, cinéfilo, crítico musical, impulsor de "Musicabierta" en Gijón, escritor y musicólogo Eduardo García Salueña que nos hablará de la Sinfonía nº 2 "London" de Vaughan Williams). De hecho, antes de arrancar, el propio Max Valdés también comentó las obras de los finlandeses.
FOTO de Pablo Álvarez

Maria Encina Cortizo
Personalmente me encantó la obra y más tras la conferencia previa, siempre amena y bien documentada, incluso con breves ilustraciones musicales para "preparar bien el terreno". Las referencias estéticas extramusicales de la Elegía del Dunio (1922) de Reine Maria Rilke o los arquetipos de Carl Gustav Jung de la que nos habló Mª Encina Cortizo, así como la propia concepción de Rautavaara sobre los ángeles, sin ser una obra programática, explicaron perfectamente el "aleteo" de esa música bien construida. La pena es que algunos compañeros de butaca se afanaban más en saber qué era el tam-tam (el que es como un gong) y además sé que algunos músicos comentaban que "era un coñazo", lo que me entristece porque la profesionalidad siempre se da por supuesta, pero esta "predisposición" (como la de parte del público) no siempre positiva hacia obras "nuevas" no resulta lo mejor para una interpretación donde el maestro Valdés pone "toda la carne en el asador".
Más volcados, por lo que de clásico tiene Brahms, se mostraron los músicos ante el Concierto para piano nº 2 en Si bemol mayor, op. 83 con el ruso Kirill Gerstein de solista, una de las obras más difíciles de la literatura pianística y donde demostró su talento con la técnica al servicio de la música. La propina no la conocía (lo siento, es imposible saber de todo) pero acalló e impresionó a todo el auditorio, orquesta y director incluidos, dejándonos un excelente sabor de boca que completé con una cena entre amigos. Mañana más en Oviedo, música mañana y tarde...
P.D. La crítica del concierto por Eduardo García Salueña en LNE del domingo 22.
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