Desde Siana escuchando a Dudamel en L.A.

Esta madrugada española y durante más de cinco horas (desde la 01:00 a las 06:00) pude asistir en directo por internet y a toda pantalla, con una calidad de imagen y sonido (con auriculares para no molestar a "mi sufridora") que parece ciencia-ficción, incluso compartiendo emociones y butaca virtual con mi querido Osvaldo Burgos, el show "Bienvenido Gustavo" desde el Hollywood Bowl de la ciudad californiana de Los Ángeles.
La parrilla de emisión programa, con pausas entre cada actuación ¡aunque sin publicidad!, lo podemos comprobar a continuación, siempre con presentadores mediáticos como Sergio Mendes y Quincy Jones, sin olvidarme de Andy García, Herbie Hancock -que también intervino con una Jazz Band- o incluso John Williams que fue quien presentó oficialmente, junto a la presidenta de la orquesta Deborah Borda, a Dudamel:
Si Hollywood es la meca del espectáculo y Gustavo Dudamel una estrella mundial, el resultado mediático resultó como era de esperar, aunque musicalmente habría mucho que escribir (dejo aquí la crónica de BBC World en español y de la Agencia EFE). El Walt Disney Concert Hall de Frank O. Gehry resultó un enorme plató (casi puedo llamarlo por su parecido el segundo Guggenheim) con 18.000 asistentes desde donde se emitió un show para millones en todo el mundo, siendo "solamente" un ensayo con público para el primer concierto oficial del día 8 de octubre. ¡Increíble!.
Lo más emotivo y destacable desde mi punto de vista, fue el debut primero con la YOLA (la Joven Orquesta de Los Ángeles), esos niños a los que imbuye el espíritu de El Sistema y que en apenas un año, logró que fuesen capaces de interpretar un arreglo instrumental de Steven Venz sobre la Oda a la Alegría de Beethoven. Me recordó una gran fiesta fin de curso donde los padres llenaban el patio de butacas jaleando a sus hijos...
El momento esperado llegó cuando Los Angeles Philharmonic y su concertino Martin Chalifour comenzó a afinar, el enorme coro de casi 200 voces de distintas agrupaciones esperaba sentado, y Dudamel apareció en el escenario junto a los solistas: la soprano canadiense Measha Brueggergosman, la mezzo de Michigan Michelle DeYoung, el tenor inglés Toby Spence y el barítono estadounidense Matthew Rose.
La algarabía, gritos, piropos, silbidos y demás "parafernalia" que el Huracán Dudamel provoca a su paso empiezan a preocuparme, pues está rompiendo mis esquemas sobre cómo comportarse en un concierto, o aún más, qué es un concierto de la llamada "música culta" en pleno siglo XXI. El populismo rayando comportamientos más típicos de conciertos rock o incluso de hooligans no me encaja mucho, ni siquiera en Hollywood, pero pienso que deberé amoldarme (aunque no esté de acuerdo) a lo que hay e intentar disfrutar como si fuera "mi primera vez" de la Novena de Beethoven. Así fue y me emocioné desde la pantalla del portátil (laptop) en la cercana distancia de las nuevas tecnologías.
Todo el párrafo anterior viene porque se aplaudió cada movimiento, incluso el último fue "roto" antes de la conclusión por una sala donde los "melómanos habituales" creo que hicieron como yo (verlo en casa), y el caracter gratuito del evento hacía suponer comportamientos como los vistos en Los Ángeles, sin entrar en cuestiones más profundas.
Aplaudir en medio de los tiempos de una obra depende mucho de la historia -antes así se hacía-, de la cultura de cada país o incluso del carácter del público (es inimaginable algo semejante en Europa, y no digamos en lugares como Salzburgo, Berlín, París, Barcelona...) más todo lo que queramos añadir, incluyendo aquí que los solistas "irrumpen" en escena antes del tercer movimiento, algo que se está haciendo demasiado habitual, por ¿evitarles? estar desde el principio de la obra (como sí lo está el coro). Lo que tengo claro es que se produce una ruptura innecesaria en la continuidad de una obra como la del sordo genial, y el director (se notaba en su rostro) así como parte del público no somos ajenos a ello.
Juzgar una interpretación desde internet (CD, DVD, TV...) evidentemente no es igual que en la sala ¡qué más quisiera!. No se puede hablar de planos sonoros cuando se escucha amplificado (y con un ingeniero de sonido controlando los niveles), incluso hubo subtítulos -con alguna que otra falta de ortografía- de La Oda de Schiller en inglés y español (para la mayoría de las intervenciones del coro) y la posibilidad de contemplar cada gesto de Gustavo. Fenomenal la elección de los tempi, realmente personales pero permitiendo escuchar todo lo escrito, con una visión en la línea de las ya grabadas Quinta y Séptima e incluso del Triple Concierto de Bonn, aunque con momentos más reposados, con una orquesta "menos fresca" que sus venezolanos, pero totalmente rendidos y adaptados al barquisimetano y a la Novena, sin olvidarnos de unos solistas que cumplieron sobradamente, en especial la canadiense.
Y las emocionadas palabras de agradecimiento en inglés y español ("Todos juntos formamos un continente. Sin norte, ni sur, ni Centroamérica") así como su "orgullo de ser latino", dieron paso a la repetición del "Himno de Europa" con la "sorpresa anunciada" de los fuegos artificiales.

Pronto estará todo el concierto en YouTube© pero me queda la satisfacción y también emoción de haber asistido a un acontecimiento único e histórico. Espero haya muchos más aunque sea "desde Siana".
P.D.: Crónica en Los Angeles Times del domingo 4 y entrada en el blog "Odio la música" comentando el evento con mejores palabras que las mías, pero totalmente de acuerdo.
2 comentarios

Entradas populares