B & B asépticos, a pesar de...

Entrada original del día 8 de febrero de 2010 a las 23:13 horas, y suprimida (censurada) por Blogger© tras "denuncia" yanqui (de la DMCA, Digital Millennium Copyright Act). Quitados unos pocos links de la llamada "tierra de la libertad" (por si es parte de su "queja"), la dejo como estaba ¡y SIN FOTOS!:


Lunes 8 de febrero, 20:00 horas. "Los Conciertos del Auditorio", Oviedo. Mahler Chamber Orchestra, Isabelle Faust (violín), Daniel Harding (director). Obras de Brahms y Beethoven.
Esperaba este concierto con ganas, y tal vez fue mi error, nunca asistir con ideas preconcebidas y olvidarse de nombres para disfrutar simplemente con la música. Pero todo apuntaba bien: la joven MCO fundada por Abbado y de la que tengo varias grabaciones, una joven violinista alemana con una carrera en ascenso que además toca un Stradivarius de 1704 conocido como"La Bella Durmiente" (evidentemente cesión de un gran banco alemán) y un joven director que parece estar de moda... Pero me estoy haciendo mayor y la sesión joven de este lunes careció precisamente de madurez, si se prefiere, de la visión y el poso que acaba dando el paso del tiempo. Será por aquélla frase de que "la juventud es la única enfermedad que se cura con el paso de los años". Y claro, las obras a escuchar tienen de todo menos joven, mucho "poso" y el necesario y lento transcurrir de Cronos para dar esa etiqueta de excelencia.
El Concierto para violín y orquesta en RE M, Op. 77 de Brahms no es una obra agradecida para el gran público ni para los intérpretes, dedicada a quien la estrenó, Joseph Joachim, de extensión considerable y con un obligado entendimiento entre solista y orquesta, lo que sí se consiguió, y poco más. La interpretación de la violinista me resultó aséptica, fría, todo muy ceñido a una visión algo lineal incluso en la cadenza, con una precisión milimétrica. Curiosamente quien más destacó de la obra fue la japonesa Mizuho Yoshii en el inicio del Adagio que, como bien comenta en las notas al programa mi querido y siempre docto Ramón Sobrino, "hizo decir a Sarasate que se lamentaba tener que estar plantado sin hacer nada mientras el oboe tocaba la mejor melodía del concierto". Lo más "llevadero", el último y más conocido de sus movimientos (Allegro giocoso, ma non troppo vivace - Poco più presto) aunque nada comparado con otras versiones. Harding dice de ella en su entrevista al periódico El Mundo del domingo: "Isabelle tiene una sensibilidad y una inteligencia musical tan increíble, tan refinada pasión, elegancia y control que es, simplemente, la intérprete perfecta para esta pieza". Lo dice él, no yo, claro que tengo poco refinamiento.
Tras una primera parte que me dejó más bien destemplado, siempre me quedaba Beethoven y su Sinfonía nº 3 "Eroica" en MI b Mayor, Op. 55. Claro estaba que la orquesta sonaba de lujo, pero el estilo de dirección de Harding, preocupado más en buscar el detalle tímbrico (colocación vienesa, trompetas naturales, timbales de "pellejo" en vez de plástico) y en cierto modo el historicismo, buscador permanente de dinámicas y dejando fluir la música sin preocuparse de unos tempi algo rápidos buscando más la brillantez -que sí tiene los músicos- que el discurso musical, me dieron una interpretación algo ramplona que precisamente salvó la orquesta, la cual de cámara sólo tiene el nombre.
De nuevo cito al doctor Sobrino para repetir lo que ya dijese Wagner de la "Heróica": "El fondo artístico de esta obra lo forman muchos sentimientos diversos, y todos profundamente marcados por una individualidad a la que no es ajeno nada de cuanto es humano; que muestra que, tras los profundos estudios de las pasiones nobles, puede llegar a unir la ternura más sentimental con la fuerza más enérgica".
Faltó sentimiento y sobró individualidad, necesitábamos más pasión y energía con menos ternura un tanto británica, a pesar de tener esta orquesta de la que también en El Mundo dice: "es una de las orquestas "más intensas"... "formada por músicos brillantes, concentrados desde el primer minuto en la música. Es el trabajo más perfecto que conozco, un sueño". Lástima que no haya conseguido más este lunes ovetense.
Y como bien comentábamos a la salida con Aurelio M. Seco y Joaquín Valdeón, "Beethoven no es Mahler"... Al menos me consta que otros piensan (y escriben) como yo.
Pese a leer en la entrevista de LNE que "su fórmula mágica es un estilo de dirección basado en el ritmo. Gestos que eliminan todos los detalles superfluos para revelar el mismo cuadro bajo una luz distinta. «Enfrentarse a la partitura exige un cierto balance», explica. «Lo que está escrito es casi sagrado, pero creo que no es posible entrar a fondo en una obra sin tener en cuenta el contexto». Por eso Harding estudia. «Tenemos que conocer al compositor, saber en qué condiciones escribió la obra a la que nos enfrentamos, para sacar todo el sufrimiento o toda la pasión destilada en cada nota». Así, «la partitura es una guía». Un mapa hacia el compositor. «El trabajo del director consiste en ayudar a que esa historia se entienda mejor»", tal vez no entendí la historia que nos quiso contar, aunque más bien creo que se confundió de mapa con tantos viajes.
Lástima que obras y orquesta no consiguieran el pleno por su dirección... o puede ser que los libros por mí leídos también hayan perdido "juventud". El vídeo que dejo es la Quinta no la Eroica, aunque orquesta, director y compositor sí son los mismos. Juzguen y opinen que para eso lo pongo:

P.D.: Miércoles 10 con las críticas de los "habituales" en la prensa regional: Aurelio M. Seco en La Voz de Asturias, Joaquín Valdeón en La Nueva España y Ramón G. Avello en El Comercio.
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